El ecosistema espacial catalán da un nuevo salto de escala. Open Cosmos, empresa espacial fundada en Barcelona en 2015 por Rafel Jordà, ha captado 300 millones de euros en una de las grandes rondas de financiación protagonizadas en los últimos años por una compañía surgida del ecosistema tecnológico barcelonés. Aunque la actual sede corporativa de la compañía es, en realidad, en el Reino Unido, Barcelona sigue siendo uno de sus principales centros industriales de Open Cosmos, con una gran planta donde desarrolla, fabrica e integra satélites. Por este motivo, la magnitud de la ronda no solo le da músculo a la compañía para ampliar su capacidad de fabricación y crecer internacionalmente, sino que también refuerza el papel del espacio como uno de los sectores emergentes de la economía catalana.
Durante décadas, la actividad espacial estuvo dominada por gobiernos, grandes agencias y misiones científicas. En los últimos años, sin embargo, los satélites han dejado de ser solo herramientas para explorar el espacio y se han convertido en una infraestructura económica clave. Los satélites ya son esenciales para el funcionamiento de muchas actividades económicas: sus redes permiten las comunicaciones, la navegación y la observación de la Tierra, y proporcionan datos que utilizan empresas y administraciones para tomar decisiones en sectores estratégicos como la agricultura, la energía, la defensa o la gestión de emergencias.
Es en este nuevo contexto que Open Cosmos quiere dar un paso más allá de la fabricación de satélites. Con cuatro plantas de producción en Europa —en Barcelona, el Reino Unido, Portugal y Grecia—, la empresa ya tiene capacidad para fabricar hasta un satélite al día. Ahora quiere aprovechar esta capacidad para fabricar y poner en órbita grandes grupos de satélites —las llamadas constelaciones— y ofrecer a partir de ahí servicios de observación de la Tierra, conectividad y comunicaciones.
Para hacerlo posible, la compañía necesita ganar escala y, por este motivo, la nueva inyección de capital le permitirá ampliar la capacidad de fabricación y acelerar el desarrollo de nuevas constelaciones. Una expansión que, según su fundador y consejero delegado, el mallorquín Rafel Jordà, también responde a una necesidad más amplia. “Europa necesita reforzar su soberanía tecnológica y espacial, y España debe tener un papel protagonista en este reto”, ha señalado, que considera que la inversión permitirá consolidar España como "uno de los principales polos de innovación y fabricación espacial del continente".
La dimensión de la ronda, además, no solo se puede observar en los 300 millones de euros captados —que la convierten en una de las grandes megarondas del ecosistema catalán de los últimos años—, sino también en los inversores que han decidido entrar. La operación ha atraído capital europeo e internacional, con la participación de firmas como Lightrock y ETF Partners, dos importantes fondos de pensiones internacionales y el Institut Català de Finances (ICF). También han entrado inversores como A&G Global Investors, Santander Alternative Investments, Trill Impact, Phoenix Court —sede de LocalGlobe y Latitude— y el National Security Strategic Investment Fund (NSSIF), entre otros.
La combinación de inversores financieros, capital público y fondos especializados en tecnología e infraestructuras da una pista sobre la escala que está adquiriendo el negocio de Open Cosmos: ya no se trata solo de financiar el desarrollo de una empresa espacial, sino de poner capital a una infraestructura que aspira a tener un papel relevante en la nueva economía espacial europea.
Observar, conectar y convertir los datos del espacio en información en la Tierra
Para entender qué hace exactamente Open Cosmos, más allá de fabricar satélites, hay que entender qué pasa una vez estos llegan al espacio. El modelo de la compañía combina tres elementos: observar la Tierra, transmitir la información que obtienen los satélites y convertir estos datos en información útil para tomar decisiones.
Esta es la lógica que hay detrás de OpenConstellation, la red de satélites de observación de la Tierra de la compañía. El objetivo es disponer de varios satélites trabajando conjuntamente para obtener imágenes y datos del planeta con más frecuencia y rapidez. Una parte de esta información, además, se puede procesar directamente en órbita, de modo que no es necesario esperar que todos los datos lleguen a tierra para empezar a analizarlos.
Para que esta información sea realmente útil, sin embargo, es necesario poder transmitirla. Es aquí donde entra ConnectedCosmos, la infraestructura de comunicaciones de la empresa, pensada para conectar los satélites con la Tierra y garantizar comunicaciones seguras y resilientes. El sistema cobra especial importancia en zonas donde las redes terrestres no llegan o en situaciones en que estas infraestructuras pueden quedar afectadas.
La tercera pieza de la compañía es DataCosmos, que busca dar utilidad a toda esta información. En lugar de limitarse a ofrecer imágenes captadas desde el espacio, la compañía quiere analizarlas y convertirlas en indicadores que permitan saber qué está pasando sobre el terreno. Un ejemplo es la detección de un posible incendio forestal. Un satélite puede identificar un aumento anómalo de temperatura, procesar esta información y transmitir una alerta a los servicios de emergencia.
Este triple modelo ya tiene una traducción comercial. Según la compañía, Open Cosmos ha firmado nuevos contratos por un valor de unos 320 millones de euros durante los últimos tres años y medio. La nueva inyección de capital debe permitir precisamente escalar este triple modelo: fabricar más satélites, desplegar nuevas constelaciones y ampliar las capacidades de conectividad y tratamiento de datos.
El reto de hacer crecer la industria espacial catalana
El crecimiento de Open Cosmos se ha producido, además, en paralelo a la consolidación de un ecosistema espacial catalán que ha ido ganando dimensión en los últimos años. Alrededor del espacio se ha ido construyendo un tejido empresarial que incluye el diseño y la fabricación de satélites, las comunicaciones, los sensores, la observación de la Tierra y el procesamiento de datos. Tanto es así que Cataluña ya concentra 83 empresas dedicadas a las tecnologías del espacio —más del triple que en 2019— que facturan en conjunto 237 millones de euros.
El reto de estas compañías, sin embargo, es ahora dar el salto de escala: crecer, aumentar su capacidad industrial y conseguir suficiente dimensión para competir en el mercado internacional, dominado por potencias como Estados Unidos o China. Open Cosmos es precisamente una de las empresas que está intentando dar este salto y ganar peso en esta nueva industria espacial. Fundada en Barcelona en 2015, la compañía mantiene una importante actividad industrial en la ciudad y contribuye a reforzar el ecosistema espacial catalán.
La compañía, por ejemplo, fue la encargada de fabricar y poner en órbita Menut, el primer nanosatélite de la Generalitat, y actualmente participa en proyectos como 6GStarLab, desarrollado junto con el i2CAT para investigar la integración de las comunicaciones por satélite con las futuras redes 5G y 6G. Su actividad, sin embargo, ya va más allá de Cataluña. Open Cosmos lidera la Constelación Atlántica Española, un proyecto de observación de la Tierra que desplegará una red de satélites para obtener datos sobre el territorio y utilizarlas en ámbitos como la agricultura, la gestión ambiental o las emergencias.
