Las rutas gastronómicas en las comarcas de Barcelona permiten degustar productos de calidad y, al mismo tiempo, conectar con la historia, el paisaje y la gente que los hace posibles. En este marco, en el Alt Penedès, el Garraf y el Lluçanès encontramos tres propuestas que ponen en valor el trabajo de productores y restaurantes que mantienen viva la identidad local: la Ruta del Xató, la Ruta de la Leche y la Ruta de la Trufa. Las tres comparten un mismo propósito: preservar productos y recetas vinculadas al territorio y convertirlos en experiencias culturales y gastronómicas para el visitante.
Hacer estas rutas va más allá del turismo gastronómico. Es apostar por un modelo que reconoce la dedicación de campesinos, ganaderos y cocineros que, con su trabajo diario, mantienen vivo un patrimonio culinario que forma parte de nuestra cultura. También es una manera de apoyar proyectos arraigados y de convertir una escapada en una vivencia que une el placer de la mesa con la memoria de una tierra.
La Ruta del Xató: cocina y vinos en el Penedès y en el Garraf
Uno de los grandes ejemplos de cómo una receta puede unir cultura y gastronomía es la Ruta del Xató. Desde hace años, este recorrido conecta las comarcas del Alt Penedès, el Baix Penedès y el Garraf a través de un plato único y singular. La propuesta suma más de 200 actividades, desde xatonades populares hasta degustaciones y concursos, pasando por visitas a museos, fiestas locales, excursiones por la naturaleza y escapadas enoturísticas.“La Ruta del Xató es una experiencia que invita a descubrir todo un territorio”, explica Jordi Gasol, presidente de la ruta. “Además, da valor a los restaurantes que mantienen viva una receta singular que marida perfectamente con los vinos de la D. O. Penedès”. Con los años, el proyecto ha crecido y actualmente incluye nueve municipios, cinco de los cuales están en las comarcas de Barcelona: Sitges, Vilafranca del Penedès, Vilanova i la Geltrú, Cubelles y Sant Pere de Ribes.
Este crecimiento ha permitido diversificar la oferta y llegar a un público más amplio. “Queremos crecer en número de restaurantes y localidades para que el xató llegue a más gente y se expanda”, añade Gasol. Pero la ruta no se centra solo en la gastronomía: también incorpora actividades culturales que refuerzan la identidad de la zona. Un buen ejemplo es la campaña Museos a la Carta: “Vas a un restaurante a comer y después te damos un vale para entrar gratis a un museo de la ciudad”, apunta.
Ahora bien, más allá de las actividades, el verdadero protagonista sigue siendo el plato y sus variantes según cada localidad. Y es que cada municipio aporta su toque personal a la escarola crujiente, el bacalao meloso, el atún y la anchoa, especialmente a la salsa. “En Sitges se hace con boquerones, en Vilafranca le ponen galletas María, en El Vendrell tomates… Algunos usan rebanada de pan, otros no; varían las cantidades de vinagre, los frutos secos, las ñoras… Son pequeños detalles que hacen que la ruta sea aún más interesante”, concluye el presidente.
La Ruta de la Leche: granjas, quesos y paisaje vivo en el Lluçanès
Si el Alt Penedès y el Garraf se descubren a través del vino y el xató, el Lluçanès lo hace con la leche y sus derivados. La Ruta de la Leche conecta la comarca con los visitantes a través de granjas y queserías que, con reserva previa, abren las puertas de su día a día. Es una manera de entender cómo se produce la leche y de degustar quesos artesanos que forman parte de la identidad local.
El recorrido combina experiencias muy diferentes. En Formatges de Lluçà, el productor acompaña a los visitantes entre el rebaño de cabras alpinas y explica cómo se trabajan los campos antes de mostrar la elaboración de los quesos. En Soler de n’Hug, la tradición convive con la tecnología gracias a un sistema de ordeño robotizado. Y en Mas Rogers se respira el ambiente de una granja familiar: las vacas pastan en la finca y el recorrido permite seguir todo el proceso hasta la degustación final.
También participa Formatges Betara, una eco-granja con 400 ovejas ecológicas, situada en Olost. “Queremos que el visitante se dé cuenta de la dificultad que supone hoy en día producir leche de oveja. Estos animales deben ordeñarse cada día y el proceso es semi-manual: aunque se utiliza una máquina, siempre hay una persona responsable de todo el proceso”, explica Ramon Berengueras, gerente de la empresa.
La ruta tiene, en este sentido, un componente pedagógico esencial: mostrar la dedicación que implica obtener leche y la necesidad de respetar los ciclos naturales. “Si el animal no ha parido, no hay leche. El visitante aprende que no es cuestión de apretar un botón”, remarcan desde la granja. Una experiencia que permite descubrir el Lluçanès, probar quesos artesanos y entender el compromiso y el oficio que hay detrás de cada vaso de leche.
La Ruta de la Trufa: saborear la magia del bosque
La tercera propuesta nos lleva de nuevo al Lluçanès, esta vez para adentrarnos en los secretos de uno de los tesoros más preciados del bosque. La Ruta de la Trufa es una oportunidad para conocer de cerca este producto único y de gran valor gastronómico, con visitas a plantaciones donde se explica cómo nace, se busca, se conserva y se utiliza en la cocina. Entre las propuestas destacan la visita guiada a la plantación Noir et Blanc, que muestra de cerca el cultivo y la recolección de la trufa, y la degustación-maridaje en Cal Siller, donde este tesoro del bosque se disfruta en combinación con otros sabores locales.“Cuando empezamos con las plantaciones, mi objetivo era tan solo comercializar las trufas recolectadas”, explica Clara Busoms, fundadora de Noir et Blanc. Con el tiempo, sin embargo, se dio cuenta de que era necesario dar a conocer este producto y abrirlo al público. “Todo lo que compraba era caro y de poca calidad, casi un engaño. Las personas que conocíamos de verdad la trufa éramos unas privilegiadas, y asumí el compromiso de compartir la trufa auténtica con todo el mundo”.
El proyecto se consolidó con la apertura de una tienda en Vic en 2021 y hoy ofrece visitas que combinan pedagogía, degustaciones y sostenibilidad. “La trufa es mágica en muchos sentidos: desde cómo nace y crece, hasta cómo la recolectamos, la seleccionamos y la llevamos a los hogares”, continúa Busoms. La sostenibilidad, además, es uno de los pilares del proyecto: “El tipo de cultivo que hacemos es regenerativo y ecológico. Respetamos el ciclo de la trufa y el ciclo del árbol: no lo forzamos a producir más. ¡Y hemos plantado muchas encinas!”.
La temporada culmina con el Círculo de la Trufa Negra, una fiesta que el próximo 8 de marzo incluirá actividades para adultos y familias, así como una comida de platos trufados. “Me gustaría que cada año viniese un cocinero diferente, de alguno de los restaurantes que nos compran trufa, para que tenga la oportunidad de darse a conocer y para que la gente disfrute de la trufa tal y como la utiliza el chef”, explica Busoms.
Al igual que el xató y la leche, la trufa es mucho más que un ingrediente: es un símbolo de territorio y de oficio. Las rutas que las ponen en valor permiten disfrutar de la gastronomía y, al mismo tiempo, apoyar a los productores, descubrir el entorno y preservar un patrimonio que es cultural y culinario. Convertir una escapada en una “cata de territorio” es también una forma de compromiso: con el paisaje, con la gente del campo y con el futuro de una cocina que quiere seguir siendo viva y arraigada.
Más información en: barcelonaesmoltmes.cat/es/gastronomia
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