Barcelona ya calienta motores para Sant Jordi: Mercabarna se ha llenado de rosas, las librerías ultiman los preparativos, y los libros y flores se cuelan incluso en espacios inesperados, como la Catedral, museos, restaurantes, tiendas y hoteles. La ciudad se vuelca con la literatura para celebrar Sant Jordi, en medio de un ecosistema editorial en el que durante los últimos años ha emergido una nueva figura de prescripción literaria: los booktokers.
“La labor de los creadores de contenido es básica para propagar el amor a la literatura”, y hacerlo a través de las redes conecta con una comunidad de lectores de la Generación Z que busca en los libros un “detox de la pantalla”, defiende Guillermina Rosés. Es la fundadora de Lenke Agency, la primera agencia de creadores de contenido en España en abrir una línea dedicada 100% a literatura.
Lenke, que empezó a andar en 2014, ya representaba como agencia a creadores de contenido de lifestyle, belleza y entretenimiento, hasta que las integrantes del equipo liderado por Rosés decidieron subir de nivel su pasión literaria: “En el equipo, tenemos mucha sensibilidad por la cultura y la literatura, y decidimos apostar fuerte por este sector”. Ahora, 30 de los 40 representados por Lenke son booktokers. Así, aunque la agencia mantiene su actividad en el ámbito lifestyle, la apuesta por el universo literario ha marcado un punto de inflexión en su trayectoria, de la mano de los creadores a los que representa.
Entre ellos, se incluyen nombres como los de Rodrigo Paniagua, Irene Franco y Alba Zamora que, además, comparten un rasgo: no sólo hablan de libros, sino que han dado el salto también a la escritura: “Han pasado de la parte de creación de contenido también a la creación literaria”, resalta Rosés. Con ellos, Lenke ejerce de nexo con las editoriales, que recurren a los creadores de contenido para conectar con comunidades de lectores, sobre todo, jóvenes: “Hace unos años, las editoriales no se planteaban trabajar con influencers especializados como los booktokers, pero ahora los consideran un aliado natural”, destaca Rosés, ante una figura que ya no se considera una mera tendencia, sino una puerta de entrada a la lectura.
En este contexto, Rosés sitúa a los booktokers como una figura clave en la “divulgación para potenciar el gusto por la lectura”, y de hacerlo en comunidad. “Al final, quienes siguen a un booktoker encuentran un sentimiento de pertenencia a una comunidad de lectores que, a menudo, cuesta encontrar fuera”. No obstante, los amantes de la literatura van sumando más espacios en los que encontrarse, también físicamente, como clubs de lectura que emergen incluso en empresas y escuelas. Tanto es así que los clubs de las bibliotecas de Barcelona han duplicado en una década su demanda, con más de 20.000 inscritos el año pasado.
Así, en un mundo dominado por las pantallas, algo tan analógico como el libro no sólo no se repliega, sino que gana fuerza. Y es que, lo que podría parecer contradictorio, es en realidad una simbiosis natural. En ella, los booktokers se erigen como punto de confluencia entre ambos mundos (el de la pantalla y el de las páginas), y elevan los libros y la literatura a protagonistas de conversaciones digitales de forma natural.
De hecho, el propio origen de Lenke también se dio de forma natural (e inesperada), y siguiendo una estela familiar relacionada estrechamente con los libros, aunque de una forma distinta. Después de trabajar en una agencia de publicidad clásica, Rosés volvió a la empresa familiar: una imprenta fundada por su bisabuelo, que estuvo 99 años en funcionamiento. Desde la empresa familiar, Rosés lanzó en 2012 algo entonces pionero: una app para imprimir fotos desde el móvil, Paper Lover. Fue con este proyecto cuando, de forma también natural, empezó a trabajar con bloggers para dar a conocer la app, hasta construir una comunidad de marca que otras empresas quisieron emular: “Empezaron a llamarme para que les ayudara a montar comunidades similares, y ese fue el germen de lo que hoy es Lenke”.
Ahora, la agencia se propone seguir creciendo. Y quiere hacerlo, más que sumando a más creadores, dando impulso a los que ya forman parte de Lenke. “El objetivo es seguir con ellos y potenciarlos al máximo”. Con oficina en Barcelona y también con parte del equipo en Madrid, Rosés prevé dar el próximo paso al otro lado del océano: “Estamos empezando a fichar a creadores en América Latina”. De nuevo, entre páginas y pantallas, con la pasión por la literatura por delante.
