Antes de la Sagrada Familia, de la Pedrera, de la Casa Batlló o antes incluso de que Gaudí se convirtiera en el icono universal que es ahora, el arquitecto proyectó una nave industrial en Mataró. Construida entre 1878 y 1883 para una cooperativa obrera, el edificio conserva los primeros pasos de un arquitecto recién salido de la Escola d'Arquitectura de Barcelona, pero que ya empezaba a explorar soluciones constructivas innovadoras, alejadas de las convencionales.
La primera obra de Gaudí permite descubrir a un arquitecto de 26 años que empezaba a experimentar con las ideas que acabarían dando forma a casas y a templos ahora emblemáticos. Así, los primeros pasos de Gaudí no los encontramos ni en torres altas ni en las formas sinuosas de grandes casas señoriales, sino en una nave de blanqueo de algodón donde el arquitecto ensayó, por primera vez, algunas de las ideas que acabarían definiendo su arquitectura.
Así, lo que puede parecer una construcción discreta y funcional es en realidad una puerta de entrada al universo de Gaudí, que permite profundizar en su lenguaje arquitectónico. La nave fue construida en un momento de intensa transformación industrial de Catalunya, encargada por Salvador Pagès, industrial textil y fundador de la Cooperativa Obrera Mataronense.
La iniciativa se inspiraba en el cooperativismo que aspiraba a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. En este sentido, Pagès proyectó más que una fábrica: quería que la cooperativa contara con viviendas, equipamientos sociales, espacios educativos y servicios comunitarios. Para dar forma a este proyecto ambicioso apostó por un joven Gaudí que acababa de graduarse en la Escuela de Arquitectura de Barcelona. En 1878, Gaudí inició su colaboración con la cooperativa; entonces todavía no había construido ninguno de los edificios que lo harían despuntar, y se encontraba en una etapa de investigación y experimentación.
Del gran complejo ideado por Gaudí solo se llegaron a materializar algunas piezas. El tiempo ha hecho desaparecer gran parte del conjunto, pero la nave de blanqueo de algodón y el pabellón de las letrinas han perdurado hasta la actualidad. No obstante, la relación de Gaudí con la cooperativa fue más allá de los edificios: en 1884 diseñó también el estandarte de la sociedad. De la pieza original solo se conserva una pequeña abeja de bronce, actualmente custodiada en el Museo de Mataró. El insecto simbolizaba la laboriosidad y el espíritu colectivo que inspiraban el proyecto cooperativista.
En el antiguo recinto industrial, la gran protagonista es la nave donde en aquella época se blanqueaba el algodón. A primera vista, su interior transmite una sorprendente sensación de amplitud. No hay columnas ni pilares interrumpiendo el espacio a lo largo de casi 600 metros cuadrados de superficie, con un techo sostenido por una sucesión de arcos parabólicos que dibujan una estructura elegante e innovadora y, a la vez, práctica.
Aquellos arcos constituyen una de las grandes aportaciones del edificio, y Gaudí los utiliza aquí por primera vez como elementos estructurales. Su forma permite distribuir las cargas con eficiencia y crear espacios diáfanos con una cantidad mínima de material. Con los años, esta solución se convertiría en uno de los signos de identidad de la arquitectura de Gaudí. Con los arcos y poca ornamentación, en la Nave Gaudí la belleza reside directamente en la estructura arquitectónica, hecha de madera, hierro y ladrillo.
A pocos metros de la nave se conserva otra pequeña pieza donde el color sí que gana protagonismo, quizás de manera insospechada. Se trata del edículo de las letrinas, una construcción cilíndrica destinada a los servicios sanitarios de la cooperativa. A pesar de sus modestas dimensiones, permite identificar algunos recursos que Gaudí recuperaría más adelante: la cubierta incorpora un sistema de ventilación natural especialmente avanzado para la época, mientras que algunos detalles decorativos anticipan ideas que reaparecerán en obras futuras.
Después de décadas de usos diversos y de un largo proceso de recuperación patrimonial, el edificio fue restaurado en 2008. Dos años más tarde se convirtió en la sede del Museu d'Art Contemporani de Mataró y en el espacio de exhibición de la Col·lecció Bassat. De acceso gratuito y con posibilidad de visitas guiadas y de actividades familiares, la nave se suma a un patrimonio modernista mataronense que incluye joyas como la Casa Coll i Regàs, de Josep Puig i Cadafalch, o el singular Mercat del Rengle, diseñado por Emili Cabanyes.
La conversión de la Nau de Gaudí en espacio expositivo pone a dialogar las primeras intuiciones del arquitecto con la creación artística contemporánea. Ahora, sin embargo, se prepara para acoger una exposición precisamente sobre los orígenes de Gaudí que, a partir del 2 de julio, repasará aquellos años del arquitecto en Mataró. Así, entre arcos parabólicos y estructuras industriales, el visitante puede acercarse a aquel Gaudí que descubría nuevas técnicas y creaba un nuevo lenguaje universal.
Encontraréis más información sobre esta y otras obras singulares de Gaudí para visitar cerca de Barcelona aquí.
