Leonart Motors, una historia familiar de motos que van de las custom a Bultaco

Marc y Jordi Llorens, fundadores de Leonart Motors.
Marc y Jordi Llorens, fundadores de Leonart Motors.

Lo que empezó como una empresa familiar de maquinaria textil se ha convertido en una firma que vende motos desde Europa hasta Japón, que estrena nuevo modelo de rally diseñado con la mítica marca catalana

18 de agosto de 2026 a las 05:30h

La historia de Leonart Motors empezó mucho antes que las motos. En 1986, la familia Llorens puso en marcha una empresa dedicada a la maquinaria textil industrial. Durante años, aquel fue el negocio familiar, hasta que el cambio de siglo llevó también un cambio de escenario. “A partir de los 2000, el mundo del textil en Catalunya acabó de caer en picado”, recuerda Jordi Llorens.

Entonces, los hermanos, Jordi y Marc, compartían una afición: las motos. En 2004, un cambio en la normativa les hizo pensar que quizás había una oportunidad empresarial: el carné de coche pasó a permitir conducir motos de hasta 125, y el mercado empezaba a abrirse a nuevos usuarios: “Vimos que había la posibilidad de hacer en 125 lo que no había en el mercado: motos estilo custom”, explica Jordi. 

Sin experiencia previa en el sector, los hermanos decidieron apostarlo todo y crear una marca propia. El nombre también tenía una historia familiar detrás: Leonart es el apellido de su madre. El primer modelo que llegó fue la Spyder. “Gustó mucho y vimos que existía un nicho de mercado que podíamos atacar como empresa familiar que somos”, explica. Aquel primer modelo se ha convertido, veinte años después, en una empresa que vende unas 700 motos anuales y tiene presencia en una decena de países.

Modelo de Leonart Motors.

Leonart mantiene en Barcelona parte esencial del proceso: desde Mataró se diseñan las motos y se gestiona la relación con los proveedores, la logística, los concesionarios y el servicio técnico. La fabricación se hace con proveedores asiáticos, principalmente en China. Con siete personas en el equipo, la marca ha construido una red internacional de distribución. Francia y España son los principales mercados, gestionados directamente desde Barcelona, mientras que en otros países trabajan con importadores.

La posventa, de hecho, es una de las lecciones que Leonart se llevó de su primera vida industrial. “Al final, las motos también son máquinas. Ya estábamos acostumbrados a dar servicio en este sentido” destaca Llorens. Así, recambios, servicio técnico y atención al cliente han sido, desde el principio, una parte importante de la propuesta de la compañía.

Una moto que llega hasta Japón

La internacionalización ha ido llegando de manera progresiva, también a través de ferias y del contacto con distribuidores. Portugal, Bélgica o Alemania son algunos de los mercados donde Leonart ha ido entrando, pero uno de los saltos más significativos ha sido Japón. El contacto surgió en una feria en Italia, donde una empresa japonesa se interesó por la marca. “Fuimos hacia allí, y también hicimos una feria en Tokyo”, recuerda Llorens.

Modelo Pilder de Leonart Motors.

Ahora el objetivo es continuar ampliando el mapa. El Reino Unido, con una fuerte cultura motociclista, es uno de los próximos mercados que quieren abordar. Además largo plazo, la mirada apunta hacia Estados Unidos y Sudamérica, como detalla Llorens.

El regreso de Bultaco

Leonart quiere llegar hasta ahí con modelos que idean para que tengan una vida larga y sean reconocibles. La firma catalana actualmente comercializa seis modelos —cuatro de combustión y uno eléctrico—, y todos se han diseñado con una intención: “Trabajamos para hacer motos que se puedan identificar con la marca y que tengan identidad”. Ahora, lo ha hecho con un nuevo modelo de rally diseñado con la icónica Bultaco, la Rally GT 300, que representa el retorno de mítica marca catalana.

El nuevo modelo de Leonart Motors con Bultaco.

“Damos mucha vida a los modelos. Hacemos diseños que aguantan mucho en el tiempo, sin estéticas supercontemporáneas que pierdan rápidamente el sentido”, afirma Llorens. Por ejemplo, uno de los modelos más vendidos de la compañía, el Daytona, prácticamente no ha cambiado desde que se lanzó en 2009. 

Con esta filosofía, la compañía familiar factura alrededor de 1,5 millones de euros, y ahora afronta una nueva etapa para seguir creciendo y llegando a nuevos mercados. Lo hace 20 años después de haber nacido a raíz de la reconversión del negocio familiar, de la mano de la misma familia que, dos décadas después, continúa buscando nuevas carretas en las que rodar.

La Pilder de Leonart Motors 
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