Entre melodías, arquitectura y Gaudí: Barcelona vibra con la clásica

Mirador Torre Glòries Barcelona Ciutat de Clàssica
Mirador Torre Glòries Barcelona Ciutat de Clàssica

Del 5 de marzo al 1 de abril, el festival Ciutat de Clàssica transforma la capital catalana en una gran partitura viva y coral: más de 500 intérpretes en 50 conciertos que emocionarán a toda la ciudad

19 de febrero de 2026 a las 00:17h

En Barcelona, la primavera no solo florece: también resuena. Entre las olas del mar, el canto de los pájaros y el ritmo constante en las calles, la ciudad construye una banda sonora propia que, desde hace siete años, incorpora una nueva melodía: la del festival Ciutat de Clàssica. Del 5 de marzo al 1 de abril, el festival de música clásica transformará Barcelona en una gran partitura viva, reivindicándola como capital cultural, arquitectónica y, sobre todo, musical. Más de cincuenta conciertos —27 gratuitos— repartidos en 29 escenarios convertirán, de la mano de más de 500 intérpretes, cada rincón de la ciudad en auténticos templos del sonido, donde la música clásica se respire y se comparta.

El festival, ya consolidado como una cita imprescindible de la primavera barcelonesa, nació con un doble propósito. Por un lado, proyectar Barcelona como capital internacional de la música clásica —tierra de figuras como Pau Casals, Alicia de Larrocha, Montserrat Caballé o Victoria de los Ángeles— y poner en relieve el prestigio de sus instituciones musicales, escenario habitual de los intérpretes más aclamados internacionalmente.

De hecho, el atractivo de Barcelona como capital musical es tal que, según la última encuesta del Observatorio de Turismo de Barcelona, un 16,45 % de los visitantes asisten a un concierto durante su estancia. La música se convierte, como recordaba el lema de la primera edición del festival, “come for the music, stay for the rest”, en un preámbulo para cautivar a oyentes y visitantes de todo el mundo.

Por otro lado, el festival busca contagiar el amor por la música clásica, sobre todo entre los vecinos, ofreciendo conciertos gratuitos —haciendo la clásica accesible a públicos que quizá no frecuentan las salas tradicionales— y dando visibilidad al talento local y emergente. Así, el festival actúa casi como una cantera musical: solistas y conjuntos formados en la ESMUC o vinculados a las orquestas del Liceu o del Palau encuentran en el festival un trampolín de proyección. “Víctor Medem (director artístico del festival) es el Hansi Flick de la música: identifica y proyecta los talentos al inicio de su carrera”, bromeaba Ramon Agenjo, presidente de Barcelona Obertura.

Barcelona Obertura es la entidad que desde 2019 promueve el festival, gestionado por Turisme de Barcelona e impulsado por la unión de las tres grandes instituciones musicales de la ciudad —Palau de la Música Catalana, Gran Teatre del Liceu y L’Auditori— con el apoyo del Ayuntamiento, que este año aporta hasta 270.000 euros dentro de un presupuesto que supera los 330.000.

Presentación del festival Ciutat de Clàssica en el monasterio de Pedralbes. © May Zircus

La ciudad convertida en escenario

Con este doble y ambicioso propósito, el festival combina una programación doble: 27 conciertos gratuitos repartidos por los diez distritos de la ciudad; y 24 óperas y conciertos con músicos de renombre internacional en los tres grandes templos de la clásica: Liceu, Palau y L’Auditori. Entre los grandes nombres destacan desde la ópera Manon Lescaut, dirigida por Àlex Ollé con Asmik Grigorian como soprano, hasta la pianista Martha Argerich o el tenor Juan Diego Flórez.

Por su parte, los 27 conciertos gratuitos trascienden sus salas habituales y llegan a todos los distritos, “reuniendo desde melómanos habituales hasta vecinos que se acercan a la clásica por primera vez”, como recuerda Xavier Marcé, regidor de Cultura e Industrias Creativas. En total, más de 500 intérpretes actuarán en los 52 conciertos que ofrece el ciclo.

El concierto inaugural será, como es tradición, en la Antigua Fábrica Estrella Damm. © Barcelona Obertura
En estos conciertos, además, las melodías no son el único atractivo: también lo es el escenario en el que se desarrollan, repartidos en espacios singulares de la ciudad, desde la modernidad de CASA SEAT hasta el refugio antiaéreo 307. El concierto inaugural será, como es tradición, en la Antigua Fábrica Estrella Damm, que ofrecerá un adelanto del festival, con diferentes intérpretes participantes en la cita musical, desde Mireia Peñalver con su viola de gamba hasta el clarinete de David Carmona. Un concierto que será, a la vez, celebración de la música clásica y de Damm, que este año conmemora sus 150 años.Aunque el escenario inaugural sea el habitual, el festival se estrena este año en diez espacios nuevos, como la Fundación Julio Muñoz Ramonet, el Museo Europeo de Arte Moderno, la Biblioteca Horta-Can Mariner o la plaza Sóller en Nou Barris, llevando la música clásica a cada barrio y transformando la ciudad en un escenario vivo. Un año especial, además, porque Barcelona se reivindica no solo como capital de la música, sino también como ciudad arquitectónica —celebrando la Capitalidad Mundial de la Arquitectura— y modernista, coincidiendo con el Año Gaudí.
Este año, el festival celebra otras citas culturales de la ciudad, como la Capitalidad Mundial de la Arquitectura. © Barcelona Obertura
Además, el festival innova en esta edición en el sistema de reserva de entradas gratuitas: para garantizar una distribución más equitativa (ya que las entradas solían agotarse en menos de dos minutos), se asignarán mediante sorteo, al que se puede participar hasta el 20 de febrero. Esta edición también tendrá una carga emotiva: será la última con Víctor Medem, quien ha liderado la iniciativa desde sus inicios al frente de la coordinación artística. Medem, que desde julio dirige L’Auditori de Barcelona, cede el relevo a Laura Núñez, codirectora de la Asociación Franz Schubert, organizadora de la Schubertíada —un festival que, precisamente, Medem también dirigió—.

Respirar Gaudí con todos los sentidos

Aunque de carácter histórico, la música clásica no vive anclada al pasado: vibra y dialoga con el presente con una fuerza renovada. Por este motivo, este año el festival de clásica también se interrelacionará con otras grandes citas culturales del año, como el homenaje a Gaudí en el centenario de su muerte, celebrando su legado con un ciclo de conciertos en espacios que aún conservan el espíritu del genio creativo. La música resonará en la Casa Batlló (cuarteto de cuerda de la OBC), la Casa Vicens (Aina Font al saxofón y Laura Rouy a la guitarra), el Palau Güell (trío del Liceu) y la singular Torre Bellesguard (octeto de cuerda de la OBC).

La Torre Bellesguard, todavía un tesoro por descubrir para muchos barceloneses, contiene no solo bellos elementos modernistas, sino que también ofrece una panorámica excepcional de la ciudad. Otros miradores emblemáticos, como la Torre Glòries (con Aina Font al saxofón —galardonada en el concurso Primer Palau— y Laura Rouy a la guitarra) y la Torre Collserola (trío de cuerda del Liceu), que habitualmente requieren entrada de pago, acogerán ahora la música clásica con vistas que cautivan el alma.

La Torre Bellesguard y, al fondo, vistas de Barcelona. © Bellesguard

La huella de Gaudí no solo se podrá percibir a través de la vista, sino también del oído: el festival recupera en su repertorio obras de compositores catalanes coetáneos de Gaudí, como Francesc Pujol, Enric Morera, Francesc Alió, Narcisa Freixes o Amadeu Cuscó. Además, reivindica el talento de tres compositoras a menudo olvidadas: Luise Greger, Margarete Schweikert y Johanna Müller-Hermann, devolviendo su voz a los grandes escenarios.

Música y arquitectura: un binomio sensorial

Más allá de reivindicar el modernismo y a Gaudí, el festival se alinea con otra de las grandes citas culturales del año: la Capitalidad Mundial de la Arquitectura. Para celebrar esta distinción, el festival hará vibrar la música dentro de edificios arquitectónicamente emblemáticos. Desde espacios antiguos de gran valor patrimonial, como el monasterio de Pedralbes (con Mireia Peñalver a la viola da gamba y Santiago Gervasoni al clavicémbalo) —edificio que también celebra su propio aniversario, recordando el 26 de marzo de 1326, fecha en que comenzaron las obras del monasterio gótico— o el Palauet Albéniz —normalmente inaccesible, con Anna Urpina al violín e Inés Moreno al clavicémbalo—, hasta edificios más modernos, como el Pabellón Mies van der Rohe (cuarteto de cuerda del Liceu), símbolo de la arquitectura racionalista.

El Real Monasterio de Pedralbes también celebra 700 años desde que Elisenda de Montcada y Jaime II el Just colocaron la primera piedra. © Barcelona Obertura

Conciertos y óperas con artistas internacionales

Además de los conciertos gratuitos que llevarán la música por edificios y plazas, los grandes templos de la clásica —el Gran Teatre del Liceu, el Palau de la Música Catalana y L’Auditori— desplegarán una programación excepcional con 24 conciertos y óperas protagonizados por figuras de renombre internacional. Un mosaico sonoro que en L’Auditori congrega a Jordi Savall y Le Concert des Nations (29 de marzo), así como a la pianista Martha Argerich, entre otros.En el Liceu, dialogarán los amores imposibles de Manon Lescaut (del 17 de marzo al 1 de abril) —en una producción dirigida por Àlex Ollé y bajo la batuta del maestro Josep Pons, con Asmik Grigorian como soprano— con la potencia del tenor Juan Diego Flórez (19 de marzo), uno de los cantantes más reconocidos internacionalmente. Por último, el Palau de la Música Catalana ofrecerá un total de 12 propuestas artísticas que incluyen desde el estreno mundial de Mujer pájaro, de la compositora mexicana Gabriela Ortiz (21 de marzo), artista invitada de este año, hasta el recital del pianista Jan Lisiecki (5 de marzo), que pondrá la danza en el centro de su repertorio.
La obra Manon Lescaut en el Liceu es una de las propuestas que forman parte de la programación del festival. © Liceu