Unos libros con alas cuelgan del techo en uno de los expositores de la entrada de Liber, el salón profesional del sector editorial español que hasta el jueves toma el recinto Gran Via de Fira de Barcelona. Suspendidos sobre quienes llegan a la feria, parecen a punto de echar a volar, preparados para alcanzar nuevos lectores y aterrizar en otros rincones del mundo. Basta con caminar unos metros por los pasillos de Fira Barcelona para que esa imagen cobre sentido: Liber se convierte estos días en una enorme y plural librería, con libros en cada expositor y visitantes que recorren las estanterías, hojean ejemplares, se reúnen con editores y buscan historias que puedan encontrar nuevos lectores más allá de sus fronteras.
Pero Liber no es solo un lugar para mirar libros. Aquí se viene a buscar historias, lectores, mercados y, sobre todo, conexiones que permitan que los libros del sector editorial español, para el que Liber funciona como un gran escaparate, puedan viajar más allá de sus fronteras.
La dimensión internacional del salón profesional se puede observar también a través de sus cifras: 250 expositores procedentes de 19 países participan en esta 44.ª edición, desde editoriales independientes hasta grandes grupos como Penguin Random House o Planeta, pasando por sellos especializados en literatura infantil y juvenil, educación, libros de texto o publicaciones religiosas. La organización prevé superar los 9.000 visitantes durante los tres días de feria y ha invitado a más de 700 profesionales de 70 países —entre los que se encuentran bibliotecarios de instituciones como la Universidad de Berkeley o Stanford—, con más de 4.000 encuentros profesionales ya programados.
Y basta con caminar entre los expositores para darse cuenta de que los libros del sector editorial español —no solo publicados en castellano, también en catalán o euskera— ya han empezado a viajar. El inglés se cuela constantemente en las conversaciones y las reuniones, mientras por los pasillos se suceden editoriales de Ucrania, China, Chile, Perú o Turquía. Junto a ellas, tampoco falta una amplia representación local, concentrada en el estand colectivo Catalunya, país de llibres. Barcelona, ciutat de literatura, compartido por el Ayuntamiento de Barcelona, el Institut Català de les Empreses Culturals y el Gremi d’Editors de Catalunya. Allí coinciden sellos como Barcelona Llibres, el sello editorial del Ayuntamiento, junto a Edebé, Tibidabo Editorials, Editorial Kairós o Edhasa.
Toda esta diversidad internacional que se concentra estos días en Liber se explica, en parte, por el peso del sector editorial español, uno de los mercados del libro más importantes a escala mundial. José Manuel Anta, director general de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) —impulsora de Liber—, habla de una “excepción” en el panorama internacional: el sector encadena más de doce años de crecimiento sostenido, mientras otros mercados se enfrentan a mayores dificultades.
Los libros también viajan sin moverse
Ese peso del sector editorial español también se refleja en su capacidad para salir al exterior. De hecho, la dimensión internacional del sector es tal que la FGEE calcula que las exportaciones se acercan ya a los 400 millones de euros. Una dimensión que estos días se hace visible en Liber, en los pasillos, en las reuniones y en los encuentros entre profesionales llegados de distintos países.
Entre quienes buscan esas conexiones se encuentra Olena Odynoka, subdirectora de cooperación internacional del Instituto Ucraniano del Libro, que participa en Liber por tercera vez. “El mercado en español es uno de los más grandes del mundo y para nosotros es muy importante poder ser traducidos y estar presentes en estos mercados. La feria nos permite precisamente seguir fortaleciendo esas conexiones”, explica.
Para el sector editorial ucraniano, estas conexiones son especialmente importantes después de las pérdidas provocadas por la guerra. Odynoka calcula que 13 millones de libros fueron destruidos durante el verano, alrededor de una tercera parte de su mercado, con más de 23 millones de euros en pérdidas. Ahora buscan fórmulas para recuperarse, desde campañas de micromecenazgo e instrumentos estatales de apoyo hasta la formación de nuevos traductores, algunas de las vías que también buscan reforzar estos días en Liber.
Pero el libro, para Odynoka, tiene un valor que va más allá de las cifras y de la reconstrucción de un mercado. “El libro ofrece un refugio para la mente, porque permite escapar de la realidad”, expresa. Y en estos días de lluvia, en Barcelona, la imagen adquiere un significado casi literal. Mientras la lluvia cae al otro lado de las puertas de Fira de Barcelona, los pasillos de Liber se convierten en pequeños refugios. Entre estanterías, reuniones y libros que cambian de manos, basta con detenerse unas páginas para alejarse, aunque sea por un momento, de lo que ocurre fuera.
"El libro ofrece un refugio para la mente, porque permite escapar de la realidad"
La capacidad de establecer conexiones también han llevado por primera vez a Liber a Macarena Morales, directora editorial del grupo chileno Muñeca de Trapo. Llega desde Chile con una agenda llena de reuniones con editoriales españolas y con la intención de “establecer sinergias” y editar libros conjuntamente. Pero reconoce que no todo ocurre en las reuniones previstas: “Es en los encuentros improvisados donde surgen las ideas más interesantes”. Parte de su catálogo infantil, explica, nació precisamente de encuentros surgidos en otras ferias internacionales como Frankfurt o Guadalajara.
Pero esas sinergias no siempre consisten en llevar un libro de un país a otro. A veces una historia viaja en forma de traducción, de una nueva edición o incluso salta a otro formato. Son otras maneras de hacer que un libro cruce fronteras y, cada vez más, forman parte del negocio internacional del sector. Es precisamente ese movimiento el que concentra un nuevo espacio de Liber: el Salón de los Derechos, estrenado en la anterior edición de Liber, celebrada en Madrid —ya que la cita se alterna cada año entre las dos ciudades—, y que ahora llega a Barcelona.
Más de 600 reuniones están ya agendadas en este espacio, donde durante horas se suceden conversaciones entre editoriales para vender y adquirir derechos y conseguir que una obra llegue a otra lengua, otro mercado o incluso a otro formato. Por las mesas pasan editores de Azerbaiyán, Alemania, Corea del Sur, Estados Unidos, Indonesia o Taiwán, entre otros países. Un negocio que, aunque a veces invisible ya mueve, según calcula la FGEE, alrededor de 100 millones de euros al año.
Del libro juvenil a la inteligencia artificial
Además de ser un escaparate del sector, Liber es también un lugar para hablar de los cambios que lo atraviesan. Entre los pasillos y las salas de conferencias aparecen temas recurrentes como la inteligencia artificial, los derechos de autor, la sostenibilidad, la accesibilidad y los nuevos formatos de lectura, desde el audiolibro hasta el libro digital.
Y, en medio de esas reflexiones sobre el futuro del libro, aparece también una de las preocupaciones del sector: los jóvenes y su relación con la lectura. Los últimos informes PISA han alertado de las dificultades de comprensión de textos largos entre los estudiantes de 15 y 16 años. Manuel González, presidente de la FGEE, lo resumía así en una entrevista con The New Barcelona Post: “Los jóvenes son el segmento de población que más lee, pero eso no significa necesariamente que comprendan mejor lo que leen”.
Por ese motivo, la literatura juvenil también ocupa una parte de la reflexión de la feria, no solo para hablar de los jóvenes como lectores, sino también para cuestionar la idea de que necesitan historias y lenguajes más simples. “El gran tópico de la literatura juvenil es que el lenguaje o los temas deben ser simples, pero vemos que los adolescentes no solo están preparados sino que reclaman temas complejos”, ha expresado Carlos Mayor, traductor y editor. Es solo una de las cuestiones que se abordan estos días en Liber, que reúne más de 80 actividades y alrededor de 150 ponentes para hablar del presente y el futuro del sector.
Mientras en las salas continúan las conferencias y en los pasillos se suceden las conversaciones, sobre la entrada de Liber esos libros con alas siguen suspendidos en el aire, como si estuvieran a punto de emprender el vuelo. Dentro, cada reunión y cada conexión abre una posibilidad: otra lengua, otro país, otro formato, otro lector. Y así, entre libros que cambian de manos y conexiones que cruzan fronteras, las historias buscan nuevos lugares donde aterrizar.
