HOTELES CON HISTORIA

Mett Barcelona: la cuarta vida del Hotel La Florida

Vista aérea del hotel La Florida durante los años 50 (Trabajos Aéreos Fotogramétricos)
Vista aérea del hotel La Florida durante los años 50 (Trabajos Aéreos Fotogramétricos)

Para el séptimo capítulo de Hoteles con Historia en 'The New Barcelona Post', esta vez subimos hasta la cumbre del Tibidabo. Entramos en un hotel con nombre nuevo, Mett, aunque con una larga historia detrás: cuatro cierres y otras tantas reaperturas

30 de diciembre de 2025 a las 23:24h

Mett Barcelona implica la cuarta vida del Florida. Y empezamos por quien lo gestiona ahora, el grupo internacional Sunset Hospitality Group (SHG), fundado en Dubái por el empresario español Antonio González y el inversor Nazih Hafez, con fuerte conexión catalana (oficina en Barcelona y liderazgo hotelero a cargo del catalán Jaime Buxó).

En alianza con la socimi Atom Hoteles, han invertido 15 millones para resucitarlo en septiembre de 2025, justo en su centenario, como un resort urbano de cinco estrellas gran lujo, con 70 habitaciones, el primer spa Valmont Red Carpet de Europa, piscina infinita de acero inoxidable y espacios gastronómicos abiertos a huéspedes y barceloneses.

Hace 100 años

Lo previo es lo que encuentra hoy quien entra en el hotel. Sin embargo, retrocedamos un siglo. Todo empezó en 1925, cuando Salvador Andreu, el farmacéutico que impulsó el parque de atracciones del Tibidabo, el funicular y el tranvía azul, cumplió otro sueño: levantar el mejor hotel de Barcelona en el mejor emplazamiento posible. Diseñado por el arquitecto Ramon Raventós i Farrarons en estilo noucentista, con fachada monumental blanca, torres angulares y jardines del paisajista Jean-Claude Nicolas Forestier, el Gran Hotel La Florida se inauguró como un balcón sobre la ciudad y el Mediterráneo.

En sus primeros años, acogió incluso eventos internacionales auspiciados por la Sociedad de Naciones, el precedente de la ONU. Lo bueno duró poco. En 1936, la Guerra Civil lo convirtió en hospital militar, un uso que prolongó su cierre hasta bien entrada la posguerra. No resucitó como hotel hasta los años cincuenta, cuando se erigió en refugio veraniego de la alta sociedad barcelonesa: familias adineradas huían del calor urbano para instalarse en la montaña, con fiestas elegantes, bailes y escapadas discretas.

Por sus pasillos desfilaron algunas celebridades del momento: Ernest Hemingway, James Stewart, Rock Hudson, George Sanders o Fabiola de Bélgica, la española que se veía en secreto con su prometido, Balduino, antes de convertirse en matrimonio y ser los reyes de los belgas.

Los sesenta y setenta prolongaron la gloria, aunque en 1979 el desgaste acumulado y la falta de rentabilidad pasaron factura: se cerró. El icono blanco del Tibidabo quedó abandonado durante más de dos décadas, de 1979 al 2001.

En 1933, Alfredo Palacios visitó Barcelona y se quedó en el Florida. Varios personajes se fotografiaron con el senador argentino en la puerta del hotel, como Francesc Macià, Rafael Campalans, Carles Pi i Sunyer, Lluís Companys o Carles Riba. © Josep Domínguez - AFB

Una silueta en la cima de Barcelona

Mientras la ciudad se transformaba para los Juegos Olímpicos y vivió un boom urbano, el Florida dejó de tener huéspedes. Durante ese largo paréntesis, parte del edificio albergó un estudio de sonido e incluso se barajó como sede para TV3, la deseada Televisió de Catalunya. El parque de atracciones colindante soñó con convertirlo en La casa de la magia, y durante años también se rumoreó que acogería el Gran Casino de Barcelona.

En 1999, el promotor Salvador Tresserras, que había adquirido el edificio tras pasar por manos danesas y andorranas, encargó al prestigioso arquitecto japonés Arata Isozaki un proyecto ambicioso: rehabilitarlo como Relais & Châteaux, con cubierta transparente en el ático para un restaurante panorámico y una torre circular de servicios. Isozaki, ya admirado en Barcelona por la cúpula del Palau Sant Jordi, vio en el Florida la oportunidad de dejar otra huella importante.

El Hotel METT Barcelona recorta el 'skyline' de la ciudad.

El plan no prosperó, aunque aquel casi-renacimiento fallido añade una capa más de misterio a la montaña: ¿qué skyline hubiera tenido la ciudad con una cúpula transparente firmada por el japonés coronando el Tibidabo?

Una Junior Suite con vistas impresionantes sobre Barcelona.

En 2001 llegó el rescate definitivo: el empresario hotelero David Stein, un estadounidense campechano y eficaz, fundador del Stein Group, adquirió el edificio e invirtió 42 millones de euros en una restauración meticulosa que duró hasta abril de 2003. Con la ambición declarada de convertirlo en el hotel más lujoso de la ciudad, Stein organizó una fiesta de inauguración memorable, con 2.000 invitados.

El estadounidense fusionó lo noucentista original con elementos contemporáneos: piscina infinita de 37 metros, spa, jazz en directo y un diseño que mezclaba hierro forjado antiguo con acero inoxidable moderno. Bruce Springsteen lo convirtió en su cuartel general barcelonés: siempre se alojaba aquí cuando tocaba en la ciudad, atraído por la privacidad y las vistas al mar. En abril de 2023, Barack y Michelle Obama compartieron terraza con el Boss y Steven Spielberg antes del concierto inaugural de la gira europea en el Estadi Olímpic, en una de esas noches que confirmaban que el Florida seguía atrayendo a las estrellas mundiales.

Las terrazas del Mett con sus vistas sobre la ciudad son una zona muy admirada por huéspedes y visitantes de día.

Sin embargo, hasta los iconos muestran fatiga. El mantenimiento en una ubicación tan elevada resultó costoso y, en 2009 el hotel, propiedad entonces del fondo estadounidense Apollo, que lo había adquirido al grupo Stein, estuvo a punto de ser embargado por un banco alemán por impagos. Aunque siguió operando, aquellos traspiés financieros marcaron una etapa de declive, con ocupaciones bajas y sin cadena gestora durante períodos.

Coincidiendo con su pre-centenario, llegó la cuarta vida: SHG lo reinventó como Mett Barcelona, con habitaciones minimalistas en tonos mediterráneos, restaurante Albarada con cocina local y catalana, Vermutería 1925 evocando el año de inauguración, vibrante Pool Club con DJs y un Florida Lounge en alianza con Lladró, lleno de piezas escultóricas.

El Albarada es el restaurante gastronómico del hotel. Un olivo preside la sala

Conserva la esencia patrimonial, con techos altos, mármoles, balcones 360º, aunque gana frescura contemporánea y esa voluntad de ser un resort urbano abierto a la ciudad, con énfasis en la restauración y el entretenimiento. La ciudad que está a sus pies ha crecido, cambiado y se ha modernizado, pero aquellas vistas legendarias permanecen intactas. Y el hotel, tras guerras, abandonos largos, proyectos fallidos, crisis financieras y decadencias, ha sabido resucitar una vez más para seguir siendo parte de su historia.