Sant Jordi en Barcelona: guía para perderse (y reencontrarse) entre libros y rosas

Casa Batlló decorada de rosas por Sant Jordi 2025 © Jordi Borràs : ACN
Casa Batlló decorada de rosas por Sant Jordi 2025 © Jordi Borràs : ACN

Con la Rambla en obras y más de 6.000 paradas, la celebración de la Diada de Sant Jordi de este año cambia su mapa habitual en Barcelona y desplaza el centro de actividad hacia nuevos ejes como el Portal de l’Àngel

(Redactora en The New Barcelona Post)
27 de abril de 2026

Barcelona cambia el recorrido, pero no la tradición. Este 23 de abril, la ciudad pierde una de sus imágenes más habituales de la Diada: La Rambla convertida en un río de gente y paradas durante una jornada. El paseo, inmerso en un largo proceso de transformación urbanística, queda fuera de la celebración de este año, alterando el mapa habitual de la fiesta. Así, calles como el Portal de l’Àngel o la Via Laietana asumen parte del protagonismo de una jornada que no se concentra en un único punto, sino que se extiende por barrios, ciudades y pueblos. Porque, pese al cambio de escenario, la Diada mantiene intacta su imagen más reconocible: libros y rosas volverán a llenar las calles en un gesto que trasciende la compra y habla de afecto y cultura compartida.

Un gesto que se remonta siglos atrás y que encuentra sus raíces en una tradición milenaria vinculada a la figura de Sant Jordi, un soldado romano que, según la tradición cristiana, fue martirizado el 23 de abril del año 303. Con el paso de los siglos, su historia se fue envolviendo de leyendas hasta convertirse en uno de los santos más populares de la Edad Media y, desde 1456, patrón de Catalunya. La leyenda más conocida narra cómo el caballero Sant Jordi salvó a una princesa de un dragón que mantenía atemorizado al reino. En el momento de la victoria, de la sangre de la bestia brotó una rosa roja que el caballero ofreció a la princesa como símbolo de amor y triunfo.

Fue esta leyenda la que acabó dando forma a la fiesta popular, cuyos orígenes se sitúan en el siglo XV, cuando se populariza el gesto de regalar flores como expresión de afecto y celebración. La tradición del libro llega mucho más tarde, ya en el siglo XX, cuando editores y escritores impulsan una jornada para promover la lectura en Catalunya. Inicialmente celebrada en octubre, la iniciativa ganó fuerza y acabó trasladándose finalmente al 23 de abril, fecha que coincide con la muerte de grandes figuras universales como Miguel de Cervantes i William Shakespeare. Con el tiempo, ambas tradiciones se fusionaron hasta dar lugar a la Diada tal como se conoce hoy: libros y rosas compartiendo protagonismo en una celebración colectiva de cultura y afecto.

Sin La Rambla: el nuevo mapa de Sant Jordi

Tras siglos de tradición, la Diada de Sant Jordi llega este año con un cambio importante: el traslado de las paradas de Ciutat Vella, tradicionalmente situadas en La Rambla, hacia un nuevo eje que recorre el Portal de l’Àngel, la plaza Nova, la plaza de la Catedral y la Via Laietana. “Aunque La Rambla y Sant Jordi son inseparables, con las obras en plena ebullición nos vemos obligados a desplazar la celebración”, ha explicado Raquel Gil, teniente de alcaldía de Derechos Sociales, Promoción Económica, Trabajo, Feminismos y Memoria Democrática.

Pese al cambio de escenario, la ciudad se prepara para otro Sant Jordi de récord, con cerca de 6.000 paradas —un 2% más que el año pasado— entre libros y rosas, de las cuales 425 serán profesionales (364 de libros y 61 de rosas). En conjunto, las paradas sumarán casi cuatro kilómetros de puntos de venta repartidos por los diez distritos de la ciudad.

Ríos de personas paseando por el paseo de Gràcia durante Sant Jordi. © Jordi Borràs / ACN

Más allá del nuevo eje de Ciutat Vella, el gran polo de la Diada seguirá siendo la superilla literaria del Eixample, ya consolidada como uno de los espacios centrales de Sant Jordi. El paseo de Gràcia, entre la Diagonal y la Gran Via, y la rambla de Catalunya volverán a llenarse de paradas y lectores, convirtiéndose en un gran río de libros y rosas. En las calles adyacentes —Consell de Cent, Diputació, Mallorca o Provença— la fiesta se extenderá de forma continua, con cada tramo ocupado por libros, firmas de autores, flores y peatones.

Durante toda la jornada, el tráfico quedará restringido en la zona de la superilla y la ciudad bajará su ritmo, aunque solo sea por un día, invitando a caminar, mirar y detenerse. Para garantizar estos cortes y reforzar la seguridad, la Guardia Urbana desplegará un dispositivo especial con más de 430 efectivos —227 agentes y 207 auxiliares—, dentro de un operativo en el que trabajarán hasta 702 personas durante toda la semana. “El operativo de Sant Jordi termina cuando empieza a prepararse el siguiente”, ha bromeado el intendente Diego Calero durante la presentación.

Mapa de la superilla literaria del Eixample. © Ajuntament de Barcelona

El dispositivo cubrirá toda la ciudad, ya que Sant Jordi no se concentra en un único punto. La Diada se extiende también a otros barrios, con paradas en lugares como la rambla del Poblenou, la plaza d’Eivissa, el carrer Gran de Gràcia o la plaza d’Orfila. Una dispersión que refuerza la idea de que Sant Jordi hace tiempo que ha superado la noción de un único centro e incluso de una sola ciudad, convirtiéndose en una celebración que se vive con intensidad en todo el territorio.

Cuando el libro ocupa la calle

Pese a las novedades —también en el sector editorial, que estos días ultima los preparativos para tener listos los grandes títulos de la jornada—, hay una imagen que se repite cada año: el intercambio de libros y el encuentro entre lectores y escritores. Porque si hay un día en el que la ciudad se vive a través de los libros, es este 23 de abril. Los datos así lo reflejan: el año pasado se vendieron en toda Catalunya cerca de dos millones de ejemplares y hasta 75.000 títulos distintos, con un reparto equilibrado entre catalán (52,3%) y castellano (47,7%). Tal es la diversidad de lecturas que la lista de los libros más vendidos —una de las grandes referencias del día— apenas representa un 5% del total de ventas.

Jóvenes mirando libros durante la celebración de Sant Jordi. © Elena Pastor

“Llevamos dos meses y medio preparando Sant Jordi. El esfuerzo es muy alto, pero es una fiesta muy integradora y fácil de entender, basada en una idea muy simple: amar y sentirse amado”, ha afirmado Èric del Arco, presidente del Gremi de Llibreters de Catalunya, que resume así el espíritu de la jornada y su dimensión más humana: el contacto directo con los lectores. El año pasado, esta realidad se tradujo en 26,1 millones de euros de facturación —un 2,8% más que el año anterior—, lo que supone alrededor del 20% de la facturación anual de las librerías catalanas.

El epicentro para el sector, sin embargo, no son las cifras sino los encuentros. Las firmas de libros se convierten en uno de los momentos más esperados tanto para lectores como para escritores, con 257 puntos de firma repartidos por toda la ciudad, muchos de ellos en la superilla literaria. Autores como Eduardo Mendoza, Albert Espinosa, Eva Baltasar, Regina Rodríguez, David Uclés, Javier Castillo, Alice Kellen o Joël Dicker forman parte de esta escena repetida cada año: lectores que hacen cola para conversar brevemente con sus escritores, intercambiar unas palabras y llevarse una dedicatoria que convierte el libro en un objeto único.

Siete millones de rosas

Si los libros son el motor cultural de Sant Jordi, las rosas son su símbolo emocional. Acompañan la Diada en cada rincón de la ciudad, con una presencia discreta pero constante. El sector prevé mantener unas ventas de alrededor de siete millones de rosas en toda Catalunya, una cifra similar a la del año pasado y que confirma la fuerza intacta de este gesto sencillo y poderoso.

Los floristas confían en vender hasta siete millones de rosas. © Jordi Borràs / ACN

Esos siete millones de rosas supondrán una facturación de unos 25 millones de euros, según las estimaciones del sector, con un precio que se situará ligeramente al alza, en torno a los 5 o 5,5 euros por flor. Sin embargo, el reparto de este volumen no es homogéneo: “Poco menos de 10 millones recaen en el sector profesional”, ha advertido Joan Guillén, presidente del Consell de Gremis y del Gremi de Floristes, en relación con la parte del negocio que queda fuera de los canales regulados, mientras el resto se mueve en una economía sumergida.

“Tenemos un problema grave y es el intrusismo”, ha insistido Guillén, que alerta del crecimiento descontrolado de la venta de rosas y de la proliferación de paradas no reguladas. Según el Gremi de Floristes, el sistema actual de licencias genera saturación, competencia desleal y un impacto directo sobre el sector profesional. Por ello, reclaman una reducción drástica de las licencias —hasta un máximo de 2.500 puntos de venta— y una ordenación más estricta del espacio, con paradas limitadas al sector profesional y a entidades sin ánimo de lucro, como estudiantes o colectivos sociales.

También para combatir el intrusismo, parte del dispositivo de la Guardia Urbana se centrará en este ámbito. De hecho, el año pasado ya se decomisaron 2.700 rosas ilegales y se impusieron sanciones de hasta 180 euros.

Roses Sant Jordi

“La situación es un preludio de lo que puede ocurrir dentro de diez años. Si no cambiamos nada, podríamos llegar a perder el sector”, lamenta Guillén, que recuerda que la producción local de flores —especialmente en el Maresme— es hoy prácticamente inexistente y no llega ni al 1% de las ventas de rosas. Actualmente, la mayoría de las rosas proceden de Colombia (80%), seguida de Ecuador (15%) y Países Bajos (5%).

Sant Jordi, una celebración colectiva: música, patrimonio y arte

Sant Jordi hace tiempo que ha dejado de ser solo una jornada de compra de libros y rosas. La ciudad se transforma en un gran escenario cultural con decenas de propuestas gratuitas repartidas por calles, plazas y equipamientos. La celebración arranca oficialmente la víspera con el pregón de la lectura, que este 2026 correrá a cargo de la escritora Ali Smith en el Saló de Cent.

Sant Jordi 2024
Vendedor de libros vestido de dragón. © Jordi Borràs / ACN

Más allá de ese acto institucional, toda la ciudad se viste de arte con propuestas como el mural en directo de TVBoy, las tradicionales flores de la Casa Batlló o instalaciones como el coche cubierto con más de mil rosas perfumadas o el gran dragón de origami en la papelería Raima. La música también tiene un papel destacado, con la Antigua Fábrica Estrella Damm como uno de los epicentros, con una veintena de conciertos de artistas como Els Amics de les Arts, Maria Jaume, Buhos o LilDami.

Pero Sant Jordi también es sinónimo de cultura y patrimonio. Por ello, edificios emblemáticos como el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat o la Biblioteca de Catalunya abrirán sus puertas de forma gratuita, en una jornada que invita a redescubrir la ciudad desde dentro. A esta oferta se suman espacios como el Ateneu Barcelonès, el Museu d’Arqueologia de Catalunya o el pavelló Mies van der Rohe, así como el Recinte Modernista de Sant Pau, que este año, coincidiendo con su 625 aniversario, se llenará de paradas de libros y firmas de autores. El conjunto se completa con un gesto ya tradicional: las personas que se llaman Jordi o Jordina podrán acceder gratuitamente a espacios como la Sagrada Família o el Mirador de Colom.

Sobre el autor

Ainara Valadez
Ainara Valadez Medina

Redactora en The New Barcelona Post

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