El Teatre Tantarantana ya lo tiene todo a punto para la próxima temporada. La sala de la calle de las Flors ha avanzado las primeras propuestas de su temporada 2026-2027, y la declaración de intenciones no puede ser más clara: adaptaciones de novelas que han marcado tendencia, reflexión política sin concesiones, cultura queer transgresora y la reposición de piezas que tuvieron una gran acogida en su estreno.
Las historias que veremos en el escenario del Tantarantana
La programación del teatro combina estrenos absolutos en Cataluña, espectáculos que dan el salto a la sala grande después de agotar entradas y montajes que vuelven a la cartelera para seguir abriendo debates incómodos, necesarios y de plena actualidad. El curso arrancará del 18 de septiembre al 4 de octubre con No gender, el esperado estreno en Cataluña de la obra del creador trans Odin Maldonado, galardonada con el Premio CENIT 2025. Se trata de una pieza performativa y transdisciplinaria que mezcla música, cuerpo, texto y humor para desmontar las etiquetas del sistema binario desde la vivencia de su propia transición.
La compañía La impostora será la encargada de inaugurar la temporada del Àtic 22 del 25 de septiembre al 11 de octubre con La hora de la estrella. Bajo la dirección de Diana Dibau, la adaptación de la novela de Clarice Lispector construye un retrato sobre la inocencia, la invisibilidad y la necesidad de dar voz a las vidas "insignificantes" que a menudo pasan de largo por la calle. La reflexión política y la memoria histórica llegarán del 14 de octubre al 8 de noviembre con el regreso de Nosotros, los sin nombre, propuesta de Mos Maiorum con dramaturgia de Joan Yago que se basa en la biografía del anarquista Joan Garcia Oliver para conectar la memoria colectiva del movimiento libertario con las preguntas, las incertezas y las luchas del presente.
Además, el teatro ha reservado dos únicas funciones el 17 y 18 de octubre para Solo quería bailar, la adaptación punk de la novela de Greta García que llega desde Madrid. Interpretado por Olalla Hernández y dirigido por Alberto Velasco, el espectáculo plantea un monólogo en primera persona sobre una bailarina que acaba en prisión por plantar cara a la burocracia institucional.
En el tramo final del año, del 26 de noviembre al 20 de diciembre, Mazorra vuelve con su aclamado espectáculo Quería ser maricón pero nací sudaca, un cabaret contemporáneo que mezcla cumbia, electrónica y mariachi para hablar sin tapujos de migración, sexualidad, "sexilio" y la distancia insalvable entre el relato idílico europeo y la realidad de las personas migrantes.
Finalmente, del 9 al 20 de diciembre, Perfectament imperfecta dará el salto a la sala grande después de su éxito en el pequeño formato. Dirigida por Laura Domènech, esta adaptación de la novela de Carla Gracia Mercadé pone sobre la mesa una historia directa y sin edulcorantes sobre la maternidad, el choque que supone el diagnóstico de TEA de un hijo y el derecho a romper con las expectativas sociales y familiares.
Más de 30 años de historia y sentimiento "ravalero"
Estas seis propuestas son solo la punta del iceberg de un proyecto cultural que cuenta con más de tres décadas de trayectoria. Fundado en 1992 por Julio Álvarez y Víctor Suañez en la calle Tantarantana (inicialmente centrado en el teatro infantil), el espacio se trasladó en 1996 a su sede actual en la calle de les Flors, una antigua fábrica de paraguas en el corazón del Raval. Desde entonces, el teatro ha ido evolucionando hasta convertirse en uno de los grandes motores de la escena independiente de la ciudad.
En 2014, la sala dio un paso más abriendo el Àtic 22, un espacio dedicado a la investigación, la experimentación y las nuevas dramaturgias, e impulsando el proyecto de residencias El Cicló. Este compromiso con el tejido artístico fue reconocido en 2017 cuando el Ayuntamiento de Barcelona lo catalogó oficialmente como Fábrica de Creación.
Más allá de los escenarios, el Tantarantana entiende el arte como una herramienta de transformación y cohesión social. El espacio tiene una identidad abiertamente "ravalera" y, por ello, colabora de forma habitual con entidades de proximidad como la Xarxa de Suport Mutu del Raval y los institutos del barrio, desarrollando proyectos comunitarios como PI(E)CE, programas de educación en cultura e iniciativas de internacionalización.
Sus producciones han conseguido grandes ovaciones del público y de la crítica; de hecho, entre su palmarés encontramos grandes reconocimientos como el Premio Max, el Premio de la Crítica o numerosos Premios Butaca por producciones propias como Fairfly, Mein Kampf o La hora de la estrella.
Este nuevo curso, la sala del Raval vuelve a demostrar qué es: un espacio teatral arriesgado, comprometido y muy vinculado a su entorno.
