Antes de la actual piel bancaria y hotelera, en aquel solar estuvo uno de los símbolos más rotundos de la Barcelona burguesa: la histórica sede del Círculo Ecuestre. Inaugurado en 1926 por Alfonso XIII, el edificio representaba una ciudad segura de sí misma, europeizada y orgullosa de ciertos rituales sociales. No era solo un club de aficionados a la hípica. Era un escenario de sociabilidad, prestigio y poder formal-informal, considerado en su época uno de los clubes más refinados de Europa.
Algunos pasajes de la novela Potser no hi va haver mai primavera, del periodista Vicenç Lozano, transcurren precisamente en aquel club. El libro recupera un periodo poco explorado: la vida cotidiana de una Barcelona que habitó el breve paréntesis republicano entre 1931 y 1936, una rara avis en la historia política española.
La proclamación de la Segunda República no supuso, como a veces se ha simplificado, el colapso inmediato de aquella vida social. Muchos socios celebraron el nuevo tiempo político. La fractura real llegaría después. El golpe de Estado y la Guerra Civil transformaron radicalmente el destino del inmueble, incautado y destinado a usos sindicales y políticos, muy lejos de su función original.
Tras el conflicto, el edificio jamás regresó a manos del club. El nuevo régimen resignificó ese club como sede de Falange Española de las JONS, alterando incluso sus espacios más emblemáticos. Un ejemplo: la piscina de mármol concebida en el proyecto original fue vaciada y convertida en el llamado Salón de los Caídos. La arquitectura, como tantas veces en Barcelona, volvió a ser rehén de la historia.
El episodio siguiente sería todavía más drástico. El antiguo edificio desapareció en los años cincuenta, en plena euforia desarrollista. Su derribo, accidentado y muy recordado en la ciudad, dio paso a la construcción de la nueva sede para el Banco Hispano Americano, proyectada en 1955 por el arquitecto vasco Manuel Galíndez. Aquel inmueble funcional y rotundo, emblema del poder financiero de la época, acabaría integrado décadas después, a base de fusiones, en la órbita del Banco Santander.
Del Círculo al banco
El tránsito de club social a banco no fue anecdótico. Reflejaba un cambio profundo en la jerarquía simbólica de la ciudad: del poder social al económico, de salones privados a oficinas corporativas. El Ecuestre se trasladó a la Diagonal con Balmes, mientras el Passeig de Gràcia consolidaba su condición de escaparate empresarial y eje financiero, hoy de nuevo cambiado por el hotelero y las multinacionales de la moda.El giro decisivo que hace que este edificio entre en un capítulo de nuestra serie llegaría ya en el siglo XXI. En 2005, se planteó que el edificio fuese un nuevo hotel y entró en una pugna de grandes marcas internacionales. Mandarin Oriental, la legendaria enseña nacida en Hong Kong, aspiraba a hacerse con su gestión frente a gigantes poderosos como Four Seasons o Starwood. La operación, impulsada por Reig Capital Group, anticipaba una mutación de enorme carga simbólica: un banco tradicional transformado en icono del superlujo asiático.
Y fue un Mandarin
Cuando el hotel abrió sus puertas en 2009, los invitados asistieron a algo más que una inauguración de un nuevo establecimiento de prestigio en la ciudad. La marca aterrizó en España con un lenguaje estético y conceptual radicalmente distinto al del lujo europeo tradicional. El interiorismo, confiado a Patricia Urquiola, introdujo una elegancia interesante, contemporánea y casi silenciosa. La competencia miró con atención al nuevo.Sin embargo, el pasado financiero no desapareció del todo. El Banker’s Bar, construido a partir de antiguas cajas de seguridad de clientes, funciona como un guiño a la memoria del edificio. Allí sobrevivía, convertida en escenografía, la lógica del secreto y la custodia; muchos valores que guardaban aquellas cajas nunca se reclamaron por desconocimiento o prudencia.
Una de las características notables del hotel es su entrada. Se accede por una rampa suspendida que actúa como una especie de puente levadizo contemporáneo tras la fachada con las figuras esculpidas por Frederic Marés. El gesto arquitectónico está buscado para que el huésped o visitante, más que entrar, ascienda al Mandarin. La transición desde el bullicio del Eixample hacia el interior del edificio se convierte en una pequeña ceremonia cada vez que se llega.
El vestíbulo confirma la sensación. No hay ostentación clásica ni exceso ornamental. La sofisticación está en la materia, la luz y las texturas. El trabajo de interiorismo, aun impresionando, no busca ese efecto, sino envolver al que llega, algo que pasa al que se queda: las habitaciones y suites prolongan esa sensación. Más que habitaciones de hotel, son apartamentos urbanos cuidadosamente coreografiados. Entre ellas, las suites con vistas directas al Passeig de Gràcia resumen bien la propuesta: amplitud, silencio, calidez y aspecto contemporáneo.
Hay que destacar el spa, que la casa ha concebido como un santuario de serenidad. La piscina interior impresiona porque huye de lo grandilocuente y refuerza la idea del hotel: aislar al huésped del ritmo urbano sin desconectarlo de la ciudad y aquí regresa la serenidad de aquella piscina del antiguo Ecuestre.
Un hotel más grande, un símbolo reforzado
La operación para convertir el Mandarin en un lugar aún más prestigioso con la añadidura de nuevas suites no fue solo hotelera. Fue urbana, económica y estratégica. En 2011, Reig Capital Group alcanzó un acuerdo con Isak Andic para incorporar al establecimiento el edificio contiguo del Passeig de Gràcia 36, antigua sede del Banco de Sabadell, propiedad del que fue dueño de Mango. La ampliación reforzó su posicionamiento en el segmento más alto del mercado.
Con los años, el hotel consolidó un perfil muy singular dentro del ecosistema local: tarifas inéditas en Barcelona, clientela global y una posición simbólica que trasciende la mera hospitalidad. En 2023, el edificio añadió un nuevo capítulo a su biografía. The Olayan Group adquirió la propiedad por más de 220 millones de euros, confirmando algo que Barcelona lleva tiempo demostrando: sus direcciones más codiciadas son activos globales: pasó de andorrano a saudí.
Así, el antiguo solar del Círculo Ecuestre, después cuartel político, banco y emblema financiero, ha terminado convertido en uno de los templos del superlujo internacional. Un lugar donde la historia urbana, la arquitectura y la economía se superponen con una naturalidad barcelonesa. Los edificios de nuestra ciudad y quienes los apreciamos rara vez olvidan quiénes fueron… y este ha sido muchas, muchas cosas a lo largo de su vida.