El Gremi de Llibreters de Catalunya lanza una campaña de concienciación y denuncia para proteger el oficio frente a las malas prácticas que precarizan el sector. Más de 300 establecimientos se unen bajo un mensaje claro: la supervivencia del modelo cultural de proximidad depende de cómo compramos los libros.
“Estamos a tiempo de evitar este futuro sin librerías”. Así de contundente se ha mostrado Eric del Arco durante la presentación de la campaña “Combate la distopía, elige la librería”. El encuentro ha servido para poner sobre la mesa una realidad incómoda: aunque las cifras de Sant Jordi hayan sido positivas, el día a día de las librerías de proximidad se ve amenazado por una suma de prácticas comerciales que erosionan, desmontan y precarizan el sector.
La campaña tiene sus raíces en el Plan Nacional del Libro y la Lectura (2022/2023) impulsado por la Generalitat. “Venimos de lejos y queremos llegar lejos. Es un compromiso colectivo”, ha subrayado Maite Cusó, encargada de leer un manifiesto que ya puede consultarse en Trialallibreria.cat. El texto plantea fenómenos graves como la concentración del mercado y la “amazonización” de la cultura, y advierte de que la compra de libros fuera de los canales tradicionales pone en peligro todo el ecosistema.
Escuelas, bibliotecas y licitaciones, los puntos críticos
El Gremi ha explicado claramente cuáles son las líneas rojas. Por un lado, existen prácticas que incumplen directamente la Ley del Libro, como determinados descuentos. Por otro, maniobras que, aunque sean estrictamente legales, persiguen un beneficio individual inmediato que acaba debilitando un sector fuertemente interdependiente.
Gemma Barrufet ha señalado las malas prácticas de algunas grandes editoriales que suministran a los centros escolares. Estas empresas aplican descuentos ilegales en los libros de texto como reclamo para saltarse a los libreros y quedarse también con la venta directa de los libros de lectura obligatoria.
Asimismo, el sistema actual de concurso público impide que las bibliotecas compren directamente a las librerías de su barrio o municipio. Esto abre la puerta a que grandes fondos de inversión se queden con los contratos, convirtiendo la cultura en lo que Aitor Martos ha definido como “supermercados de libros”. Como consecuencia, las bibliotecas pierden autonomía: ya no compran el fondo que realmente querrían para sus lectores, sino el que la empresa adjudicataria les ofrece desde su almacén. “Nosotros queremos que las bibliotecas sean lo más diversas y plurales posible”, ha recordado Martos.
Sobre este último punto, Eric del Arco ha lamentado que el Gremi lleva entre cinco y seis años manteniendo conversaciones con las administraciones públicas para revertir un modelo de licitaciones que excluye a los libreros como agentes culturales y prescriptores clave.
¿Qué está en juego? Un combate contra el algoritmo
Más de 300 librerías se han sumado a la iniciativa para recordar una premisa básica: cómo se compran y se venden los libros, importa. Según ha destacado el Gremi de Llibreters de Catalunya, cuando un lector elige una librería de barrio en lugar de una gran plataforma digital, está defendiendo cinco pilares fundamentales:
- Pluralidad de voces y diversidad: La concentración de poder de las grandes plataformas impone qué se publica, qué se visibiliza y qué se promociona. Las librerías independientes son las únicas que sostienen catálogos pequeños, críticos e independientes, además de traducciones minoritarias, autores locales y literatura experimental.
- Prescripción humana: La recomendación de un librero nace del conocimiento y de la vocación de servicio. En la librería de proximidad, la propuesta nunca está condicionada por criterios comerciales ni por algoritmos.
- Lectura no utilitaria: La librería protege el libro como una herramienta de pensamiento y pausa, y no como una simple mercancía.
- Tejido comunitario y vida de barrio: Una librería actúa como un punto de encuentro cultural vivo —clubes de lectura, presentaciones y debates—. Cuando una persiana baja para siempre, lo que desaparece no es solo un comercio, sino también un espacio comunitario que conecta cultura, territorio y vecinos.
- Comercio de proximidad y sostenibilidad: Comprar en librerías protege puestos de trabajo y sostiene un modelo comercial que redistribuye el valor de manera directa y justa dentro del propio territorio, en lugar de desviar los beneficios hacia fondos internacionales.
“Sin librerías se desprotege una lectura crítica e independiente”, insistía Maite Cusó.