Platform Dalí: imaginación o vacío

Carne de gallina inaugural, Dalí
Carne de gallina inaugural, Dalí

La Pedrera podría haber sido, según proponía Dalí, el Comisariado de la Imaginación Pública durante los años treinta. La idea no prosperó, quizá por la guerra, quizá por la audacia. Pero el caso es que este martes se ha presentado en La Pedrera la última gran ambición relacionada con Salvador Dalí: Platform Dalí, el nuevo programa pensado para repensar la relación entre arte y ciencia. También es, sin embargo, un gesto político (cultural, institucional y simbólico) que devuelve a la ciudad una vocación que había ido perdiendo: la de imaginar el futuro combinando arte y ciencia. Jorge Wagensberg sonríe, Dalí también. Veremos cómo se materializa, como aquel oro que según el genio purificaba la materia y la salvaba de la putrefacción.

11 de diciembre de 2025 a las 21:25h

Mónica Bello, originaria de Santiago de Compostela y llegada a Barcelona en 2003, mencionó el llamado Comisariado de la Imaginación Pública que proponía Dalí para la Pedrera. Ahora lidera el proyecto Platform Dalí, impulsado por la Fundació Gala-Dalí y avalado por una trayectoria sólida de Bello al frente de Arts at CERN, quizá la iniciativa más sustancial que durante la última década ha intentado articular la intersección entre disciplinas artísticas y científicas. El programa aparece pensado para crear un marco estable en el que arte y ciencia se acerquen para comprender la complejidad del mundo, fomentando “diálogos, intercambios y experiencias” que busquen lugares de encuentro significativos entre ambos universos.

Como todo el mundo sabe, Dalí era un apasionado de la ciencia. De la realidad. El surrealismo tiene ese factor, que en la palabra incluye el término “realidad”, aunque pase por la centrifugadora: por tanto, la realidad, lo tangible, la ciencia, los efectos visuales, el ADN, el microscopio, los átomos de Leda atómica, los metales, los prismas, conforman los juguetes incansables del pintor. Creaba su cosmogonía a partir de lo que ya existe en el cosmos, y después hacía su versión onírica, profundamente expresiva. El proyecto Platform Dalí se fija, por tanto, en esa aproximación del creador al mundo del conocimiento y quiere construir un puente. Romper los lenguajes artísticos a partir de preguntas científicas. “Los acontecimientos científicos son la única guía constante de mi imaginación”, decía el artista ampurdanés, que quiere ser la verdadera brújula ideológica del proyecto.

No estamos ante un festival efímero, sino ante una infraestructura cultural de larga duración que arrancará en 2026 con becas, residencias, programas públicos y encuentros en laboratorios, y culminará con una exposición en 2029. La lógica no es representar el arte, sino someterlo al laboratorio, hacerle una analítica, contrastarlo con el mundo tangible, exponerlo a las tensiones de la investigación contemporánea y ponerlo en diálogo con la física y la alquimia, las ciencias de la vida, la supercomputación, la inteligencia artificial o la investigación marina. Todo ello, áreas que articulan la identidad de centros como el Barcelona Supercomputing Center, l’Institut de Ciències del Mar, el Institut de Física d’Altes Energies, el Parc de Rercerca Biomèdica de Barcelona o el Institut de Ciències Fotòniques.

Barcelona contiene un ecosistema científico de alto nivel, a menudo desconocido por el propio país. La Fundación entiende que las instituciones artísticas no pueden limitarse a conservar legados, sino a movilizarlos. El proyecto asume que Dalí no puede entenderse sin la ciencia, y que quizá tampoco podamos entender el mundo, hoy, sin arte. La apuesta por los artistas residentes, en este sentido, confirma la vocación experimental: Tania Candiani, con su trabajo sobre lenguajes visuales y sonoros; Israel Galván, que ha llevado el cuerpo y el ritmo a límites insospechados; el colectivo Taller Estampa, con su “práctica crítica con las tecnologías digitales”; o George Mahashe, que explora “relaciones entre arte, ciencia y sistemas de conocimiento”, especialmente en el África austral. No necesitan, estos artistas, provincianas becas de 80.000 euros, sino integrarse en un tejido barcelonés y catalán ya existente.

También sorprende el cuidado puesto en la identidad visual, creada por Javier Jaén, que parte de la letra “D” y la fragmenta en esferas en movimiento (como en tantos cuadros dalinianos), evocando la transformación de la materia y “mirar lo conocido desde una perspectiva múltiple”. El vídeo que presenta la imagen también guiñaba un ojo a las hormigas y a los huevos, tan icónicos en la obra del artista.

Artistas residentes del Platform Dalí durante la presentación del programa. Al fondo, el cartel de la nueva plataforma, que parte de la letra “D” y la fragmenta en esferas en movimiento, como hacía Dalí en sus cuadros. © Alexandra Cepeda

Platform Dalí es, en cierto modo, una forma de humanismo renovado, una defensa del pensamiento multidisciplinar en plena era de la especialización extrema (aquello que Dalí detestaba tanto, como mostró ante las cámaras estadounidenses en el concurso What’s my Line?). Y también es un espacio para plantear preguntas incómodas: ¿qué puede hacer el arte cuando el mundo está gobernado por algoritmos, datos y sistemas complejos? ¿Qué puede aportar cuando la ciencia define la realidad, de acuerdo y enhorabuena, pero no su sentido? Sabemos qué puede aportar la tecnología al arte, pero ¿y el arte a la ciencia? Según Mónica Bello, no se trata de que el arte aporte una solución, o ni siquiera un marco de investigación: se trata de que aporte el valor, cada vez más urgente, de preguntarse “por qué estamos haciendo todo esto”.

En una ciudad que parece carente de imaginación y audacia, y donde se quiere hacer pasar por grandes ideas lo que es simplemente vender regalada una marca de ciudad, o regalar directamente la ciudad, es esperanzador que aparezca un ecosistema nuevo decidido a construir, no sólo a programar o entretener. O a hacer bonito. Lo que necesitamos es más Dalí, más sueño, más audacia, más modernidad, más Modernismo, más Pedrera, más libertad individual y colectiva, más sentido de las cosas. La realidad no está hecha para asumirla, ni para caer en el estéril realismo (que es cuna del cinismo y, a menudo, del fascismo, aquello que hizo imposible el Comisariado de la Imaginación Pública). La realidad está hecha para conocerla, tomarle la medida y, entonces, cambiarla. Mejorarla. Imaginarla.

Leda atómica. © Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí
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