Hace solo unos quince años, el sector editorial estaba en plena reflexión sobre qué pasaría con la irrupción del libro digital. Hubo quien vaticinaba que el libro en papel tenía un futuro muy complicado y que el e-book lo desplazaría en un decenio. Había quien también veía muchas dudas en que esto pasara. La situación actual es que el e-book ha llegado para quedarse, pero que no ha desplazado ni parece que tenga que sustituir el protagonismo del libro en papel. En el Estado español los datos nos dicen que la facturación del e-book en el conjunto del mercado es aproximadamente del 5%.
Ahora bien, las nuevas tecnologías, las redes, Internet han cambiado el mundo editorial. Ahora, los editores tienen que estar pendientes de las redes para saber de qué se habla, lo que se mueve o qué tendencias hay para poder crear productos que satisfagan las expectativas de los lectores. Las redes también han creado nuevas popularidades que han entrado como autores en el mundo del libro. Vemos como influencers o youtubers también acaban publicando sus obras y consiguen ventas importantes.
Y también las redes acaban teniendo un papel importante en la prescripción. Tradicionalmente, los editores estábamos pendientes de conseguir entrevistas con nuestros autores por la radio, la televisión, los diarios y esperábamos conseguir buenas críticas de las obras que publicaban. Esta prescripción era importantísima para la promoción de nuestros libros. Ahora también tenemos que mirar en las redes y escoger qué prescriptores podemos encontrar para conseguir que hablen de nuestros libros.
Los editores tenemos que hacer mucho de editores, en el sentido de cuidar mucho las obras que publicamosEl libro ha sido desde que se inventó la imprenta la principal herramienta de transmisión de conocimiento. Con la aparición de Internet, esto ha cambiado, y en las redes hay mucho, muchísimo conocimiento, tanto que a menudo cuesta elegir y saber si nos podemos fiar del conocimiento que nos llega. En este sentido, es importante que los editores hagamos bien nuestro trabajo porque el libro, que considero que tiene mucho de prestigio como herramienta fiable de transmisión de conocimiento, continúe teniéndolo. Los editores tenemos que hacer mucho de editores en el sentido de cuidar mucho las obras que publicamos. Hoy, un autor tanto de ficción como de no-ficción puede autopublicarse a Internet sin ninguna dificultad. Recuerdo en un artículo que leí hace unos años donde se decía que la diferencia entre una obra que haya pasado por una editorial y una que no podía ser similar a la de la comida antes de pasar o no por un cocinero. O sea, si es una comida cruda o cocinada. Hacía el símil en el sentido de que a los editores nos llega una obra cruda para, después de cocinarla, conseguir un resultado final que sea más sabroso para el potencial lector.
Otro actor vinculado a Internet que también ha cambiado la cadena del libro ha sido la venta en línea y especialmente la aparición de Amazon, que se ha convertido en un canal de ventas importante y una amenaza para la tradicional venta en librerías. También aquí ha habido que reaccionar. Y hay quien lo ha hecho, de forma que existen distribuidores que entregan a las librerías los pedidos en 24 horas. Un servicio similar al de Amazon. Nos guste o no, vivimos en la sociedad de la inmediatez: cuando queremos algo, lo queremos ya. La espera no tiene buena fama. Esta es la principal virtud de los portales de venta en línea. Y el punto de venta de las librerías necesita afrontar este reto. Por otra parte, los libreros tienen como punto a favor su capacidad de prescripción fiable, la relación directa con el lector, a quien conoce, y a quien puede aconsejar los libros que le pueden interesar.
Finalmente, querría comentar un dato que nos ha llegado sobre los hábitos de lectura de la generación Z, una población completamente nativa digital. Hay una tendencia significativa de los componentes de esta generación, que contra lo que se podría prever, prefiere la lectura en libro físico, por diferentes motivos. Es una generación que pasa muchas horas conectada a la pantalla y la lectura en papel acaba representando un descanso digital y, además, se aleja de las distracciones constantes que representa estar conectado en el mundo digital con mensajes que van y vienen constantemente. Otra cuestión es que, según estos estudios, hay cierta tendencia en esta generación de dar valor a aquello que es físico, al objeto, a aquello que se puede tocar, oler. Esta última tendencia hace que el vaticinio de que el mundo en papel tendría poco futuro esté lejos de cumplirse. Larga vida, pues, al libro en papel.