La terapia psicológica para pacientes con depresión deja una huella medible en la sangre. Esta es la principal conclusión de un estudio liderado por Maria J. Portella, del IR Sant Pau, conjuntamente con Analia Bortolozzi, del IIBB-CSIC, con Lluís Miquel-Rio y Muriel Vicent-Gil como primeros autores. La investigación, publicada en Scientific Reports, ha identificado firmas moleculares diferentes según el tipo de terapia psicológica aplicada a 22 pacientes con trastorno depresivo mayor. Los resultados abren la puerta a desarrollar biomarcadores en sangre que permitan medir la respuesta a los tratamientos y avanzar hacia una psiquiatría de precisión, adaptada al perfil biológico de cada paciente.
Psicóloga experta en neuropsicología clínica y doctora en Neurociencias, Portella se formó en la Universitat de Barcelona y en la University of Oxford. Nacida en Menorca, actualmente es investigadora sénior y jefa del Grupo de Investigación en Salud Mental del Institut de Recerca Sant Pau, y profesora asociada médica de la Universitat Autònoma de Barcelona. Su investigación se centra en los factores neurobiológicos y psicológicos de la depresión y en la respuesta a los tratamientos, aunque también ha trabajado en esquizofrenia y trastorno bipolar. Portella, que ha publicado más de 150 artículos científicos en revistas internacionales, es además autora de dos libros de divulgación sobre autismo y neurodiversidad.