Un perfume llamado Barcelona: las trece esencias de una ciudad imposible de esconder

Ben Whishaw, actor protagonsita de 'El Perfume: historia de un asesino', película rodada en Barcelona y en otras ciudades catalanas.
Ben Whishaw, actor protagonsita de 'El Perfume: historia de un asesino', película rodada en Barcelona y en otras ciudades catalanas.

La superproducción europea de 60 millones de euros que convirtió Barcelona en el París del siglo XVIII para trasladar a la gran pantalla el best-seller "infilmable" de Patrick Süskind

19 de agosto de 2026 a las 05:30h

Si tuviésemos que capturar Barcelona dentro de un frasco de perfume, ¿qué trece esencias serían necesarias para reconocer la ciudad? Quizá una tendría el sabor salado del Mediterráneo; otra conservaría el aroma de la piedra antigua que ha sobrevivido al paso del tiempo en el barrio Gòtic, entre calles estrechas y muros que todavía guardan la memoria de la ciudad; y todavía habría espacio también para el chocolate recién hecho de la calle Petritxol. Además, seguramente alguna de esas trece notas sería, en realidad, una mezcla de muchas otras: especias, frutas, hierbas y productos llegados de distintos rincones del mundo y reunidos en los mercados de la ciudad, como muestra de su multiculturalidad. 

Y quizás no todas serían fragancias agradables. Entre ellas podría colarse el polen de los plataneros que cada primavera cubre las calles, el humo del tráfico o incluso ese olor incómodo de los residuos que también forma parte de la vida cotidiana de una gran ciudad.  Porque Barcelona, como cualquier gran perfume, no está hecha de una sola nota aromática: su identidad surge de la combinación de aromas, recuerdos, lugares y experiencias que se superponen y que no siempre pueden agradar a todo el mundo. 

La búsqueda de una esencia capaz de capturar y resumir lo invisible es precisamente el motor del film El perfume: historia de un asesino (2006). Su protagonista, Jean-Baptiste Grenouille, dedica toda su vida a encontrar la fragancia perfecta, capaz de enamorar a cualquiera. Un personaje al que da vida un sublime Ben Whishaw, que sostiene buena parte del peso de la película con una interpretación magnética, acompañada por un extraordinario trabajo de fotografía e iluminación que consigue convertir los olores en imágenes. 

Una de las escenas de la película El perfume: historia de un asesino. 

Pero para crear ese perfume perfecto, Grenouille necesita encontrar primero sus ingredientes. Para ello, sigue las instrucciones de la antigua leyenda que le transmite el reconocido perfumista Giuseppe Baldini, según la cual todos los grandes perfumes están formados por doce aromas y una decimotercera esencia misteriosa, capaz de aportar la armonía perfecta al conjunto. Reunir esas notas, y en especial encontrar la decimotercera, se convierte en la obsesión del protagonista, hasta el punto de llevarle a asesinar a jóvenes mujeres para capturar y conservar sus aromas, convencido de que solo así podrá crear el perfume definitivo.

Aunque la historia transcurre entre los mercados, las callejuelas y los palacios del París más oscuro del siglo XVIII, buena parte de la película se rodó en Barcelona y otras localidades catalanas como Girona, Figueres, Besalú, Tamarit o Tortosa. Siguiendo el viaje cronológico que desde The New Barcelona Post emprendemos cada miércoles en Luces, cámara… y ¡Barcelona!, avanzamos ahora hasta principios de los años 2000 para detenernos en una producción que quiso convertir la capital catalana en otra ciudad. El objetivo de este film era precisamente que el espectador olvidara que estaba viendo Barcelona. Sus calles, plazas y edificios se transformaron para recrear el París del siglo XVIII. Pero, pese a todo, la ciudad seguía dejando su propia huella en cada escenario.

La película “infilmable”

El Perfume es, de hecho, una parada imprescindible en este recorrido cinematográfico por la capital catalana al tratarse de una de las producciones más ambiciosas rodadas en Barcelona: una coproducción entre Alemania, Francia y España que contó con un presupuesto cercano a los 60 millones de euros, más de 5.000 extras y alrededor de 350 profesionales durante su rodaje en 2005.

El rodaje de la película desplegó hasta 500 extras en las calles de Barcelona y otras ciudades catalanas.  © Imdb

Detrás de semejante despliegue había, además, un reto que durante años había parecido imposible de llevar a la pantalla: adaptar la novela homónima del escritor alemán Patrick Süskind, publicada en 1985 y convertida rápidamente en un best-seller, traducido a más de 45 idiomas. 

La dificultad de la adaptación se encontraba precisamente en el elemento protagonista de la novela: los olores, algo que el cine, por mucho que pueda sugerir, no puede mostrar. Ese reto hizo que durante años El perfume fuera considerada una novela prácticamente “infilmable”. Directores como Stanley Kubrick, Ridley Scott, Martin Scorsese o Tim Burton mostraron interés en llevarla a la pantalla, pero ninguno llegó a hacerlo. Finalmente, el proyecto quedó en manos del productor Bernd Eichinger y del director alemán Tom Tykwer, que decidieron emprender el reto.

Siguiendo el rastro de Grenouille y de la Barcelona escondida

Aunque El Perfume fue en buena parte rodada en Barcelona y otras ciudades catalanas, el espectador que se acerque a la pelicula esperando reconocer la capital catalana a simple viste posiblemente se llevará una decepción. En ella no encontrará postales ni localizaciones evidentes: la producción transformó la capital catalana para convertirla en el París del siglo XVIII. Sin embargo, para quien sepa ver más allá, la película permite recorrer una Barcelona escondida bajo otra piel. Como Grenouille sigue el rastro de los aromas, el espectador puede seguir las pequeñas pistas que deja la ciudad hasta reconocerla bajo su apariencia francesa.

La Herboristeria del Rei, uno de los comercios históricos más antiguos de Barcelona, sirvió como escenario de la película. © Imdb

La primera aparece en el mismo lugar donde se inicia el film y la historia de Grenouille. En la ficción, el protagonista nace entre los restos de pescado de un lúgubre mercado parisino. Desde el primer momento es rechazado por quienes le rodean, pero también demuestra poseer un olfato extraordinario: es capaz de percibir y distinguir aromas que para los demás pasan inadvertidos. En la realidad, aquel mercado no estaba en Francia, sino en la plaza de la Mercè, transformada para la ocasión en uno de los rincones más pobres y decadentes del París del siglo XVIII. Desde allí comienza su recorrido vital, marcado por una infancia y una adolescencia al margen de la sociedad.

Finalmente, cuando el joven Grenouille llega a París, lo hace, en realidad, por una de las calles más céntricas de Barcelona: la calle Ferran. Para convertirla en una vía del París del siglo XVIII, el equipo transformó sus escaparates, añadió elementos de época y cubrió la calle de suciedad. La cuidada iluminación, presente durante toda la película, terminó de darle ese aspecto oscuro y decadente.

El rodaje de el film ocupó varios espacios emblemáticos de la ciudad, desde la plaza Sant Felip Neri hasta el Poble Espanyol. © Imdb

Así como la ambientación, la vida de Grenouille también es oscura hasta que descubre el mundo de la perfumería. Allí comprende que su extraordinario olfato —que le ha acompañado desde pequeño y que siempre había considerado una desventaja— puede convertirse en su mayor virtud. De la mano del perfumista Monsieur Pélissier, descubre un oficio en el que su don tiene un valor extraordinario. La perfumería de Pélissier era, en la realidad, la Herboristeria del Rei, uno de los comercios más antiguos de Barcelona. Sus estanterías y su atmósfera centenaria apenas necesitaron transformaciones para convertirse en un establecimiento del París del siglo XVIII. 

Pero el camino de Grenouille pronto se adentra en su lado más oscuro. La siguiente parada de este recorrido olfativo por la Barcelona de la película es la plaza de Sant Felip Neri, escenario del asesinato de una joven cuyo aroma obsesiona al protagonista. Y la siguiente esencia nos conduce hasta el Parc del Laberint d’Horta, convertido en la residencia de la familia Richis. Entre sus jardines y caminos laberínticos, Grenouille sigue el rastro de Laura, la hija de Antoine Richis, cuya fragancia considera la pieza que le falta para completar su perfume. La joven se convierte, así, en su decimotercera y última esencia, aunque será más adelante, cuando Grenouille la siga hasta una posada, donde conseguirá capturar su aroma y completar su creación.

La última nota se encuentra en el Poble Espanyol de Montjuïc, donde se rodó una de las escenas más recordadas —y también más discutidas— de la película. Su Plaza Mayor se convierte en el lugar de la ejecución de Grenouille, ante una multitud que reclama su muerte tras descubrirse la cadena de asesinatos. Pero, justo antes de ser ejecutado, el protagonista libera unas gotas del perfume que ha creado con las fragancias de sus víctimas. El efecto es inmediato: la furia de la multitud se transforma en adoración y éxtasis, un giro tan extremo que para algunos espectadores resulta excesivo, incluso difícil de creer.

En ese instante, Grenouille consigue aquello que había perseguido durante toda su vida: hacer que los demás le amen. Pero también descubre que aquello por lo que ha luchado durante todo el filme no es suficiente. El perfume puede darle poder, admiración y deseo, pero no aquello que ealmente anhela: ser amado de verdad. 

Desencantado con su propio triunfo, Grenouille regresa entonces a París, con 28 años y después de una vida entera dedicada a perseguir esa esencia. Al llegar al mercado donde nació, recreado en la plaza de la Mercè de Barcelona, vierte sobre sí el resto del perfume. Embriagados por la fragancia y convencidos de estar viendo un ángel, los personajes allí presentes se acercan hasta él y terminan devorándolo. Grenouille desaparece, así, en el mismo lugar donde comenzó su historia, cerrando el círculo de su obsesión y el don que le venía innato. 

Una de las escenas finales de El Perfume, rodada en el Poble Espanyol. 

La esencia que permanece

Después de recorrer las trece notas aromáticas que la película esconde de Barcelona, quizá la pregunta ya no sea cuáles son las esencias capaces de resumirla y comprimirla, sino si realmente es posible encapsularla en un frasco. Porque, como el protagonista, que dedicó su vida a encontrar ese perfume perfecto y, cuando finalmente lo consiguió, descubrió que ni siquiera la fragancia más poderosa podía darle aquello que buscaba; Barcelona tampoco parece tener una fórmula capaz de conquistar a todo el mundo.

Y quizá tampoco la necesite. La película intentó esconder Barcelona convirtiéndola en otra ciudad, pero al recorrer sus escenarios podemos encontrarla precisamente en aquello que no consiguió borrar: sus plazas, sus mercados y sus calles. Las trece notas que hemos reseguido no forman un perfume perfecto, pero sí revelan una ciudad capaz de conservar su identidad incluso bajo otra apariencia. Porque, al final, quizá esa sea la verdadera esencia de Barcelona, según muestra El perfume: no una fragancia capaz de agradar a todo el mundo, sino una identidad que, por mucho que intenten ocultarla, siempre acaba dejando su rastro.