“Para mí, escribir es una pulsión artística más que una profesión, y es algo que seguiré haciendo mientras pueda, porque da sentido a mi vida. Es una forma de ser, de estar en el mundo”. Acodado a la barra, Jaume Benavente simultanea un Vichy y un café solo. Los compases de Serenade for a renegade del trío de Esbjörn Svensson inundan la tranquilidad matutina del Bar, y el autor echa la mirada atrás: toda una vida de escritura, de un nomadismo literario “donde el viaje no es sólo una estrategia narrativa, sino que representa el motivo mismo de la escritura”. El medio y el fin. Una cartografía de uso personal donde confluyen el viaje y los incontables colores del alma humana. “Mis propios personajes me guían hacia el desarrollo de cada obra”, matiza.
Anna Tomás lo definió una vez como un escritor emotivo, reflexivo y descriptivo. “Creo que acertó ---sorbe un trago de café---, porque busco un ritmo calculadamente pausado que permita que el lector se pueda sumergir en la atmósfera, en la trama, en el conflicto, en el paisaje, en el coro que conforman las voces de los personajes que hilan la historia”.
Narrativa de cocción lenta con una mirada atípica y muy personal en el actual entorno de las letras catalanas. “Yo siempre había querido ser escritor y explorador, viajar, descubrir y contar. Pero cuando empecé, lo hice escribiendo poesía en castellano”. Su paso a la narrativa fue digno de novela de Thomas Mann. “Durante la mili acabé en un sanatorio para curarme de un ganglio tuberculoso y ahí, en aquella paz, en medio de la montaña, empecé a escribir narrativa y a hacerlo en mi lengua”, rememora.
Estudió Bellas Artes, una época que recuerda como una de las más felices, y se ha ganado la vida en el ámbito de la cultura, dedicándose a la conservación de museos y la gestión cultural. Entretanto, incansable, ha ido tejiendo un corpus literario que incluye una veintena de obras, entre novela, relato y libros de viajes, con incursiones en el teatro y la poesía, y que han recibido galardones prestigiosos como el Pin y Soler, el Roc Boronat de novela corta o el Ramon Muntaner. Aun así, nunca ha vivido de escribir: “Ni me lo he planteado en ningún momento”.
Del Atlántico al Pacífico, con paradas por Europa
Además del viaje anímico y espiritual, como buen nómada de las letras, Jaume Benavente se ha desplazado en sus libros por varios territorios geográficos. Con las novelas Camps de lava, Mazurca de Praia, Llums a la costa y los dietarios Viatge d'hivern a Madeira y Dietari de Porto compuso entre 2000 y 2013, un ciclo dedicado a Portugal. Con la serie de su personaje Marja Batelaar, se mueve como pez en el agua en Ámsterdam y amplía el foco hacia los paisajes y paisanajes de Europa. Ahora mismo explora literariamente otro de sus lugares favoritos del planeta, Chile, descubierto cuando una editorial de aquel país tradujo su Nocturn de Portbou y le invitó ahí a presentarlo. “¡Fue una epifanía!”.Tras arrancar este ciclo con Somnis de Valparaíso hace cinco años, publica ahora L’efecte de les marees (AlRevés), un volumen que sigue los pasos del escritor catalán Albert Cassanyes en su periplo chileno, en el que cruza su camino con músicos, periodistas, granjeros y con indios mapuches y huilliches. Y también con paisajes, con mareas, con la flora y fauna que observa, coexiste y a veces soporta a unos humanos esclavos de sus pasiones, sus bajos instintos y, a veces, también, de sus sueños y de ideales elevados.
Y le queda cuerda para rato. “A pesar de que siempre estoy abierto a lo que el azar me dicte, mis planes inmediatos son escribir una novela que cierre este ciclo narrativo chileno, una obra de teatro y una novela de alma esencialmente europea que hable de la condición humana, la identidad, los conflictos individuales y colectivos, la distancia entre nuestros sueños y la realidad, la creación artística y la influencia del paisaje en el individuo”. Liquida el café. “Y después seguirán otros libros, ¡estoy seguro!”, apostilla.
El escapismo soñado
“Barcelona antes era más fea, eso seguro, pero era una fealdad literaria, con carácter propio”. La relación del escritor con la ciudad que lo vio nacer en 1958 es complicada. Siempre lo fue, pues ya desde niño la vivió como un entorno hostil ---“mi deseo de ser explorador y descubrir lugares nuevos tenía mucho de anhelo de huir de donde estaba”. Con el tiempo, la relación sigue siendo difícil.“Me siento un extraño aquí. Hoy por hoy, Barcelona me parece una escenografía para expats que expulsa a sus habitantes de siempre y cuya alma se diluye”. Y confiesa que, si no tuviera a su familia aquí, “probablemente ya me habría marchado a vivir a otro sitio como Berlín, las Azores o alguna ciudad mediana centroeuropea”. La fantasía escapista soñada a ojos abiertos por un espíritu nómada.
También afirma vivir con perplejidad “el ambiente de reggaeton generalizado de algunos barrios y el arrinconamiento del catalán, su sustitución por el castellano”. Por suerte, quedan reductos como “algunos pasajes entre calles que están medio ocultos y parece que vivan al margen del tiempo”. O el Quimet d’Horta, que probablemente sea su bar favorito.
--- Y porque no conoces la oferta gastronómica de nuestro Bar. Como ya se acerca la hora de comer, quizás te podamos tentar con algún plato suculento.
Una sonrisa vuelve a aflorar en el rostro de Jaume Benavente, que se interesa por la carta de arroces, su debilidad, y presta también una atención especial por el postre, que ---advierte---, “jamás perdono”.