HOTELES CON HISTORIA

Hotel Neri: entre burgueses, bombas y economía

Roba Estesa es el terrado-Rooftop del Hotel Neri, por Javier Ortega Figueiral
Roba Estesa es el terrado-Rooftop del Hotel Neri, por Javier Ortega Figueiral

La historia del único Relais & Châteaux de Barcelona

(Periodista, consultor jurídico-aeronáutico y escritor)
14 de noviembre de 2025

En el número 5 de la calle Sant Sever, un cartel metálico discreto anuncia que la antiguamente conocida como Casa Vives pertenece a los 590 Relais & Châteaux del planeta. De ellos, 350 están en Europa, 24 en España, cuatro en Catalunya, y solo uno en Barcelona ciudad: el Hotel Neri, protagonista del cuarto capítulo de Hoteles con Historia e Historias de Hoteles, serie que cada dos viernes publica The New Barcelona Post.

La asociación de la que es miembro el hotel nació en 1941 cuando Marcel y Nelly Tilloy, exartistas de music-hall franceses, compraron un hotel rural junto al rio Ródano. Tras la guerra, visitaron siete establecimientos similares entre París y Niza y, en vez de copiar sus virtudes, los convocaron: crearon la Route du Bonheur, ocho hoteles que se recomendaban entre sí. En 1975 adoptaron el nombre Relais & Châteaux; hoy facturan 2.200 millones de euros y gestionan 12.800 habitaciones en 65 países bajo tres reglas: gastronomía excelente, servicio impecable y personalidad propia.

La Casa Vives no es un palacio de cuento, sino una edificación señorial catalogada como Bien Cultural de Interés Local. Está a 40 metros del Palau de la Generalitat, 25 de la iglesia de Sant Felip Neri y a 60 del acceso lateral a la Catedral. Ha sobrevivido deudas reales, bombas fascistas y tertulias ilustradas para convertirse en hotel boutique de 22 habitaciones que abre sus puertas a la que probablemente es la plaza más tranquila del barrio Gótico.

Dos casas y un embargo

A finales del XVII el solar albergaba dos viviendas modestas en el límite del Call judío. En 1728, Maria Gràcia Torres, esposa del tesorero borbónico Miguel de la Torre, las unificó tras el Decret de Nova Planta. Su hijo Marià heredó el cargo y un agujero financiero: el Real Patrimonio embargó la finca. En 1782 el nieto la recuperó y la vendió al jurista Raimon Vives. Luego, Vives la reformó entre 1783 y 1790: instaló balcones más anchos, una tienda en la esquina y un voladizo hacia la plaza.

En 1800 se casó en segundas nupcias con Gaietana Gualba y, a su muerte en 1825, la parte de Sant Sever quedó en manos de la viuda y de sus tres hijas, que la alquilaron durante un siglo. Como curiosidad, los inquilinos pagaban 1.200 reales anuales durante los primeros tiempos.

De sede ilustrada a refugio tras las bombas

En 1925, la Societat Econòmica Barcelonesa d’Amics del País compró el inmueble por 125.000 pesetas y lo convirtió en su cuartel general. El principal acogía debates sobre agricultura, industria y la Renaixença. Los socios llegaban a pie desde la Rambla, subían La escalera noble y discutían sobre si Barcelona podía industrializarse sin perder su alma.

El 30 de enero de 1938, bombas lanzadas desde aviones Savoia-Marchetti de la Aviazione Legionaria Italiana cayeron en la plaza de Sant Felip Neri a las 9:05 de la mañana. Murieron 42 personas, 20 de ellos, niños de la escuela que aún existe hoy. La Casa Vives recibió impactos laterales: dos balcones quedaron destrozados, se abrieron importantes grietas en la fachada y se rompieron todos los cristales en el principal. Los socios de la Societat barrieron los restos y siguieron reunidos a partir de la semana siguiente al bombardeo.

La plaza de Sant Felip Neri de Barcelona, por Javier Ortega Figueiral

La plaza de Sant Felip Neri, de día. El hotel se mimetiza totalmente con su entorno visitado y tranquilo. © Javier Ortega Figueiral

En 1958, Adolf Florensa reconstruyó la fachada reutilizando piedra de gremios demolidos en las calles calle Avinyó y Ferran. Las obras, terminadas en 1964, sacaron a la luz cisternas romanas del siglo I, silos medievales del X y una prensa de vino del IX. A pesar del mal estado interior, en 1974 el Ayuntamiento descartó declarar la finca en ruina: el informe técnico destacaba “integridad estructural y valor histórico”.

La Societat se mudó a otra sede en 2001. Ahí es donde entró en su fase actual: Anima Hotels compró la finca por 3,2 millones de euros, la rehabilitó bajo dirección de Damià Ribas y abrió en julio de 2003. El proyecto respetó el 85% de la estructura original: un patio gótico con arcos ojivales, esgrafiados barrocos (quizá los mejor conservados de la ciudad) y veteranas vigas a la vista.

La Plaça Sant Felip Neri, per Javier Ortega Figueiral

La Plaza Sant Felip Neri, de noche, y la pequeña terraza del hotel, con un encanto especial que enamora a los huéspedes. © Javier Ortega Figueiral

El terrado se ha convertido en rooftop, un espacio común encantador bautizado como Roba Estesa, y tiene una pequeña piscina estacional. En la planta baja hay una biblioteca y el restaurante “a”, que sirve cocina catalana contemporánea con producto local y tiene una terraza en la plaza para enamorarse de esta parte de Barcelona.

Curiosidad arquitectónica: el hilo de Damià Ribas

Para los amantes de las curiosidades que tiran del hilo rojo uniendo sitios que aparentemente no tienen nada que ver entre ellos, ahí va un dato: el Hotel Neri comparte denominador con lugares tan dispares como un circuito de velocidad, una charcutería selecta y un faro. Y es que la tribuna principal del Circuit de Barcelona-Catalunya de Montmeló, la reconversión de la famosa charcutería Semon en un Mercès en la calle Ganduxer y la modernización del Faro de Sant Sebastià en Llafranc (que mantiene su rol de señal marítima mientras los bajos funcionan como restaurante), son obras del arquitecto Damià Ribas, el mismo estudio que une velocidad, comercio y costa con la misma mano que restauró este rincón del Gòtic.

El patio principal del hotel, distribuidor hacia las diferentes áreas comunes. © Anima Hotels

El hotel ocupa 1.800 metros cuadrados en cinco plantas. Las 22 habitaciones van de los 25 a 45 metros cuadrados, algunas con terrazas y bañeras-duchas en el exterior. Un capricho en el corazón de Ciutat Vella. El 70% de los huéspedes son repetidores y el 40% llegan recomendados por otros Relais & Châteaux. Aunque es un lugar muy apropiado para escapadas de personalidades que quieran pasar unos días por la ciudad, no hay registro de celebrities verificables: la discreción es marca de la casa, como lo es su integración en el barrio de una manera más profunda de lo que pudiera parecer a primera vista.

Hace dos años este veterano edificio cumplió 20 años como hotel. Anima Hotels, su propietario, gestiona otros establecimientos en Barcelona y alrededores, como el Wittmore, también en el Gòtic, un speakeasy boutique con jardín vertical y exposiciones rotativas, que podría merecer su propio capítulo en esta serie.

Una vista poco frecuente de la Plaza de Sant Felip Neri, desde la cuarta planta del hotel, la antigua Casa Vives del Gòtic. © Javier Ortega Figueiral

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Sobre el autor

Javier Ortega Figueiral
Javier Ortega Figueiral

Periodista, consultor jurídico-aeronáutico y escritor

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