Un río gris que avanza sin pausa. Este es el escenario habitual de un viernes laborable en el metro de Barcelona. Pasajeros con prisas por cumplir con la larga lista de obligaciones que conlleva la rutina. Sin embargo, este viernes un elemento inesperado rompe la normalidad: una peluca azul eléctrica, un vestido rosa que destaca entre los trajes de oficina y una Poké Ball preparada para sacar al Pokémon que en ella esconde en cualquier momento. Son estos indicios los que indican que, en la capital catalana, estos días se ha abierto un portal: Manga Barcelona. Un portal que conecta directamente con el país del Sol naciente y con la magia de la cultura japonesa, con sus recetas, su artesanía, sus tradiciones y, por encima de todo: sus cómics, historias y personajes.
El portal, de hecho, solo se abre una vez al año: a inicios de diciembre. No es de extrañar, por tanto, que una larga cola de jóvenes, familias y veteranos aguardaran impacientes, este viernes, a la apertura de puertas de Manga Barcelona. “Llevo un año pensando en los trajes que llevaré estos cuatro días”, confiesa Raze, que ha cosido y confeccionado ella misma los vestidos y pelucas, con la ayuda de su madre, para convertirse en múltiples personajes de series y cómics. “Hemos estado semanas sin dormir y sin parar de coser, incluso ayer me dormí a las tres de la mañana retocando los últimos detalles de la peluca”, añade, aunque parece que no le pesa la falta de sueño porque la ilusión es mayor.
Cuando se abren las puertas del portal, la multitud no camina, corre, impaciente por descubrir las novedades que trae consigo la 31ª edición del salón. Un total de 302 expositores repartidos por más de 90.000 metros cuadrados del recinto Gran Vía de Fira Barcelona. En los aparadores, una infinidad de mangas de todos los autores ---internacionales y nacionales---, temáticas y tipologías, peluches de personajes emblemáticos de la cultura anime y productos exclusivos traídos directamente del país nipón.
“El salón es, por encima de todo, un lugar de encuentro, un espacio en el que reunirse y expresarse, rodeándose de personas que comparten las mismas aficiones”, resume Meritxell Puig, directora de FICOMIC, entidad organizadora de Manga Barcelona y Cómic Barcelona —el salón centrado en el mundo del cómic, que se celebra cada primavera en la ciudad—. Es, además, un espacio “en el que vivir experiencias y momentos únicos, descubrir novedades y conocer a los creadores de tus personajes favoritos”, añade Puig.
Entre la larga lista de invitados que, hasta el lunes, pasearán por el salón firmando ejemplares, destacan nombres como Gou Tanabe, reconocido por las adaptaciones del universo de Lovecraft o los mangaka Tsutomu Takahashi, que presentará sus últimos trabajos —como Jumbo Max o Guitar shop Rosie— y Akemi Takada. También habrá espacio para la música, con un cierto exclusivo dedicado a Cowboy Bebop, con la banda original Seatbelts y la compositora Yoko Kanno, una oportunidad única para bailar al ritmo de un espectáculo que se podrá ver por primera vez fuera de Japón.
Pero conocer a los artistas o bailar al ritmo de las intros de animes populares son solo algunas de las múltiples actividades que este portal único ofrece. Degustar recetas japonesas como un ramen caliente —ideal para estas fechas hibernal—, takoyakis (bolas de pulpo) o mochis. Aprender a dibujar como un auténtico mangaka. Practicar artes marciales como el aikidō. Pasearse entre los diferentes estands de las editoriales, entre las que se encuentran grandes nombres como Norma Editorial –una de las grandes responsables de la introducción del manga en España—, o Planeta Manga para elegir la próxima lectura, mientras un gigante Luffy de One Piece salta por encima de las cabezas de los asistentes. Probar videojuegos exclusivos de la mano de Nintendo, que ocupa un espacio central en el salón… Todo, con un bubble tea, un Yakult, o una cerveza Asahi en la mano, porque aunque son productos que habitualmente ya se pueden encontrar en la ciudad, se disfrutan más compartiéndolos en el Manga Barcelona.
Porque, ante todo, el salón es un espacio de expresión. “Lo mejor del salón es poder ser uno mismo: hacer cosplay —caracterizarse de un personaje de manga, anime o videojuegos—, vestirse con pelucas extravagantes o trajes imposibles sin que esto resulte extraño y hacerlo rodeado de gente que vive esta afición con la misma intensidad”, resume Dazzling. En este portal los extraños, de hecho, son aquellos que no van caracterizados o no llevan consigo ningún elemento de sus personajes favoritos.
Especialmente desde la pandemia, muchos jóvenes conectaron entre ellos a través de las redes sociales. Y es en el salón donde, año tras años, estas relaciones se desvirtualizan y materializan: “Cada dos pasos te encuentras con algún amigo o conocido que sigues en redes sociales... No hace quedar previamente o preguntarles si vendrán porque sabes que todos estarán aquí, es una fecha que bloquemos en el calendario cada año”, afirma Raze, que acumula 15 años acudiendo al salón, desde que sus padres la trajeron por primera vez con 8 años.
De subcultura a cultura de masas
El Manga Barcelona se convierte, así, en un puente entre distintas generaciones. Aunque el manga se asocia habitualmente a jóvenes y adolescentes, en sus pasillos conviven niños que compran sus primeros cómics, familias que acuden conjuntamente al salón (desde abuelos a nietos) y veteranos que reviven la nostalgia de esas primeras series que los introdujeron en este mundo que ya nunca han querido dejar atrás.Porque los jóvenes que hoy asisten con sus amigos fueron los niños que venían acompañados de sus padres, seducidos por los dibujos animados que acompañaban su infancia, desde Doraemon a Naruto, pasando por Sakura cazadora de cartas o Inuyasha. Así lo han vivido las ilustradoras hanavbara, dos hermanas gemelas que acudieron por primera vez al salón siendo tan solo unas niñas, animadas por su padre, y que ahora vuelven como ilustradoras junto a Planeta Manga y con más de 500 mil seguidores en su Instagram. “Volver como ilustradoras es como cerrar el círculo: un homenaje a esas niñas que año tras año acudían felices por poder disfrutar del manga y el anime durante unos días”, cuentan estas hermanas de Barcelona que empezaron a dibujar, inspiradas en el estilo retro japonés de los años 90 por hobby y que ahora ya preparan su primer cómic.
Las hermanas han sido unas de las tantas personas que han visto crecer al salón en los últimos años: desde un pequeño rincón para aficionados en la Estació de França hace 31 ediciones a ocupar más de 90.000 metros cuadrados en el recinto Gran Vía de Fira Barcelona, después de pasar también por La Farga o el recinto de Montjuïc de Fira. Una evolución que, para la directora de FICOMIC, demuestra el crecimiento del manga en las últimas décadas: “el manga ha dejado de ser una afición de nicho, casi como una subcultura, a una cultura de masas”. Así lo demuestran las cifras del festival: tan solo en su anterior edición, en la que el salón celebró su 30º aniversario, reunió a más de 167.000 visitantes.
La afición del manga en Catalunya, de hecho, no es tan antigua: fue en la década de los 90 que empezaron a llegar las primeras historias escritas en japonés, impulsadas por el fenómeno de Bola de Dragón. Poco a poco, la distancia entre el país nipón y Barcelona se ha ido recortando y hoy la conexión es tan estrecha que no solo cada año acuden más artistas japonesas al salón, sino que incluso los mangakas profesionales que trabajan desde la ciudad ven sus historias publicadas en Japón —y, quién sabe, si incluso verán un anime inspirado en sus personajes—, como Konata, que se ha alzado con el Manga Barcelona Award en la categoría de mejor manga de autoría española. La mascota oficial del salón, de hecho, es un emblema de esa conexión: cuenta la leyenda que accidentalmente un panot cayó en las aguas de una playa de Barcelona, provocando la apertura de un portal, del que surgió Onachan, que hoy es uno de los personajes indiscutibles del salón, entre abrazos y selfies.
Ahora, esas generaciones que disfrutaban con las aventuras de los coloridos personajes han crecido y han transmitido esa fascinación a sus hijos, siendo un espacio que conecta a todas las generaciones. Muchos de los cuales es, precisamente, a través del cómic, y específicamente del manga ---ya que es, con diferencia, el formato más consumido---, que se han aficionado a la lectura. “El salón es también una puerta de entrada a la lectura para muchos niños y adolescentes”, subraya Puig. Y es gracias a este tipo de lecturas, así como otros géneros como el romantasy o el young adult, que los jóvenes se han convertido en la franja de edad que más lee en Catalunya: más de un 76% de las personas de entre 14 y 24 años ha leído un libro en el último trimestre. Entre ellos, más de un 37% ha leído al menos un cómic.
En el Manga Barcelona, cada visitante que cruza el umbral inicia un viaje hacia la imaginación y la fantasía, rodeado de personas que comparten su afición y que, como ellos, llenan el metro de la ciudad de pelucas y trajes coloridos. Un portal abierto que conecta generaciones y demuestra que la pasión por el manga ya no es un mero entretenimiento: es también una forma de expresión, de pasión por la literatura y, en definitiva, de conexión.