La grandiosidad de la obra, sin embargo, no es solo temática: se expresa también en su forma y fuerza expresiva, con 90 minutos de melodías que rompen los patrones clásicos. “Beethoven tuvo que inventar una nueva arquitectura musical: cada vez que miro la partitura descubro un nuevo espacio”, asegura el director venezolano. La obra exige lo imposible a la orquesta, a los coros y a los solistas —Pretty Yende, Sarah Saturnino, SeokJong Baek y Nicholas Brownlee—: extensión vocal, precisión y densidad expresiva para “crear una sensación abrumadora”, en palabras de Dudamel.
No es de extrañar, por tanto, que sea una obra poco programada, a la que solo se atreven los directores más experimentados. Dudamel, que dirige esta pieza por primera vez, lo hace en el punto culminante de su carrera en California, tras diecisiete años al frente de la Filarmónica de Los Ángeles y antes de asumir el cargo en la Filarmónica de Nueva York a partir de septiembre de 2026.
La culminación de un sueño
“Cantar en el Walt Disney Concert Hall, uno de los grandes templos de la música, ya es un sueño; pero aún lo es más con esta obra colosal”, asegura Xavier Benítez, tenor del Orfeó Català, con la emoción y la ilusión de las horas previas al concierto. “Es un auténtico privilegio que Dudamel haya escogido precisamente a los coros del Palau para este desafío tan complejo”.
El debut es, por tanto, la consagración internacional de los coros del Palau de la Música Catalana, con un Orfeó Català que vive el momento más brillante de su historia, tras actuar en escenarios como Hamburgo, Estocolmo o Berlín. Pero el estreno en Los Ángeles es, sobre todo, fruto de meses de ensayos meticulosos, casi artesanales. “El equipo de profesores y nuestro director [Xavier Puig] han sido auténticos Michelangelos: picando piedra para pulirnos técnicamente hasta alcanzar la precisión que exige el desafío”, explica la soprano Sandra Castelltort. “A pesar de la responsabilidad, la emoción y la exigencia, nos sentimos plenamente preparados”.
La admiración y el agradecimiento son dobles. Agradecimiento hacia Dudamel, que reafirma su compromiso con el Palau de la Música Catalana, con quien ha compartido proyectos memorables a lo largo de la última década, tanto en el edificio modernista como en París o Londres. Benítez lo describe como “uno de los directores más empáticos, que sabe muy bien cómo tratar al coro, con respeto, empatía y cariño, aportándole a la obra todo lo que necesita”.
Por otro lado, también hay admiración hacia Xavier Puig, director del Orfeó Català desde esta temporada, a quien, bromea Castelltort, ya comienzan a llamar el “Dudamel catalán” por su energía y entusiasmo. Puig ha liderado meses de intensa preparación y ensayos, los últimos directamente en Los Ángeles. Además, el propio Puig dirigió la Missa Solemnis en noviembre en tres conciertos únicos en el Palau, en Sabadell y en Terrassa, junto a la Orquestra Simfònica del Vallès y los coros del Palau, una representación preparatoria para este reto titánico.
Una cita con la historia
La actuación es también un homenaje a la historia del Palau y del Orfeó. En 1927, bajo la dirección de Lluís Millet, el Orfeó fue el primer coro del Estado en interpretar la Missa Solemnis, con 300 voces y retransmisiones por Radio Barcelona, convirtiéndose así también en la primera grabación de esta obra colosal.Un siglo después, a las puertas del centenario de aquella gesta, el Orfeó vuelve a enfrentarse a la misma partitura, esta vez al otro lado del Atlántico. “Tocaremos el cielo”, asegura la soprano Castelltort. Y de hecho, ya lo hicieron literalmente a 35.000 pies, interpretando espontáneamente el Himno a la Alegría durante el vuelo de LEVEL hacia Los Ángeles en el que viajaban los cantantes, anticipando la emoción que les espera en el auditorio Walt Disney.