Maestro es quien domina alguna materia, algún oficio, alguna profesión, y es capaz de transmitir aquello que le ha permitido lograr aquel dominio. Por eso, dedicar el último tramo de la vida profesional a impartir clases sobre lo que alguien ha ido aprendiendo y perfeccionando, al mismo tiempo que ha ido madurando como persona, tendría que ser prescrito a todo el mundo. Porque la sabiduría construida con los años, el prueba-error de la vida, es lo mejor que cualquier alumno puede recibir. Y, a su vez, es el mejor regalo que puede hacer alguien: el bagaje de su aprendizaje vital, traspasado en una aula, en una conversación en el banco de un parque, en un auditorio ofreciendo una conferencia, una charla pública, un café, en un paseo por la playa o contemplando las montañas.
Javi Giménez lo hace en aulas, por las tardes en cursos subvencionados de Foment Formació, y por la mañana, en la academia Davante/Master D. Imparte talleres audiovisuales y clases de comunicación no verbal y educación de la voz, habilidades comunicativas y técnicas para hablar en público, algo que, en un momento u otro, es probable que tengamos que hacer.
Una boda, una reunión de vecinos, la exposición de una tesis, una conferencia, una sobremesa en familia... la vida presenta muchas ocasiones para hacer uso de la palabra en voz alta, delante de mucha o menos gente. Y la voz de Javi, que ha trabajado y trabaja en escena como actor de teatro y monologuista, y sus más de treinta años hablando por radio, pero también imitando a celebridades ---fue varios personajes del programa Crackòvia de Televisió de Catalunya---, ha deslizado por tantos registros diferentes, tonalidades, volúmenes, caracterizaciones, que ahora tanta experiencia es un generoso manantial de recursos, estrategias, una práctica muy consolidada en una nutrida carrera profesional, llena de sustancia para compartir.
Las anécdotas, buenas y no tanto ---aparentemente--- del camino recorrido le sirven para conectar mucho más con su audiencia y alumnos. “A todos nos han humillado en algún momento. De pequeños en la escuela nos han puesto sobrenombres, y con todo lo que nos ha pasado, practicamos la empatía, sabemos que todo el mundo ha vivido sus dificultades”, expone. De hecho, Javi explica que en clase hablan mucho “de emociones, de asertividad y de los vínculos que se crean en el acto de la comunicación”.
Como no le gustan nada las definiciones, este profesor juega con los ejemplos para explicar las cosas. Y lo tiene fácil, porque tiene muchos vividos. Así es como enseña, por ejemplo, a proyectar bien la voz, apoyándose en el diafragma. Con él descubres que el habla es mucho más que ordenar palabras, que la expresión oral es también expresión anímica, y que una entonación determinada puede conseguir lo impensable de nuestros interlocutores.
En sus cursos, además, invita a una psicóloga, a una logopeda, a un director de doblaje, a una entrenadora vocal y a un actor de improvisación, especialistas todos ellos en los diferentes prismas de la voz, para poder conceder los 360 grados de atención a este poderoso recurso vocal que tenemos las personas.
Nunca pensó llegar a estar delante de alumnos impartiendo clase, pero los diez últimos años levantándose a las 4.40 horas de la mañana para ir a trabajar a la radio ---donde ha sido parte del equipo del programa La Ronda de Radio Marca durante nueve temporadas--- le había empezado a pasar factura. Las horas que no dormía no estaban haciéndole ningún bien a su salud. Y se sacó la titulación de docencia de formación profesional, y ahora disfruta ---en horario plenamente diurno--- orientando y acompañando a estudiantes que se preparan para trabajar, y también a gente que, trabaje o no, quieren educar la voz y mejorar la comunicación con los demás.
Pero, ¿qué es educar la voz? “Es hablar utilizando bien el aparato fonador, la respiración, gestionando bien el aire, sin apoyarnos en las cuerdas vocales, articulando bien los fonemas mediante una buena vocalización, eligiendo el tono apropiado, el volumen, el ritmo y haciendo pausas para que el discurso sea capaz de captar interés”, responde el maestro.
El miedo a expresarse en público “viene de no amarse y de la baja autoestima"Y todo esto que expone en sus clases se aprende a dominar de varias maneras. “Les hago leer textos interpretativos como si hicieran teatro, y hago que tengan música en la voz”, comenta. Dice que “todo el mundo acostumbra a tener alguna carencia”.
Y nos pone algún ejemplo: “Hay gente con muy buena dicción y una voz maravillosa, pero que no tiene la voz educada o no sabe ordenar su discurso para comunicar bien”. Él había dado clases de imitación, en las cuales la clave está en copiar la manera de hablar del personaje que se pretende imitar, pero también la manera, el momento de respirar, y dónde respira esa persona. La respiración se tiene que hacer igual, al mismo tiempo y de la misma forma. “En doblaje, no entramos en educación de la voz, pero los dobladores son los mejores para enseñar dicción”.
Autoestima
Dominar la propia voz y saber hablar fortalece la seguridad de cualquier persona, aunque sea una multitud la que nos escuche. Ahora bien, el pánico escénico es muy común: “Hay personas con una gran capacidad intelectual, pero con un miedo escénico enorme”. Pero este profesor dice a sus alumnos: “Cuando subes al escenario, tú eres el sheriff, actúas con autoridad y calma, te mueves con seguridad, y haces que tu gesto acompañe a tu palabra”. Y esto es una de las cosas que practican haciendo muchos ejercicios todos juntos en clase. “La teoría se puede hacer en una tarde, pero para practicar se necesitan muchos días”, afirma.
¿Y de dónde viene este miedo a expresarse en público? “Viene de no amarse. Sí, de la baja autoestima y de haber sido ninguneado”, sentencia. Y añade: “Debes tener amor para repartir”. Así alienta este maestro a los alumnos: llenarse de amor, sentirlo y hacerlo sentir cuando se habla, esa es su filosofía. Parte de lo que él mismo ha aprendido en escena, imitando, improvisando, entrevistando a personas influyentes... Y ahora toda esa seguridad adquirida la esparce en clase, como una lluvia fina que riega la autoestima de quienes le escuchan. Y subraya la importancia de "estudiar al público al que nos dirigimos, para adaptar el lenguaje, el humor, la comunicación a quien nos escucha, o a quienes queremos que nos escuche”.
En las clases de comunicación no verbal, Javi también despliega todo lo que en la escena teatral muchas veces se exagera, pero que está muy presente y puede resultar muy útil en cada conversación cotidiana. El acompañamiento del gesto, el movimiento de las manos y de los brazos, la posición, todo aquello que acaba significando la guinda en una magnífica manera de conectar, de transmitir aquello que se desea y de manera fácil y agradable.
“No hay ningún diccionario de comunicación no verbal”, puntualiza. “No hay una ciencia exacta de lo que significa una gesticulación concreta, pero sí que hay cierto cuórum de que el origen del sí y del no, moviendo la cabeza de arriba abajo y de un lado al otro respectivamente, está en los bebés y en su manera de pedir y rechazar el pecho ---buscando su comida--- con los movimientos de la cabeza.
"El error se tiene que sumar a todo lo que hacemos, porque aprendemos de él”Javi es muy consciente de la importancia de hacernos entender entre los seres humanos, familiares, parejas, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, y él pone su grado de arena en cómo hacerlo mejor. Trabajando como actor, ha recibido muchísimos aplausos a lo largo de los años, y ha visto reír al público, levantarse y felicitarlo al acabar un espectáculo, pero ahora siente que todavía le faltaba experimentar una cosa mejor que la satisfacción de haber proporcionado diversión y que la gente haya pasado un buen rato viéndole actuar en el escenario, explicando chistes, imitando a gente conocida o interpretando un papel.
Ahora, expresa, “para mí lo más gratificante del mundo es que alguien se lleve algo de mí”. Y lo dice pensando en aquellos profesores ---pocos, pero que aún recuerda--- que también lo marcaron a él, de los cuales aprendió algo que ha llevado siempre con él.
Esta misión es ahora la suya, conectar con los alumnos enseñándoles a establecer conexiones con cualquier interlocutor. Pero, en el substrato de todo lo que este maestro profesa, hay un conector más potente y valioso que tenemos al alcance, que es el vínculo con el propio yo. Saber encontrarse, y localizar deseos, identificar miedos, determinar metas, todo esto también requiere comunicación, pero con un mismo.
Trabajando la voz y la comunicación, aprovecha para pasar mensajes que no quiere escatimar en sus clases, como por ejemplo lo enriquecedor que es perseguir un sueño, procurar tener tiempo para dedicarle a una afición y asegurarse, para poderlo hacer, si es que no se puede vivir de lo que más nos guste hacer, un trabajo que garantice la tranquilidad económica y el tiempo para tener aquello que queremos o que queremos hacer. "Buscad un trabajo que os pague aquello que queráis hacer cuando no estéis trabajando”. Estos son el tipo de mensajes que sobrevuelan en las clases de Javi Giménez, desde su experiencia y trayectoria vital.
“El bostezo es el mejor masaje para las cuerdas vocales”No es extraño que a final de curso los abrazos y agradecimientos se acompañen también de un “te echaremos de menos”. Aunque si como alumnos han prestado atención, en aquello que se llevan, un poco lo tendrán siempre con ellos, girando como un calcetín las vivencias más amargas, incómodas o desafortunadas, como él enseña a hacer. “Si montamos escenografías para desinhibirse actuando, incorporo cualquier error para transformarlo en un aprendizaje. El error se tiene que sumar a todo lo que hacemos, porque de él aprendemos”. Y si pillo alguien bostezando, los digo a todos: “El bostezo es el mejor masaje que podéis hacer a vuestras cuerdas vocales”.
Y si ve que alguien desconecta, el humor ---que lo tiene como uno de los mejores antídotos contra los problemas--- o un cambio repentino de voz para imitar a alguien, vuelve a enganchar fácilmente a su audiencia. Se vale de todos los recursos con los cuales se ha ido ganando la vida este maestro amante de los Beatles y de la música en general, que también pincha discos en fiestas y que durante muchos años trabajó en el programa radiofónico Los 40 Principales.
La de veces que ha recordado cuando era pequeño y su padre le decía: tú tienes que ser médico o profesor. “Y yo le decía que quería ser cantante. Y he sido imitador, guionista, actor, locutor de radio y humorista. Desde 1990 no he parado de trabajar, y él se sentía muy orgulloso. Pero nunca pudo ver que al final he acabado siendo profesor como él deseó. Ahora siento que en esta etapa profesional le estoy rindiendo un homenaje, y esto también lo explico, a veces, en clase, y alguna lágrima dejamos caer”.
En su despedida de los compañeros y oyentes de la radio, en las redes sociales, Javi Giménez agradecía todos los años de fidelidad y dejaba este mensaje: “No me voy a otra emisora, me quiero dedicar a compartir mi experiencia a través de la docencia”. Y esto, ni más ni menos, es lo que hace hoy.