Roald Dahl según Josep Maria Pou

Josep Maria Pou a Gegant © David Ruano
Josep Maria Pou a Gegant © David Ruano

28 de julio de 2025 a las 22:38h

El Teatre Romea acoge este verano una de las propuestas destacadas del Grec 2025: Gegant, adaptación del texto de Mark Rosenblatt que se estrenó en el West End de Londres y que ahora llega a Barcelona con Josep Maria Pou al frente de un reparto sólido y milimétrico. El montaje, dirigido por Josep Maria Mestres, propone una inmersión teatral que se desarrolla en un único espacio y en tiempo real, y que interpela directamente al público con un debate tan incómodo como (por desgracia) actual: ¿se puede separar la obra del autor? ¿Y si el autor es brillante pero ha expresado opiniones reprobables? ¿La cancelación es justicia o venganza? En fin, nada que no esté en plena actualidad.

La obra nos sitúa en agosto de 1983, en el salón de Roald Dahl, un escritor de fama planetaria, reconocido por sus libros infantiles pero también por unas declaraciones públicas recientes que lo han puesto en el centro de la polémica. A raíz de un artículo antisemita, las voces críticas se han alzado con fuerza, y Dahl (agobiado pero orgulloso, cínico pero lúcido) recibe la visita de representantes de la comunidad judía, de un editor y de un abogado, que pretenden hacerlo recapacitar y obtener una disculpa. Así arranca una batalla dialéctica en la que el protagonista, gigante en talento pero frágil en conciencia, se defiende, ataca, manipula y se desnuda. No hay acción externa, pero tampoco hace falta: el conflicto que late es de alta intensidad moral.

Josep Maria Pou realiza una interpretación prodigiosa, contenida y poderosamente carismática. Sin necesidad de grandes gesticulaciones, Pou impone una presencia escénica que lo abarca todo: ironía, fragilidad, orgullo, desprecio y dolor. Su Dahl es un personaje ambiguo pero fascinante, que el texto nunca trata con condescendencia, pero tampoco con lapidación moral. Es precisamente en ese equilibrio, entre condena y comprensión, donde la obra se vuelve punzante. Acompañan al actor nombres solventes como Victòria Pagès, Pep Planas o Clàudia Benito, que aportan matices y tensión en cada réplica.

Josep Maria Pou realiza una interpretación prodigiosa, contenida y poderosamente carismática. © David Ruano

La dirección de Josep Maria Mestres apuesta por una puesta en escena sobria, centrada en la palabra y el espacio. La acción transcurre en una sala de la casa de Dahl (recreada con todo detalle), y es ahí donde el combate verbal se despliega con una inteligencia que no renuncia ni al sarcasmo ni al dolor. El uso del tiempo real, sin saltos ni artificios narrativos, da densidad a la obra y obliga al espectador a permanecer inmerso en la discusión, casi como si él mismo formara parte del encuentro.

Y aun así, esta misma (y meritoria) sobriedad puede hacer que, en algunos momentos, la obra pierda ritmo o intensidad dramática. La tensión no tiene demasiados estallidos, momentos realmente catárticos. A veces se echa en falta una chispa más emocional, una ruptura que quiebre la dialéctica y abra una grieta real en el alma de los personajes. Quizás la contención sea deliberada, pero esta apuesta por la inteligencia limita un poco el impacto visceral de la propuesta. También cabe preguntarse si el texto no acaba siendo ligeramente paternalista. El debate sobre la cancelación está planteado con una claridad casi pedagógica, pero con poca ambigüedad. La obra no pretende absolver a Dahl, pero sí presentarlo como un ser humano contradictorio, como todos. Yo ya venía con una opinión formada, y he salido doblemente convencido: la obra es del autor, pero no es el autor. Ni viceversa.

La dirección de Josep Maria Mestres apuesta por una puesta en escena sobria, centrada en la palabra y el espacio. © David Ruano

En definitiva, Gegant es una pieza de arquitectura teatral sólida, intensa y oportuna. No es una obra cómoda, ni pretende serlo. Pero tampoco es panfletaria ni adoctrinadora: es una invitación inteligente a pensar, a dudar, a mirarse en el espejo de las contradicciones humanas. Y si además lo hace con un Josep Maria Pou, ahora lejos de los papeles cinematográficos de politiquería menor, el resultado se vuelve aún más gigante.

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