CARAS DESCONOCIDAS

La barcelonesa que cree que otro recuerdo de esta ciudad es posible

Maite Guillem en su tienda BdeBarcelona por Rita Conti
Maite Guillem en su tienda BdeBarcelona por Rita Conti

Cualquier objeto que Maite Guillem envuelve para subir a un avión o quedarse en Catalunya ha salido de pequeños talleres de artesanos locales. Esa es la gracia y diferencia de su tienda.

04 de agosto de 2025

Souvenir es una palabra ensuciada y gastada por pongos que, en general, ni están alineados con la cultura del lugar ni están hechos allí donde se venden y que, además, con pequeñas variantes, pero con iguales formas, podemos encontrar en Barcelona, en Berlín, en París, en Londres, en Viena, en todas partes. Son “el patito feo de un viaje”. Así es como Maite Guillem se refiere a aquella figurita industrial, fabricada en serie que, en realidad, no identifica un lugar concreto. Maite tiene una tienda de recuerdos en la avenida de Gaudí que es, en Barcelona, un pequeño oasis en el comercio de objetos que recuerdan e identifican esta, y solo esta ciudad. Ya la bautizó BdeBarcelona con esta idea, y en ella no deja entrar a ningún patito feo. Prácticamente todo lo que expone y vende está diseñado y producido en Barcelona, o cerca. Es todo muy local y autóctono, cada artículo tiene arraigo y vínculo con el territorio.

Si miramos el diccionario etimológico del Centro Nacional de Recursos Textuales y Léxicos de Francia, el CNRL, vemos que la palabra souvenir tiene su origen en la lengua latina, en la que subvenire, en su primer sentido venía a expresar “venir de manera oculta”, que dio lugar al significado de “venir en ayuda” o “socorrer”. El paso del sentido y forma impersonal al personal, identificando algo que nos trae a la memoria a una persona o a un objeto, llegó en el siglo XII. Con el tiempo, este término ha derivado hacia el campo semántico de la memoria, designando, en francés, el acto de recordar, y así es cómo ha llegado a designar, la lengua francesa, a un objeto que representa, que recuerda un momento del pasado, que hace pensar en un lugar o en la persona que lo ha regalado.

Hace poco más de diez años, Maite vivía justo al lado de la avenida de Gaudí. Era una vecina más de este barrio donde, entonces, todavía no se veía a turistas transitar arriba y abajo en el paseo que comunica la Sagrada Familia con el recinto modernista de Sant Pau. En aquel momento, ya se habían acabado los magníficos trabajos de rehabilitación de los antiguos pabellones hospitalarios obra del arquitecto Lluís Domènech i Montaner. Desde 2014, la visita a esos espacios concebidos desde el estilo modernista de principios del siglo XX es un reclamo en la ciudad, un referente de belleza arquitectónica y un precioso pedazo de su historia y de la vida de muchas personas de esta ciudad.

Y Maite pensaba: si el recinto modernista empieza a recibir a visitantes, la avenida de Gaudí como conexión entre ese y la Sagrada Familia, será muy transitada por turistas. Y vio que no había un comercio donde estos turistas o visitantes de Barcelona, en general, pudieran adquirir bonitos recuerdos que hablen de esta ciudad, con conocimiento de causa, con profundidad cultural. Y estaba harta de ver, ya entonces, algo que no ha parado de proliferar, con locales repletos de sombreros de mejicanos ---a cuántos kilómetros de su lugar de origen---; figuras de toros ---cuando aquí ya hace tiempo que las plazas de toros tienen otras funciones, y no hacer sufrir a esos animales---; zapatos rojos con lunares blancos ---tan lejos de donde se bailan sevillanas---, o bolas de cristal con el nombre de Barcelona que, si les das la vuelta, simulan que nieva... ¿Nieve, como algo típico en Barcelona?

Entonces, esta barcelonesa se propuso: "Voy a hacer una tienda bonita, con cosas de aquí, creaciones autóctonas de todas las disciplinas y por parte de miradas de creadores diversos, nacidos aquí o que aquí viven y trabajan".

Conexión con el diseño

Haber trabajado 18 años en el despacho del arquitecto Juli Capella nos da una pista sobre contactos y la mirada de Maite, acostumbrada a fijarse en el diseño de objetos. Y ahora, cuando entramos en su tienda, lo vemos. “En el despacho de arquitectura había tenido ocasión de conocer el trabajo de arquitectos, ilustradores, gente que, quizás no como ocupación principal, pero hacía cosas que dejaban ver una Barcelona más bella”, explica. Y todo aquello que observaba y conocía le hizo pensar que era el momento de montar algo por su cuenta. Empezó a buscar en la ciudad pequeños talleres de ceramistas, joyeros, ilustradores... Quería rendir un homenaje a Barcelona, su ciudad, de la mano de todos estos creativos y creativas locales. Creía que era el momento de hacer otro tipo de recuerdo, porque Barcelona lo merece.

“En cada viaje que hago, me fijo en lo que es más singular del lugar al que voy, y que sé que no encontraré en otra parte. Me gusta descubrir tiendas que me inspiran lo que, a mi manera, yo también estoy haciendo en Barcelona, con producciones locales que nos identifican”, dice.

Tienda BdeBarcelona con artículos sobre modernismo.

El modernismo está muy presente en la tienda de Maite Guillem. © Carme Escales

Detrás de cada objeto que elige Maite hay una historia. La de Beti y Bárbara, dos amigas emprendedoras que crearon las primeras mochilas antirrobo ---con cremallera en la parte interior---, con la firma Urbanauta. Tienen su taller en Gracia, el mismo barrio donde los ceramistas de SOT hacen juegos de café, tazas y pequeños dragones como los del parque Güell.

También conocemos la historia de Noèlia y Beatriz, que empezaron haciendo guías de la ciudad explicadas desde el prisma local, y ahora hacen artículos que hablan de la ciudad a través, por ejemplo, del trencadís de identidad modernista, llevado a cordeles para calzado deportivo, fundas de gafas u otros elementos útiles inspirados en esta ciudad. Detrás de la marca Bridepalla está la voluntad de contribuir a cuidar el planeta, ofreciendo semillas para plantar en originales recuerdos de la ciudad, como las que llevan integradas las puntas de unos lápices que, al acabar la vida útil de esta herramienta para dibujar y escribir, invitan a plantar las semillas. Damaestudi da nombre a los pendientes que, reutilizando madera de cajas de fruta, reproducen el diseño de baldosas y mosaicos reales, que pisamos en portales de Barcelona o en tierras ubicados en otras ciudades. Y telas recicladas dan forma a las mochilas de Numon, desde su apuesta por la economía local.

“Siento mucha estima por las marcas, porque sé quién hay detrás de ellas y cómo hacen todo lo que traen”, afirma la propietaria de BdeBarcelona. “No hacen cualquier objeto donde ponga Barcelona, sino que son objetos pensados, y que hacen pensar en Barcelona. Si tú coges un recuerdo y te hace pensar en el lugar de dónde ha llegado, tiene un valor añadido, cumple su misión”, argumenta Guillem. Dice que una de las cosas que más le gusta, “quizás la que más, la que me inspira cada día, es la estimación que tienen a esta ciudad, creativos de todas partes, este vínculo y adoración a la ciudad”.

A ella también le encanta Barcelona. Lamenta, sin embargo, que la ciudad vaya perdiendo comercios que eran o son parte de su encanto. Del barrio de la Sagrada Familia ha podido vivir su evolución: “Aunque tendría que haber sido al revés, con el paso de los años, el barrio ha perdido esencia y autenticidad. La avenida de Gaudí y sus alrededores es de las partes de Barcelona que todavía mantiene una vida de vecindario, con mucha gente mayor, pero, enseguida que cierra una tienda de toda la vida, abren otra sin esencia y autenticidad, proliferan los bazares, las tiendas de uñas, las de carcasas de móvil… Cierra un comercio de siempre y abren un negocio de electrónica o una franquicia de cualquier cosa”. Ella, particularmente, echa de menos “una carnicería como había hasta no hace mucho, desde el miedo a todo lo que todavía pueda desaparecer”.

Tienda BdeBarcelona de Maite Guillem.

El diseño y la producción local son los proveedores de BdeBarcelona. © Rita Conti

¿Y qué haría ella si tuviera la vara del alcalde de esta ciudad? “Intentaría preservar el tejido comercial, evitando que se deteriorara o desapareciera el existente. Haría promoción, incluso subvencionando la diversificación comercial, poniendo énfasis en la identidad cultural, que es mantenida por cierto tipo de comercio de barrio”, apunta. “Barcelona es fantástica, un modelo de ciudad para Europa y para el resto del mundo, tenemos que hacerlo muy bien para preservar este modelo de ciudad. Si las instituciones se lo toman en serio, iremos en buena dirección. Es cuestión de ir todos juntos. Yo siempre hablo del comercio, exigiendo un comercio de calidad, que escape de los clones, de las franquicias. Pero hay comerciantes que no pueden salir adelante, porque no tienen ningún tipo de ayuda de las instituciones”. Maite se pregunta, del mismo modo que se hace con las farmacias y los estancos, por qué no se filtra y que, con políticas protectoras de determinados negocios en lugares turísticos de gran afluencia, que no se permita abrir en treinta metros tres tiendas vendiendo lo mismo, camisetas del Barça y ceniceros de la Sagrada Familia. Así nos estamos cargando la gracia de ser diferentes”.

En su pequeño oasis, la filosofía es otra. Curiosamente, en abril de 2015, cuando abrió su tienda, el suyo era el único establecimiento con una licencia en la cual figura “exposición y venta al por menor de artículos de recuerdo o souvenirs”. Pues bien, dos meses después de abrirla, el plan de ordenación municipal prohibió las licencias de souvenirs. Pero ¿cómo se entiende que, aun así, no hayan parado de abrir tiendas donde claramente, lo que más se vende son souvenirs? Se registran como tiendas de regalos, ropa deportiva, menaje del hogar... Hecha la ley, hecha la trampa, y ahora, paradójicamente, a ella, el Ayuntamiento no le permite mantener su licencia original porque hace dos meses trasladó el negocio unos números más arriba de la misma avenida. La normativa municipal obligaba a eliminar el escaparate del local que alquilaba desde hacía una década y, por fortuna, ha podido cambiarse al local donde una franquicia de Calcedonia cerraba.

Artículos de la tienda de souvenirs BdeBarcelona.

En los estantes de BdeBarcelona todo está hecho cerca. © Rita Conti

De franquicia a economía local, un buen cambio para el barrio, para la ciudad, y para el planeta, porque ahora, lo que ella vende se hace cerca y no tiene que subir a ningún avión para llegar a su tienda. Se agradece, en una ciudad donde lo más común es que el cambio sea a la inversa, o sea, que el comercio auténtico lo reemplace una franquicia de tiendas iguales en los centros neurálgicos de todas las ciudades del mundo. Seguramente en todas ellas algunos comerciantes también se unen para defender su singularidad, como lo hacen los que forman parte de la asociación de comerciantes de la avenida de Gaudí.

En un grupo de Whatsaap, tienen un chat de seguridad, a través del cual se avisan si ven a alguien sospechoso. Maite dice que ha costado un poco, pero que ahora ya se ven subiendo por la avenida a visitantes orientales, canadienses, americanos, y europeos, sobre todo franceses y alemanes. Son las nacionalidades de muchos de sus clientes. Pero la tienda BdBarcelona es un referente también para los vecinos de este y otros barrios de la ciudad. Aquello que más compran son imanes, bolsas, bolígrafos, fundas o reproducciones de todos los tamaños de la flor del panot de Barcelona. “Sigue siendo, en todas sus versiones, bolsa, llavero, taza... el artículo que más vendo. Es el icono de la ciudad, y la mayoría de los turistas ya lo sabe, o lo han leído en algún lugar, o alguien se lo ha explicado”. Quizás sea la flor más viajera del planeta, un recuerdo de la baldosa sobre la cual, en Barcelona, se camina.

Maite Guillem de la tienda de souvenirs BdeBarcelona

Maite Guillem en la puerta de su tienda, en la avenida Gaudí. © Rita Conti

Sobre el autor

Carme Escales
Carme Escales
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