Duarte, que en los últimos diez años ha compaginado la dirección de la discoteca Costa Breve con otros proyectos vinculados con la comunicación y el márketing, conoce bien los entresijos del Upper Diagonal más noctámbulo y está acostumbrado a llenar locales. Cugat se mueve como pez en el agua en el ecosistema influencer, y antes de Apriori creó una plataforma que ayuda a las empresas a optimizar su relación con ellos. Arroyo, representante del gremio influencer y fundadora de la firma de moda sostenible Laagam, lo ha petado en Instagram. Como dato, su número de followers supera la población de Terrassa.
Lario, el chef, se formó en las cocinas de Tickets y Bodega 1900, dos escuelas de altura cuyo nombre y propiedad ya no son los mismos tras la pandemia. Aquí, el joven cocinero huye de artificios superfluos, siendo coherente con la línea de platos “sencillos y elaborados con ingredientes de calidad” que propone Apriori.Algunos ejemplos de esta cocina son la stracciatella con erizo de mar o el carpaccio de cigalas con huevas de pez volador y piñones. Dos combinaciones limpias y que funcionan sin necesidad buscar la foto con creatividades forzadas. En la carta de Apriori desfilan también algunos clásicos, impecablemente ejecutados, como la ensaladilla rusa, la esqueixada de bacalao o una ensalada de tomate y cebolla tierna que nos recuerda que el verano siempre pasa demasiado rápido. El precio medio, sin contar el vino, ni las copas que uno pueda tomarse, está en torno a los 35€ por cabeza.
La atmósfera nocturna se completa con cortinas de terciopelo, una columna de espejos y un neón rojo en el que se pueden leer dos palabras: “Lo Verdadero”. Un enigmático lema que los socios buscan asociar al ambiente de Apriori, como demuestra la repetición constante de esta idea en la comunicación digital del restaurante.
Sin duda, cada generación ha imaginado una definición distinta para un asunto tan complejo como es “lo verdadero”, pero echando un vistazo a las paredes de Apriori, cubiertas de fotografías de los años 60 ---en las que aparecen celebrities americanas disfrutando de una noche de juerga--- parece que la reivindicación de la autenticidad se traduce aquí en una fantasiosa mirada al pasado.
Si hace 50 años, la Gauche Divine convirtió la calle Tuset en Tuset Street por querer que el futuro llegara lo antes posible, hoy los milenials buscan “lo verdadero” en fotos en blanco y negro. Cambian los nombres, pero las ganas de salir continúan intactas y una tortilla bien hecha siempre apetece.
Montaigne, que no era DJ, pero sí influencer, ya avisó: “La vida es ondulante”.