Del suelo a las orejas: el arte de saber aprovechar

Laura Martinell en su espacio de trabajo
Laura Martinell en su espacio de trabajo

De cajas de madera para tirar, Laura Martinell hace joyas: pendientes y broches que son un reflejo de los suelos que una hora u otra hemos pisado muchos de nosotros en la ciudad de Barcelona

23 de octubre de 2026 a las 05:30h

Unas cajas de fruta de madera apiladas junto a la frutería del barrio esperan ser recogidas por los operarios del servicio de limpieza. Pero, antes de que esto llegue a pasar, hay una vecina que pasa por allí y las rescata. Es Laura, siempre a la caza de la caja bonita. En las manos de esta arquitecta, las cajas que en principio son para tirar, se convierten en materia prima para dar forma a bellos diseños de pendientes y pines que reproducen los dibujos y colores de azulejos de interiores de portales, pisos y aceras de plazas y calles de esta ciudad.

Laura Martinell es arquitecta y hace tasaciones de pisos y locales. Es una actividad que le abre las puertas de muchos edificios singulares y domicilios particulares en Barcelona. Sobre todo en las fincas regias, antiguas, modernistas, encuentra a menudo esta baldosa hidráulica que a principios del siglo pasado se acomodó en tantos lugares y que desde hace un tiempo ha vuelto para ocupar el suelo de muchas viviendas, recuperando aquellos diseños en los que Laura se inspira.

Lo empezó a hacer en el año 2018. La maternidad le había regalado muchos momentos para la reflexión sobre la relación entre la creatividad, el consumo y la sostenibilidad. “En aquel momento yo ya estaba creando productos con materiales en desuso”, recuerda. Con los huevos Kinder de chocolate, una vez vacíos los pequeños contenedores amarillos donde los niños encuentran un pequeño objeto sorpresa y que ya empezaban a acumularse en casa de Laura, ideó unos minicactus. De cada parte del recipiente hacía una maceta para un baby cactus, como los llamaba.

Y justamente cuando trabajaba unos pequeños colgadores para estas mini macetas a partir de pequeños trozos de madera de cajas de fruta vio que aprovechaba solo una pequeña parte y, puesto que ya dominaba la manipulación de aquella madera, pensó que podría dar forma con ella a alguna otra creación. Y entonces a su cabeza vinieron los mosaicos que tanto le han gustado siempre: las baldosas hidráulicas, el suelo de interiores de casas particulares, estancias de palacetes, portales señoriales y muchos de los pisos del Eixample barcelonés.

Así nacieron los motivos de las baldosas emuladas en pendientes y pines. Con la madera de las cajas, una vez quitadas las grapas, limpiadas, repasadas, con el diseño que dibuja Laura, cada pieza se corta con láser y ella las pinta a mano una a una. “Con el programa Autocat de los arquitectos hago el dibujo”, explica. Ya tiene bien entrenados los ojos para localizar por la calle las cajas con las que imagina qué hará. “Tan pronto las veo, allí estoy yo. Me las llevo a casa y las recupero. Me lo paso muy bien, es fantástico”.

Creación sostenible

Le hace muy feliz haber sabido ligar la creatividad con el reciclaje. “He recuperado un material que había perdido su valor comercial y le he dado una nueva vida, una nueva función y un nuevo significado. Es una manera de generar valor añadido a partir de aquello que ya existe. No se trata solo de reutilizar un material, sino de descubrir su potencial y convertirlo en algo que vuelva a tener sentido para alguien”.

He recuperado un material que había perdido su valor comercial y le he dado una nueva vida, una nueva función y un nuevo significado.

De hecho, llegó a ello después de plantearse: “Si ya vivimos en un mundo saturado de productos y materiales, ¿qué sentido tiene crear más utilizando materias primas nuevas?”. Por lo tanto -dice- “me satisface haber creado un producto capaz de despertar el interés de las personas y provocar una compra, pero haberlo hecho de una manera respetuosa con el medio ambiente, y así trabajo de manera más coherente con mis valores”.

En su formación como arquitecta, Laura ya recuerda cómo reforzaban ya el concepto de la sostenibilidad. “Durante la carrera, especialmente hacia 2005, nos insistían mucho en la importancia de la sostenibilidad energética de los edificios. Nos explicaban que las decisiones que tomamos como arquitectos tienen una incidencia muy importante en el consumo de recursos y en el impacto ambiental de los edificios. Y aquello me hizo tomar conciencia de la responsabilidad que tenemos a la hora de diseñar y construir”.

Los pendientes 'Carrer Verdi' 

Y así, ahora cuando piensa en el proyecto de los pendientes con madera reciclada, Laura no lo ve únicamente como una manera de diseñar pendientes u otros objetos. Es también una manera de entender la creación: "observar aquello que tenemos a nuestro alrededor, descubrir el potencial de los materiales que han quedado en desuso y transformarlos en productos que las personas puedan valorar y amar”.

Cada vez que recibe un pedido, afirma, “me hace pensar que quizás cada vez hay más conciencia sobre la importancia de reutilizar, recuperar y dar una segunda vida a los materiales. Por lo tanto, siento que, aunque sea a pequeña escala, he podido contribuir un poco a producir y consumir de manera más consciente y en beneficio del planeta”.

He podido contribuir un poco a producir y consumir de manera más consciente y en beneficio del planeta

“Me hace mucha ilusión y me hace gracia pensar que hay tanta gente que lleva mis pendientes”, dice Laura. Y, además, sabe distinguir dos tipos de clientes de estas joyas artesanales: “Por un lado, están las personas que compran los pendientes porque les gusta el diseño, porque les entran por los ojos o porque les recuerdan Barcelona, sin conocer necesariamente la historia que hay detrás. Pero también hay quien conoce mi proyecto, sabe cómo están hechas las piezas y entiende el valor de trabajar con materiales recuperados. En este último caso, siento que es una compra más consciente”, comenta. El reaprovechamiento ya forma parte de la manera de trabajar de Laura. Con los descartes de pendientes grandes, hace pequeños.

La flor del panot más conocido de la ciudad de Barcelona 

De Casa Batlló a la Casa del poeta Joan Maragall

El mundo de los pavimentos siempre le había interesado. “En el momento en que empezaba a hacer los pendientes se hablaba bastante de la recuperación de las baldosas hidráulicas procedentes de pisos que se reformaban y que, demasiado a menudo, acababan en los escombros. Yo misma tenía algunas que había encontrado por la calle, dentro de sacos de escombros, y empecé a experimentar con aquellas piezas para crear pendientes inspirados en sus dibujos”.

Hay que decir que una vez tuvo hechas las primeras muestras, las llevó a BdeBarcelona, la tienda de la avenida de Gaudí, donde todos los objetos que venden se hacen en pequeños talleres de artistas locales y su propietaria, Maite Guillem, ya era fan de los baby cactus de Laura. La novedad de los pendientes como nueva creación de Laura le encantaron. Un motivo tan barcelonés tenía que triunfar. Y así fue.

Cajas de fruta como las que Laura reaprovecha para sus creaciones 

Maite la animó a seguir este filón que hoy ya cuenta con diferentes colecciones. “Me he centrado en los pendientes porque acompaña más la cara, es más vistoso, porque la ubicación en las orejas hace una presencia más estratégica para poner una joya. Y es más práctica la pieza pequeña”, argumenta.

Un motivo tan barcelonés tenía que triunfar. Y así fue.

Es inevitable que a Laura, allá donde va, la vista se le vaya a las flores, líneas geométricas, todos los motivos que decoran estancias y espacios abiertos de la ciudad. Y tiene algunos predilectos. “Las baldosas de Casa Vicenç me gustan mucho. Y en el desván de Casa Batlló hay una baldosa con una flor que también me encanta”. Antes de la pandemia de Covid creó la serie Gaudí, con motivos de edificios del arquitecto.

Y detrás de cada par de pendientes, hay un pequeño mapa en el que se indica la localización del lugar donde se encuentra la baldosa original en la que se inspira la joya. Tiene de diversos rincones de la ciudad. En salas de espera en consultas, como la de su quiropráctico, también ha descubierto, “uno que me parece maravilloso”, expresa.

Laura Martinell, arquitecta y diseñadora de joyas recicladas 

Y, de su mirada, pasan a la cámara y de la cámara a su mesa de trabajo. En el diseño del empaquetado, está impreso el dibujo de la baldosa entera tal como la vemos en las calles: Verdi, Pau Claris, Enric Granados, Mallorca, Alfons XII, dentro de Casa Batlló, en un pequeño hotel ecosostenible de la calle Trafalgar, el Hotel Yök... “Me gustan los suelos, y uno que destaco es en la Casa-Museo y Archivo del poeta Joan Maragall, en la calle Alfons XII, tocando a la plaza Molina. Las baldosas allí son de Miguel Nolla, un industrial valenciano que las trajo de Inglaterra”.

Estos suelos son un patrimonio que tenemos y que pienso que no está valorado y es precioso.

La experiencia artística de Laura permite, por un lado, recuperar materiales, reciclarlos y, ya en manos de quien adquiere sus creaciones, recordar la ciudad cada día luciendo los pins y pendientes inspirados en los pavimentos de esta ciudad. “Estos suelos son un patrimonio que tenemos y que pienso que no está valorado y es precioso”.

Cada vez que comemos fresas, manzanas, naranjas o cualquier fruta o verdura fresca, podemos pensar que es un producto llegado en cajas de madera que algún día puede que acaben mostrándonos la belleza decorativa de baldosas en el suelo, acompañando el rostro de alguien. Quién sabe si también de quien consumió la fruta de las cajas que habrán seguido el virtuoso camino del reciclaje que tan bien nos hace.

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