Es cierto; como sabemos perfectamente los músicos, los procesos de ensayo de una obra son mucho más jugosos que el resultado final, un producto mucho más enlatado. El sistema de Can Ivanow permite a los espectadores asistir al proceso cambiante de la formación de un espectáculo y la implicación de los espectadores en las obras que se han parido no es sólo testimonial: muchos vecinos de La Sagrera han acabado peregrinando al festival de Almagro o a la Feria de Tàrrega interesados por la evolución de un texto que habían visto nacer en ensayos. Paralelamente, la Nau trabaja con instituciones del barrio, como la escuela l’Estel, para que alumnos de infantil y primaria conozcan la retahíla de oficios que implica el teatro –desde la escenografía a la iluminación–, lo cual deviene una herramienta fantástica para despertar vocaciones. Todo esto es un trabajo que ocupa pocos titulares y brillantina, pero que va dejando huella como pocos.
No es extraño, por consiguiente, que en 2021 la Nau Ivanow cediera espacios de forma totalmente gratuita a unas sesenta compañías (recibió 150 propuestas) y que actualmente acoja 9 compañías residentes, en convocatoria pública y con un proyecto de tres años para desplegar que se acompaña de mentorías artísticas y profesionales. Cabe recalcar que la Nau no audita el trabajo de sus creadores a nivel artístico, porque quiere ser un espacio de libertad; su acompañamiento consiste en herramientas y recursos de trabajo. Dice Marin: “Si una compañía hace un trabajo con un referente artístico, nosotros les ponemos en contacto, damos herramientas para crear una empresa teatral sostenible mediante una mentoría de coaching, ponemos recursos para que las compañías hagan residencias internacionales y así amplíen su contexto de trabajo en otra realidad y en un mercado distinto. Somos una caja de herramientas.”El sistema de Can Ivanow permite a los espectadores asistir al proceso cambiante de la formación de un espectáculoEn un entorno de precariedad laboral alarmante, el trabajo de la Nau en términos de profesionalización y crecimiento debería tener mucha más continuidad en otros ámbitos de las artes. Mientras escucho a David, uno de los pocos directores de institución que no simula una postura de divinidad mientras charla, lamento que los músicos o los artesanos del país no cuenten con su particular Ivanow para poder hacer algo tan sencillo como trabajar en condiciones. También en cuanto al cuidado del espectador, a quien hemos arrojado a la condición de mero asistente (y consumidor anihilado) de la mayoría de espectáculos que se realizan en Barcelona.Pido a los amables lectores de mi Punyalada que visiten este magnífico espacio de la ciudad, que se asomen ahí para ver cómo será parte del teatro del futuro, y que entre todos hagamos lo posible y lo imposible para que la Ivanow nos dure muchos cuartos de siglo más. He dicho.
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