HOTELES CON HISTORIA

El primer estudio de Pablo Picasso: Serras Barcelona, lujo discreto frente al puerto

El Hotel Serras por Javier Ortega Figueiral
El Hotel Serras por Javier Ortega Figueiral

Gastronomía de excepción, colchones reales, calma y un pasado con mucha historia lo convierten en un hotel con historia e historias, a pesar de cumplir tan solo una década

(Periodista, consultor jurídico-aeronáutico y escritor)
28 de noviembre de 2025

Quinto capítulo de la serie Hoteles con historia e historia de hoteles, que publicamos cada dos viernes en The New Barcelona Post. Esta vez arrancamos en Sant Gervasi. El cruce de las actuales Balmes y Vía Augusta forma la plaza de Molina. Cuando Sant Gervasi de Cassoles aún era municipio independiente, su ayuntamiento quiso honrar allí a Francesc Daniel Molina i Casamajó, un arquitecto del que salieron, de su mente y de su mesa de dibujo, la plaza Reial, la fachada del Teatre Principal tras uno de sus incendios, la plaza del Duc de Medinaceli o la apertura de la calle Princesa. 

Molina también diseñó el actual número 9 del Passeig de Colom, el edificio que hace esquina con la calle de la Plata y que hoy ocupa el Serras Barcelona, protagonista de esta historia. En ese mismo edificio, Pablo Ruiz Picasso, un muchacho de quince años recién llegado de Málaga con su familia, estrenó su primer taller de pintura en el terrado. 

Su padre acababa de ganar la cátedra de la Escuela de Bellas Artes de la Llotja, a dos pasos. El hijo fue admitido y cursó dos años. En aquel terrado, con vistas espectaculares al puerto, hoy convertidas en una pequeña piscina, una terraza, unas tumbonas elegantes y una barra discreta, el joven Pablo, que todavía firmaba ‘P. Ruiz Picasso’ para honrar el apellido paterno, trazó las primeras líneas de lo que sería su gran debut: Ciencia y Caridad.

El hotel lo recuerda con un cartel, un rincón dedicado exclusivamente al pintor y, sobre todo, respetando la ventana del estudio que daba al mar. El cuadro, un óleo monumental de casi dos metros por dos y medio, nació de una idea del padre: una alegoría realista al estilo académico español, con una mujer tuberculosa en su lecho de muerte, una monja sosteniendo al bebé como la Caridad y un médico (el propio José Ruiz Blasco hizo de modelo) tomando el pulso como la Ciencia. Picasso lo pintó a pinceladas obsesivas durante meses, con su padre corrigiendo las manos de la monja y el fondo.

En 1897 lo presentó en Madrid y obtuvo una mención honorífica que lo catapultó: medallas en Málaga y Barcelona, la prensa lo bautizó como prodigio. A pesar de todo, ya entonces renegaba de la obra. "Era demasiado de mi padre", diría décadas después. En 1970 la donó al Museo Picasso de Barcelona, a solo unos minutos a pie del Serras. Para cerrar el círculo, el marco que hoy protege el lienzo está patrocinado por el hotel. 

Un edificio frente al mar

Durante el siglo XX el edificio de Molina vivió una existencia tranquila: acogió viviendas y oficinas relacionadas con el comercio marítimo. La huella de Picasso se diluyó como la de tantos vecinos y comercios que ocuparon la casa, construida en 1846. El veterano inmueble cumplió 165 años en 2011, el mismo año en que Compuspar, multinacional catalana de componentes tecnológicos, fue vendida a la americana Syncreon. 

Hotel Serras, Barcelona

Las suites sobre el puerto, con vistas al Moll de la Fusta, los mástiles de los veleros y el amanecer, son las más demandadas.

Aquí se cierra otro círculo. El fundador de Compuspar, Jordi Serra, era un viajero en el más amplio sentido de la palabra. Su empresa le había llevado por todo el planeta y, una vez vendido el negocio que creó en 1984, pudo por fin dedicarse a lo que llevaba años rondándole la cabeza: la hotelería. Puso los ojos en el número 9 del Passeig de Colom.

Lo compró y, durante los años siguientes, tuvo un lienzo en blanco para desarrollar el tipo de hotel y de servicio que había imaginado como huésped en establecimientos de Asia, América y Europa. Quería un verdadero hotel boutique en Ciutat Vella. Algunos le dijeron que estaba loco. Él, junto a su familia, de ahí lo de Serras, lo sacaron adelante fichando a profesionales de la alta hotelería internacional.

Hotel Serras, Barcelona, Rooftop Terrace

El terrado del Serras y sus vistas, las mismas que disfrutó Pablo Picasso desde su primer estudio a los 15 años.

El lujo discreto

El Serras Barcelona cumplió diez años en 2025. Se inauguró en primavera de 2015 y uno de los invitados fue Xavier Trias, en sus últimas semanas como alcalde. El Ayuntamiento le pidió a Serra que respetara escrupulosamente la fachada. Así se hizo; de hecho, ya que al restaurarla se mejoró, pues recuperó los colores y el esplendor original. En su interior, 28 habitaciones y suites que sorprenden por la calma. Dormir sobre el Moll de la Fusta y el Passeig de Colom hace pensar en ruido inevitable… y no hay ninguno. El silencio es absoluto.

Hotel Serras, Barcelona.

Una de las habitaciones del hotel. El diseño interior del establecimiento se ha confiado a Eva Martinez.

Al sueño también ayudan unas camas de 2 × 2 metros firmadas por Hypnos, la marca que desde hace casi un siglo ostenta el Royal Warrant de la familia real británica. Sus colchones han velado el sueño de Jorge VI, el de Isabel II durante sesenta años y siguen fabricando las camas del actual rey Carlos III. Detalles que no gritan, pero están. Detalles que el Serras comparte con el Ritz o el Savoy de Londres. 

También es lujo local su oferta gastronómica: convencieron a Fabio Gambirasi y Roser Asensio para trasladar su restaurante Agreste desde el barrio del Coll, en Gràcia, hasta el puerto. Abrieron Agreste Mar y la clientela que antes peregrinaba a la desconocida calle Funoses-Llussà ahora lo hace frente al mar. Estas cosas como cocina de excepción, colchones reales, la historia del edificio, calma, discreción e impecabilidad, hacen del Serras un hotel con historia e historias a pesar de tener solo una década. Intensa, eso sí, como los meses de la Copa América, durante la que el hotel fue casa para el propietario y armador de uno de los equipos participantes y sus invitados: una impecable casa frente al mar y su base.

Este primer hotel ha sido el germen de Serras Collection: dos establecimientos en Andorra, uno de apertura inminente en Sevilla y, quién sabe, si quizá, futuros capítulos en unos hipotéticos The New Andorra Post o The New Sevilla Post… Tiempo al tiempo.

Hotel Serras, Barcelona, fachada.

La fachada principal. La restauración post 2011 recuperó los colorers originales del edificio pensados por el arquitecto Molina.

Sobre el autor

Javier Ortega Figueiral
Javier Ortega Figueiral

Periodista, consultor jurídico-aeronáutico y escritor

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