ENTREVISTA A HANS GEILINGER

"La verdadera riqueza no es poseer más, sino tener tiempo"

Hans Geilinger 1
Hans Geilinger 1

Una travesía de doce años en velero convertida en un homenaje a la lentitud, al presente y a la vida consciente.

(Directora de The New Barcelona Post)
27 de octubre de 2025

Navegar muchas veces sirve como una metáfora de la vida. Y más aún si a la travesía le dedicas años de tu vida, como Hans Geilinger, uno de los pocos navegantes que realmente ha conseguido dar la vuelta al mundo en un velero de doce metros, durante doce años. Nacido en Suiza, a los treinta y dos años Hans decidió dejar su tierra natal para explorar el mundo y se estableció en Barcelona, donde ejerció como arquitecto y profesor de arquitectura. Aquí es donde adquirió su primer velero, Tuvalú, para recorrer inicialmente el mar Mediterráneo. Pero en el año 2011, junto con su esposa Imma y su velero Dufour 40 Performance, iniciaron una aventura que Hans acaba de recoger en una novela autobiográfica titulada también Tuvalú.

No es en absoluto un libro exclusivo para navegantes; no contiene descripciones técnicas ni relatos de maniobras marineras. Tuvalú es una invitación a vivir lentamente, un homenaje al presente y una provocación a salir de la zona de confort para encontrar la verdadera paz, incluso en medio de una tormenta.

— ¿Qué es para ti Tuvalú?

— Tuvalú es el nombre del libro que he escrito, es el nombre de mi barco y un archipiélago en el norte de Fiji. Y estas tres cosas están muy interrelacionadas.

Cuando mi mujer y yo dimos el nombre de Tuvalú a nuestro velero —que inicialmente compramos para navegar por el Mediterráneo—, en el fondo pusimos una semilla. Y aunque en aquel momento era impensable que pudiésemos ir a Tuvalú, teníamos la ilusión futura, la semilla dentro de nosotros. Y una noche, en el año 2010, en una cala de Grecia, la semilla empezó a crecer. Después de una cena con navegantes transoceánicos, Imma me preguntó: “¿Por qué no damos la vuelta al mundo?”

— Y un año más tarde zarpabais desde la costa del Garraf. ¿Cómo fue la preparación?

— Cuando tú te lanzas a una aventura, sea de la vida en sí o empresarial, tú no sabes cómo te va a ir realmente. Intuyes que va a ir bien, pero en el fondo no hay ninguna certeza. Necesitas, por lo tanto, una mentalidad abierta, intuición y voluntad de vivir cosas totalmente diferentes. Y supongo que esta era la finalidad: experimentar aquello que todavía no había experimentado.

En Barcelona tenía la vida resuelta y arreglada: el despacho, el piso, la familia… todo estaba en armonía. Y tuve que desmontarlo todo, emocional y prácticamente: deshacer el despacho de arquitectura, el contrato del piso, hacer trámites burocráticos… y preparar el barco, hacerle un refit (proceso de renovación y reparación de un barco).

— Todos conocemos La vuelta al mundo en ochenta días, de Julio Verne. El récord hoy en día, de hecho, está en 60 días… Pero vosotros lo habéis hecho en 12 años.

— Sí, y aunque no lo teníamos previsto, lo cierto es que ha sido con una intención: la de ir lentos. En nuestra sociedad hemos olvidado la cualidad de la lentitud. Nos hemos olvidado de que si vas lento, vives más, experimentas más.

— Menudo contraste cuando chocas, después, con el ritmo de una ciudad.

La travesía más larga que hicimos sin pisar tierra fue de Galápagos a las islas Marquesas, a Fatu Hiva. Fueron casi cinco semanas. Y en todo el trayecto solo nos cruzamos con dos barcos. Fuimos nosotros y el océano. Esas semanas, esa lentitud, nos ofreció mucho: las primeras semanas podíamos asumir y comprender lo que habíamos vivido en Galápagos (las tortugas, los pingüinos, las vivencias…), pero después solo nos quedaba no hacer nada: tan solo las tareas cotidianas del navegante y la convivencia en sí.

"Viajar ha de ser un estado: no puede ser llegar a un sitio"

Ahí, el concepto de tiempo era completamente diferente. Teníamos tiempo. En cambio, aquí, en nuestras vidas en la ciudad, parece que pocas veces tengamos tiempo.

Los indígenas, por ejemplo, sí que tienen tiempo. Te reciben y están por ti. No están con el móvil, pensando en la siguiente reunión o en la siguiente tarea. Y esto es un lujo inmenso que tienen. La verdadera riqueza no es poseer más, sino tener tiempo.

— Dicen que, en las sociedades occidentales, puedes ver lo rica que es una persona en función del tiempo que le dedica al desayuno. Se considera que una persona con alto poder adquisitivo puede permitirse desayunar tranquilamente. Podríamos pensar que los indígenas son tremendamente ricos. O que vivir con esa lentitud es ser tremendamente rico, aunque quizás no sea precisamente una riqueza económica.

— Totalmente. Tenemos un concepto de riqueza centrado más en la posesión que en el tiempo. Nuestra riqueza consiste en tener un coche de alta gama, una vivienda grande y bonita, una segunda residencia en la costa o en los Pirineos y, en la semana que tenemos vacaciones, coger un avión y viajar. O consumir un viaje.

"Exponerte a otras culturas, te obliga a conocerte más a ti mismo y a cuestionarte"

Y yo creo que viajar ha de ser un estado: no puede ser llegar a un sitio. Es vivir un trayecto. Vivir un momento, un instante. Por eso creo que aún estoy viajando.

— ¿Eres nómada?

Sí. En mi libro hay una frase que dice: “Los nómadas no conocen fronteras ni limitaciones. Su patria es un camino”. Y esto define bastante lo que siento.

— ¿Qué cultura te ha impactado más durante tu travesía?

Mi propia cultura. Exponerte a experiencias nuevas, al mar o a otras culturas, te obliga a conocerte más a ti mismo y a cuestionarte. A cuestionar también tu propia cultura.

Por ejemplo, nos pensamos que vivimos en el primer mundo. Que somos una civilización más desarrollada, que representamos el progreso, y a menudo miramos con superioridad a aquellos países o culturas que viven de una manera más sencilla, que no tienen tanta riqueza económica. Pero estamos muy equivocados. Me ha pasado en más de una ocasión que en una isla, un autóctono me diga: “Esto es el paraíso en la Tierra”. Y estaba en lo cierto.

No tienen riqueza en nuestro concepto, pero tienen una riqueza completamente diferente. Deberíamos entender que no somos el centro del universo. Simplemente somos una opción.

"No se trata de navegar, sino de hacer un viaje interior, y el barco es tan solo una excusa"

— Durante la travesía has temido por tu vida en más de una ocasión. ¿Qué reflexiones te llevas después de estar tan cerca de la muerte?

— Hasta el peor de los temporales se calma. Sea una tormenta en el mar o en la vida, se calmará, y el sol saldrá en el horizonte y acariciará tu piel. En el fondo, lo importante es decidir vivir el momento de la mejor manera. El miedo es solo una opción. Te prepara para aquello que quizás pase en un futuro, aunque no tiene por qué pasar.

He entendido que en el mar yo solo soy un visitante. Y tengo que navegar en las condiciones que el mar me pone; no me puedo oponer a ellas. Con lo que al mar no le puedo tener miedo, pero sí respeto. —No lo dice explícitamente, pero sospecho que habla del mar… y también de la vida—.

— ¿Es un viaje recomendable para todos los públicos?

— Si no quieres salir de tu zona de confort o no te atreves a vivir nuevas experiencias, entonces no. Pero si te atreves, es apto para todo el mundo. Porque no se trata de navegar, sino de hacer un viaje interior, y el barco es tan solo una excusa. No necesitas ser navegante. Los conocimientos se aprenden en el camino y, mientras tanto, se te abren muchas preguntas, porque el mar no tiene filtros: es muy directo. Es inmediato e infinito, y te obliga a conocerte a ti mismo.

— En alta mar, y aislado del resto del universo, es trascendental el compañero. ¿Cómo has gestionado vivir en un barco de 12 metros con tu pareja durante tanto tiempo?

— La vida en el mar, en verdad, es muy fácil. Es sencilla, porque el objetivo suele ser muy claro. Por ejemplo, llegar a las islas Galápagos. Y una parte importante para entenderte tanto tiempo con tu pareja es compartir los mismos objetivos, las mismas metas, y vivirlas juntos. En el barco, por ejemplo, tenéis un mismo objetivo y compartís el camino hasta llegar a él: el temporal lo afrontáis los dos —pese a que uno pueda marearse más que el otro—, y los momentos bellos también los disfrutáis los dos… Y eso te hace ir a una, coordinado.

— ¿Volveréis a Tuvalú?

Nos gustaría. Y más pronto que tarde, porque Tuvalú vive un momento crítico: el nivel del mar crece casi 5 milímetros al año debido al cambio climático, y piensa que la montaña más alta del archipiélago tan solo mide dos metros. Las islas se hunden continuamente cuando hay mal temporal, y los pozos se llenan de agua salada, con lo que el agua de los pozos se acaba contaminando. Si la cosa sigue así, en 2050 ya no se podrá vivir en Tuvalú, y sus ciudadanos tendrán que ser refugiados climáticos. Es muy triste e injusto.

— ¿Cuál será tu próxima aventura?

Si he aprendido algo en este viaje es que nuestras planificaciones son bastante limitadas. Lo he visto en el mar: tú puedes planificar, pero el mar acaba haciendo lo que le da la gana. Lo importante es vivir el momento y escuchar la intuición.

Ahora estoy contigo. De poco me sirve planificar la siguiente aventura. Y te pongo un ejemplo: estuvimos en Suakin, en Sudán, hace años. Ahí se está viviendo una de las mayores crisis humanitarias del mundo. Y nosotros estuvimos allí justo antes de que estallase el actual conflicto armado que vive el país. Recuerdo estar hablando con el conductor del rickshaw (triciclo conducido por un ciclista que transporta pasajeros) que nos llevaba hasta el barco, antes de irnos. Él, que vivía en la extrema pobreza, como la mayoría de gente de allí, me decía: “Mañana a lo mejor mi madre se muere o mi hijo tiene un accidente, pero eso no importa. Lo que importa es el presente, que ahora mismo estamos aquí.”

Esa fue mi última conversación con él, antes de subirme al barco. Y no me conecté al móvil hasta pasadas tres semanas, cuando llegamos a Egipto. Cuando encendí el móvil, vi que había estallado una guerra en Sudán. Sus palabras eran tan ciertas. Y aún me resuenan. Mañana no sé, a lo mejor doy la vuelta al mundo, pero hoy estoy aquí, ahora, hablando contigo. Y eso es lo que importa.

Sobre el autor

Elena Busquets
Elena Busquets

Directora de The New Barcelona Post

Ver biografía