CARAS DESCONOCIDAS

La Trementinaire del Eixample

Marta Jordi, al seu herbolari, a l'Eixample. © Carme Escales
Marta Jordi, al seu herbolari, a l'Eixample. © Carme Escales

De fotógrafa a herborista, el cambio de rumbo profesional de Marta Jordi demuestra que, en la vida, somos nosotros mismos quién nos podemos sorprender, al girar una esquina, con ganas de emprender un nuevo camino. Y, en su caso, además de ganas, ha habido acción. Ha pasado de situarse detrás de una cámara fotográfica, a ubicarse al otro lado del mostrador. Eso sí, las plantas, los árboles, la naturaleza de donde proviene todo aquello que vende, ya de muy pequeña le atraían. Una pasión que siempre había latido ocultamente ahora ilumina su dedicación diario

20 de enero de 2026

La vida está hecha de cambios, desde que nacemos hasta que nos marchamos de este mundo. Algunos vienen dados y otros impuestos, pero muchos de nuestros giros de guion los conducimos nosotros mismos. Esta es la historia de uno de esos virajes vitales, una reconversión laboral. Marta Jordi pasó de ganarse la vida detrás de una cámara fotográfica, a hacerlo al otro lado de un mostrador.

En un momento en el que el comercio de proximidad, la tienda de barrio y el día a día de los autónomos tienen que superar tantas amenazas (compras por internet, impuestos, inspecciones...), Marta ha abierto un herbolario en el Eixample, en el número 167 de la calle Girona, en la esquina con Rosselló. Lo ha bautizado con el nombre de Les Trementinaires, en recuerdo y homenaje a las mujeres que iban a los bosques y prados del Pirineo, que conocían bien porque vivían en los pueblos del entorno, y cosechaban plantas con propiedades medicinales que después llevaban por toda Catalunya. Las podían prescribir para curar males, ya fuera, en contacto con la piel, como ungüentos o cremas, o para ingerir.

El nombre del oficio, trementinaires, viene de la trementina, una sustancia extraída de la resina de pino rojo con la que se hacían cataplasmas para el dolor, los golpes y las torceduras, o también para curar picaduras, úlceras e infecciones. Aquellas mujeres sabían las dosis necesarias de todo y los efectos en el organismo de flores, plantas, hierbas y aceites que la misma naturaleza produce. Su conocimiento era tan grande, que muchas de ellas fueron perseguidas y, acusadas de practicar la brujería, e incluso fueron quemadas por ello. El último viaje que se conoce de una trementinaire, tal como explican en el Museu de les Trementinaires de Tuixent, en la comarca del Alt Urgell, lo hizo Sofía, desde del pueblo de Ossera, en 1982.

Marta, una vez decidió que abriría su herbolario en Barcelona, tuvo claro el nombre que le pondría. Conocía la historia de las trementinaires y las admiraba. Ella se identifica con estas mujeres, “vendedoras ambulantes que iban por los pueblos curando a la gente”. Ahora mismo está haciendo aquello que ellas hacían, solo que todo lo que vende le llega, no lo tiene que ir a buscar al bosque.

Al bosque y a la montaña iba mucho de pequeña, con sus padres. Se entretenía recogiendo hojas y flores y haciendo álbumes con todo lo que encontraba. Trataba de identificar las plantas y se interesaba por qué era cada cosa y si se podía comer. Todavía guarda un álbum de cromos con los árboles de plazas y avenidas de la ciudad de Barcelona. Se hacía acompañar por su padre o por su abuelo para ir a encontrar estos árboles, para verlos en directo. Recuerda especialmente uno: el ginkgo biloba, los extractos del cual ahora despacha en su herbolario por sus propiedades beneficiosas para la memoria.

El bello arte de la fotografía

Con diez años, su padrina le trajo de regalo una cámara fotográfica al volver de un viaje a las Canarias. Y con aquella máquina empezó a llenar carretes de instantáneas que después hacía revelar. Había decidido estudiar Belles Artes, pero cuando estaba en segundo curso, se impuso su espíritu práctico que la llevaba a dudar que pintando cuadros pudiera vivir. Y pensó que lo más parecido dentro el mundo artístico con el que sí que veía que podría abrirse un camino profesional fue la fotografía, y se inscribió en el Institut d’Estudis Fotogràfics.

La botiga Les Trementinaires se encuentra en la calle Girona, 167. © Carme Escales

El trabajo en un laboratorio de fotos le facilitó el conocimiento de fotógrafos y, de contacto en contacto, y llamando a puertas, acabó siendo colaboradora habitual de diferentes medios de prensa escrita. Pero, aquello que ella ya muy pronto intuyó que sería el futuro de la fotografía, las cámaras digitales ----con la llegada de los móviles, sobre todo---, ha acabado invadiendo tanto la fotografía profesional, que los encargos de este ámbito empezaron a disminuir. Y la pandemia fue, prácticamente, el punto final en su camino laboral como fotógrafa.

Gracias a un amigo comercial de productos naturales, supo que en un herbolario de la calle Comtal buscaban a alguien para trabajar. Era la tienda Agricolia, un comercio abierto en 1930 que, como tantos otros, por la subida del precio del alquiler, tuvo que cerrar. “Ahora es uno de esos supermercados regentados por paquistaníes. Pasó de vender salud, a vender Coca Cola y patatas fritas”, resume Marta.

En marzo hará un año que Marta Jordi abrió el herbolario. © Carme Escales

Solo pudo trabajar allí unos meses, pero fue tiempo suficiente para darse cuenta de que aquello le gustaba mucho. Su empatía con la gente la hacía conectar agradablemente con aquel vínculo de dependienta y clientela. En realidad, aquella nueva ubicación laboral la estaba conectando también con un interés que siempre había estado latente en ella. Tanto, que hace una quincena de años, solo por las ganas de aprender, estudió naturopatía y acupuntura. “Tuve muchos problemas para quedarme embarazada y quería saber si, con algún tratamiento natural, después de haber consultado a médicos, me podría ayudar”, explica. Y fue un profesor de acupuntura quién, con fitoterapia china, facilitó que consiguiera ser madre.

Con una gran empatía como aliada, día a día se va consolidando como trementinaire del Eixample
Todo lo que ya sabía sobre el poder de las plantas, con su vivencia personal todavía elevó más el valor y función de estas. Dos experiencias de trabajo en diferentes herbolarios más, después del de la calle Comtal, hicieron que, al saber que un local muy cerca de su casa se alquilaba, fuera capaz de imaginarse en aquel espacio comercial su propia tienda de hierbas y remedios naturales.

En marzo hará un año que la abrió. Uno de los primeros pedidos que hizo fue La Mel d’en Pere, potes de miel que el mismo pequeño productor de Torelló, a Osona, le trae personalmente. “Cuando viene, me explica las aventuras de sus abejas”, comenta Marta. Ella diseñó las etiquetas con el nombre de las hierbas que contienen la cincuentena de tarros de cristal con tapón de corcho que encontramos en este herbolario. Las hierbas a granel son el producto principal del establecimiento. “Lo fuerte de la tienda son las hierbas y la complementación de vitaminas y minerales, y también algunos productos como la espirulina o la maca”, explica. “También voy trayendo cosas que los mismos clientes conocen y me piden. Si no lo tengo, me lo hago traer”, dice.

Hierbas para dormir y digestivas es lo que más le pide la gente. También remedios para el resfriado que, “dependiendo del punto en que está, puede mejorar más con una hierba que con otra. Cada etapa del resfriado tiene su planta recomendada”, precisa. De todas las hierbas, destaca el tomillo, porque es ---afirma--- “la hierba todoterreno, con la que se pueden hacer infusiones y también sopas”.

La Marta Jordi diseñó las etiquetas para los potes de las hierbas. © Les Trementinaires

Junto a las más clásicas ---las de toda la vida que, como los dichos populares, han funcionado de generación en generación, siglos y siglos, y siguen teniendo sentido---, a establecimientos como el de Marta, cada época llegan novedades y modas. Ahora es el momento de la ashwagandha, “una planta de India de la medicina ayurvèdica considerado un adaptógeno, porque regula los niveles de cortisol y, por lo tanto, ayuda a conseguir equilibrio emocional”, detalla.

“Me gusta mucho escuchar a los clientes y también ver cómo ellos se interesan por lo que les explico”, comenta. Con una gran empatía como aliada, día a día se va consolidando como trementinaire del Eixample.

Combinando varias hierbas, prepara Els saquets de Les Trementinaires, para poner en algún lugar de la casa o en cualquier espacio preciso y dejar que haga su efecto. © Les Trementinaires

Henna para teñirse el pelo también tiene, porque ella la utiliza, “y así ---dice--- introduzco a la gente en el mundo de los tintes naturales”. Ya está pensando en poner en marcha talleres de cosmética natural, y de fermentados, porque es una apasionada de la kombutxa.

También ofrece incensos y velas que ambientan, purifican y renuevan energías, como también -dice- lo hacen las hierbas. “Más allá de su efecto más conocido sobre el organismo, también tienen su energía particular”. Combinando varias hierbas, prepara Els saquets de Les Trementinaires, para poner en algún lugar de la casa o en cualquier espacio preciso y dejar que haga su efecto. Por ejemplo, “el laurel, la manzanilla y la naranja mezclados van en el saquito de la suerte. El del amor lleva rosas, espliego, canela y fresa, porque el amor quiere dulzura”, concluye.

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Carme Escales
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