Cuando en 2019 Judit Giró estudiaba ingeniería biomédica en la Universidad de Barcelona (UB), una pregunta empezó a rondarle la cabeza: ¿por qué la detección del cáncer de mama sigue dependiendo de una tecnología que apenas ha cambiado desde la década de los 60? Esa reflexión se convirtió en la chispa que encendió The Blue Box, la startup biomédica que hoy lidera junto a su cofundadora, Lidia Navarro, y que aspira a facilitar la detección precoz del cáncer de mama con un dispositivo tan sencillo de usar como un test de embarazo.
La historia de The Blue Box comienza con el asombro de Giró ante la capacidad de los perros de detectar cáncer a través del olor. Y es que, entrenados, pueden captar los compuestos volátiles de la enfermedad a través del olor del sudor o la orina. En este punto, Giró se planteó llevar esta capacidad a un dispositivo que permitiera detectar de forma precoz el cáncer de mama con una simple prueba de orina. Simplemente debe colocarse la muestra en el interior del dispositivo ---que se presenta como una compactca cajita azul---, y esperar el resultado.
De esa idea surgió un primer prototipo rudimentario, construido de forma manual, que pronto empezó a dar resultados prometedores, en colaboración con un hospital. A partir de ahí, el proyecto fue creciendo, hasta convertirse en una empresa que hoy cuenta con un equipo de diez personas, con sede en Barcelona y Estados Unidos, y más de 4,6 millones de euros captados en rondas de financiación.
Lo que nació prácticamente como un experimento casero se ha convertido en un dispositivo médico de alta tecnología. “Pasamos de ese primer prototipo artesanal a un dispositivo industrializado con un algoritmo de inteligencia artificial propio”, explica Giró. El avance no ha sido solo en ingeniería: The Blue Box se prepara ahora para un hito decisivo en 2025, cuando comenzarán los ensayos clínicos en Europa. El siguiente paso será obtener el marcado CE en 2026, que les abrirá las puertas al mercado.
De los 4,6 millones que ha levantado hasta ahora, la empresa captó recientemente 3 millones, que le permitirá avanzar en la validación clínica. Para detectar el cáncer de mama, el dispositivo integra un sistema de sensores químicos que identifican patrones alterados de compuestos volátiles. Esa información viaja a un algoritmo de inteligencia artificial que determina si existen indicios de cáncer. En la práctica, se trata de una prueba no invasiva, sin radiación y de fácil aplicación, que puede realizarse en una consulta ginecológica sin necesidad de grandes equipos ni infraestructuras.
La gran ventaja frente a la mamografía, según Giró, está en la precisión en mujeres con mamas densas, un colectivo que representa el 50% de la población en edad de cribado y en el que la mamografía pierde eficacia. “Nuestro objetivo final es convertirnos en el futuro estándar universal de cribado, aunque en la primera salida al mercado vamos a empezar por complementar la mamografía”, detalla.
Aunque The Blue Box nació a caballo entre Barcelona y California ---con la sensórica desarrollada en la UB y la inteligencia artificial en la Universidad de California de Irvine---, la prioridad inmediata de la startup está en Europa, donde quieren validar clínicamente la herramienta y conseguir el marcado CE.
Pero Estados Unidos también está en su punto de mira. “Estamos trabajando en alianzas estratégicas en Estados Unidos, donde existe mucho interés por soluciones de cribado no invasivo”, apunta Giró. A largo plazo, la ambición es clara: convertirse en una herramienta global, especialmente útil en países con menos acceso a infraestructuras de diagnóstico avanzadas.
“Queremos que ninguna mujer deje de detectar un cáncer a tiempo por miedo, incomodidad o falta de acceso”, defiende Giró. Y es que el cáncer de mama sigue siendo el más diagnosticado en mujeres en todo el mundo, y la detección precoz aún es clave para aumentar las tasas de supervivencia.
Ahora, el reto de The Blue Box será doble: demostrar la eficacia clínica en escenarios reales y preparar el camino regulatorio y comercial. Conseguir el marcado CE en 2026 abrirá la posibilidad de introducir la prueba en consultas ginecológicas, primero como complemento de la mamografía y, más adelante, como estándar universal. Con un objetivo: revolucionar la forma en que millones de mujeres se enfrentan al cribado del cáncer de mama.
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