Una de las grandes atracciones de Montjuïc es el juego de surtidores y cascadas que se extiende por la avenida Maria Cristina y las escaleras monumentales que conducen al Palau Nacional, sede del MNAC. El punto álgido del conjunto es la Font Màgica, que volvió a brotar agua de colores en las pasadas fiestas de la Mercè. Esta es la parte que se ve, pero, para que todo funcione, hace falta un complejo sistema de válvulas, bombas y otros mecanismos que se oculta a los ojos del mortal bajo tierra, en una especie de ciudad subterránea de galerías y túneles desde donde se dirige todo lo que sucede en la superficie.
Gracias a la organización del 48 H Open House, pudimos acceder a este inframundo. Lo hacemos a través de una pequeña puerta bajo la gran escalinata. Es entonces cuando da comienzo otro espectáculo. Pocos imaginan lo que hay ahí debajo, un submundo creado por el ingeniero Carles Buïgas en 1929 como parte de la Exposición Internacional de ese año, mediante la que se urbanizó la montaña de Montjuïc y, de paso, se acometió una gran e importante transformación de Barcelona.
Hay dos momentos cumbre en este recorrido subterráneo. Uno es una larga escalera que parece descender al infierno. Uno lo hace escoltado por interminables conductos por los que circula el agua freática bombeada desde el Paral·lel. Parte de ella procede del Gran Teatre del Liceu, de unas bombas que absorben continuamente el agua del subsuelo de la Rambla y que es uno de los corazones del coliseo lírico. El otro es la sala de máquinas de la Font Màgica, donde se pueden admirar los prismas de colores responsables del espectáculo.
Hasta 2.600 litros de agua por segundo brotan de la fuente, que regresan a un circuito que la reutiliza de nuevo. La Font Màgica pudo recuperar su actividad durante el último piromusical de la Mercè después de un largo parón a causa de la sequía, que obligó a cerrar también el resto de fuentes de la ciudad. Pero aunque el grifo de la superficie permanecía cerrado, la vida seguía bajo tierra, donde los operarios a cargo del complejo seguían trabajando en el mantenimiento de la maquinaria.
Mientras uno recorre ese laberinto de escaleras y galerías, hace un viaje por una ingeniería centenaria. Aunque algunos de los mecanismos se han ido sustituyendo y modernizado a lo largo del último siglo, algunas de las bombas son todavía las originales. En la década de 1980, se incorporó la música y, poco antes de los Juegos de 1992, la fuente y su maquinaria se sometieron a una completa restauración. Una sala con los controles originales permanece intacta, aunque ya no funciona. Uno sale de ese inframundo consciente de que la obra de Buïgas fue toda una proeza.
La Font Màgica se erige en el lugar donde Josep Puig i Cadafalch levantó originalmente las cuatro columnas que representaban la senyera. Fueron derribadas durante la dictadura de Primo de Rivera, que sometió también a la Exposición a un proceso de españolización. Las columnas fueron una de las víctimas y se recuperaron ya entrado el siglo XXI.
La Exposición Internacional tenía como uno de sus objetivos popularizar la electricidad, pero también adquirió un gran protagonismo el agua, con la Font Màgica como elemento top. Esta circunstancia fue aprovechada por la compañía de origen francés Aigües de Barcelona para ejecutar una gran operación de márquetin. Donó, durante el evento, el agua utilizada en el conjunto de surtidores y cascadas. A cambio, consiguió hacerse con el práctico monopolio del suministro del agua a la ciudad y parte del área metropolitana.
Visitar las tripas de la fuente permite conocer también los fundamentos científicos de los que se valió Buïgas para diseñar su prodigio técnico. El ingeniero basó su diseño en el principio de la reflexión total de la luz estudiado por el suizo Jean-Daniel Colladon en el siglo XIX, utilizando el agua como guía. Es un fenómeno parecido a lo que ocurre en el interior de una pieza delgada de vidrio. Un efecto idéntico tiene dentro del metacrilato, que más tarde tuvo su aplicación en la fibra óptica.
En el 2029, se va a conmemorar el centenario de la Exposición Internacional. Para entonces, está previsto que Montjuïc se halle inmersa en su tercera transformación. La primera fue hace un siglo, y la segunda, con ocasión de los Juegos Olímpicos. La tercera va a poner al día las anteriores y aspira a que la montaña sea por fin plenamente accesible para los barceloneses.
