¿Qué mundo queremos en 2048?

Conferencia del físico Alfons Cornella
Conferencia del físico Alfons Cornella

Una tarde de rebeldía en la Pedrera con el físico Alfons Cornella

29 de septiembre de 2026 a las 05:30h

¿Qué mundo queremos en 2048? ¿Y quién está trabajando ya en algún lugar del mundo para hacerlo realidad? Dos preguntas disruptivas y un mismo protagonista: Alfons Cornella. Físico y tres veces rebelde, como la poetisa Maria-Mercè Marçal. Coincidiendo con la rentrée de septiembre, Alfons tiene la santa costumbre de dar una conferencia anual en el Auditorio de la Pedrera y agotar todas las entradas en el centro de Barcelona. No debe ser tarea fácil, pero lo cierto es que le avalan un centenar de proyectos de innovación y más de 35 libros. Sinceramente, vale mucho la pena escucharlo y aprender de él.

“Debemos comprender el presente para construir futuros posibles”

“Debemos comprender el presente para construir futuros posibles”, comienza poco antes de recordarnos que vivimos un cambio de época. Geopolítica, poder y democracia. “Tenemos una necesidad creciente de humildad. Nunca ha habido tanta información como ahora y ordenar los datos es un reto excepcional”, asegura. En todas partes pasan demasiadas cosas, pero los grandes clásicos afortunadamente no mueren como, por ejemplo, la revolución del pensamiento del filósofo Immanuel Kant con dignidad, libertad y estructuras que garanticen la paz.

El número tres sí que gusta

El historiador Peter Watson apunta que la tendencia del ser humano es buscar un tercero entre extremos. La Santísima Trinidad. En el caso de Kant era la tesis, la antítesis y la síntesis, del mismo modo que el economista Adam Smith escribía sobre la tierra, el trabajo y el capital. No hay dos sin tres o en el equilibrio se encuentra la virtud. “El número tres gusta al cerebro humano y a la naturaleza. El problema son los extremos. Debemos gestionar las tensiones, encontrar el balance y experimentar con las terceras soluciones. Debemos reinventar la diplomacia para poder hablar porque ahora todos tenemos una fiebre armamentista”, apunta Cornella. Un buen aviso a navegantes.

La paz puede ser económicamente más interesante que la guerra.

Parafraseando a la economista Mariana Mazzucato, la paz puede ser económicamente más interesante que la guerra. Tenemos demasiada información o quizás, nos falta información para saber qué es realmente verdad y verificar al verificador. Las cosas pasan si la gente no reacciona. Así pues, el movimiento Radicle Civics propone prototipar instituciones económicas y sociales para resolver crisis globales. El periodista Georgetown Monbiot apunta a la conversación como elemento clave de una institución: “Debemos restablecer la conversación como infraestructura cívica”.

El poder de la conversación y de los contextos

Sí, el poder de una buena conversación puede cambiar el mundo que queremos en 2048, como también lo puede hacer el despertar moral y el talento al servicio de aquello que realmente importa. El periodista Omar El Akhad reivindica que “el silencio es una decisión moral” y por eso, hace un firme llamamiento a la responsabilidad individual.

Alfons recuerda también una campaña que dio la vuelta al mundo y dice así: You didn’t fight your way into Harvard to end up in a bullshit job. Es decir, “no luchaste para entrar en Harvard y acabar en un trabajo de mierda”. Claro y catalán. Así pues, el camino nos lleva hacia soluciones como The School for moral ambition, Change begins here del Foro Económico Mundial o el movimiento Edgers donde “la rebeldía es una fuerza positiva que cuestiona el statu quo a través del futuro”.

Debemos restablecer la conversación como infraestructura cívica.

Tal como dice el profesor Otto Scharner, debemos crear contextos donde gente interesante se encuentre. Mientras tanto, hay 15.000 satélites dando vueltas por todo el mundo y alerta porque la mitad ya son de Starlink. En el espacio y en la tierra pasarán cosas y nosotros debemos repensar nuestra manera de vivir y de trabajar. “La ansiedad es consecuencia de intentar hacerlo todo perfecto”, apunta Cornella. Y la perfección, como decían en mi escuela, no existe...

¿Qué es el progreso?

De momento, continuamos mirando hacia el progreso desde el impacto económico. La gran pregunta, sin embargo, es si el progreso es ahora la tecnología o deberíamos redefinirlo hacia las personas? ¿Cómo podemos vivir bien dentro de los límites del planeta? El geógrafo Samuel Miller defiende que debemos hacer una lectura radical de lo que supone el progreso. Alfons propone una fórmula interesante que dice que el progreso real es la suma de las capacidades humanas, el valor público y la libertad futura dividido por la suma del daño ecológico, la desigualdad y la fragilidad sistémica. A partir de aquí, hay que sacar el mejor resultado posible.

Momento de la conferencia en el auditorio de La Pedrera 

Cornella explica con diferentes ejemplos que “hay muchísima gente inventando el futuro y que el futuro se resuelve haciendo las cosas bien hechas durante millones de veces”. Esto también aplica al optimismo climático, a la nueva ciencia que viene a demostrar imposibles, pero que sigue necesitando recursos o a la “buena” IA que goza de mala prensa, necesita mucha energía y aún más educación.

Pensar, por placer

Reivindica Alfons que “estamos en un mundo fascinante” donde tenemos que redescubrir el pensamiento con atención, lectura e imaginación, a la vez que se tiene que reinventar la gestión y decidir mejor ante la complejidad. Nos espera un nuevo contrato social de tres, es decir, personas, naturaleza y tecnología. De hecho, ya nos encontramos ante la nueva necesidad de aprender a pensar -por placer- y de recordar, tal como concluye Alfons, que “el futuro es ingenio e ingenuidad”.

Nos espera un nuevo contrato social de tres, es decir, personas, naturaleza y tecnología.

El auditorio de La Pedrera se vacía. ¿Qué mundo queremos en 2048? Nos preguntamos todavía muchos de los que hemos escuchado a Alfons con atención, saliendo por la puerta principal de una de las grandes maravillas de Gaudí. Y, seguramente, no nos lo dejaremos nunca de preguntar porque el conocimiento no se puede dar nunca por hecho y definitivamente, se tiene que comprender el presente para construir futuros posibles.

“Desaprendo, por lo tanto, existo”, que dice el compañero Alfons Cornella.

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