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Glòries, el ‘scalextric’ resuelto

Gran Clariana de las Glòries
Gran Clariana de las Glòries

La gran plaza que Cerdà diseñó como nuevo centro de Barcelona deja de ser un lugar inhóspito después de décadas

22 de agosto de 2025

La plaza de las Glòries por fin ha encontrado su encaje en Barcelona. El parque que desde hace unos meses llena este espacio y diversos equipamientos la han convertido en un verdadera zona de centralidad, y ha dejado de ser definitivamente un no lugar. Glòries es hoy una amplia extensión equivalente a unas seis islas del Eixample que ofrece rincones para el descanso y actividades y, además, ha conseguido articular una comunicación eficaz con los barrios de su perímetro.

Cuando Ildefons Cerdà diseñó su plan para el Eixample, pensó que Glòries sería el centro de la nueva Barcelona. Si uno contempla los viejos planos dibujados por el ingeniero de Centelles, la cualidad de centro de este espacio venía marcada por ser el punto de intersección de tres de las grandes vías de comunicación que atraviesan la ciudad y que rompen el trazado de cuadrículas y calles perpendiculares del Eixample. Son la Gran Via, la Diagonal y la Meridiana, las principales entradas y salidas de Barcelona que la comunican con la red de carreteras del país.

Es precisamente su condición de cruce de grandes arterias la que ha impedido durante décadas que fuera un lugar amable, y ha alimentado que sea un punto inhóspito que fue creciendo a medida que el coche se fue adueñando de la ciudad. Hubo un tiempo en que la forma que tenían los ciudadanos de a pie de sortear las Glòries fueron unas pasarelas aéreas peatonales. Las tuve que atravesar en algunas ocasiones para ir de la Gran Via a la Meridiana, y recuerdo que eran caóticas y muy mal señalizadas. La primera vez que lo hice, allá por los años setenta, tuve la sensación de llegar a la Meridiana casi por casualidad.

Después, durante la etapa de gran transformación olímpica, se construyó un anillo viario en forma de tambor que se quiso aprovechar como aparcamiento disuasorio para aquellos que venían de fuera de Barcelona. Tuvo un uso muy minoritario. En el centro del tambor, se instalaron unos jardines que no invitaban para nada a disfrutarlos. Seguía siendo un no lugar inhóspito.

Finalmente, se decidió derribar el tambor y hacer pasar la Gran Via por debajo. Ha sido una obra extremadamente complicada, pues se tenía que atravesar un subsuelo con gran cantidad de servicios. Múltiples problemas técnicos, presupuestarios y dudas han retrasado durante décadas la obra. No ha sido hasta hace unos meses que se ha ganado esta batalla urbanística.

Cuando uno emerge a la superficie desde el metro, se da cuenta del gran cambio que ha experimentado este espacio. De entrada, uno se topa con algunos referentes arquitectónicos, como la Torre Glòries de Jean Nouvel y el Museu del Disseny, ese edificio en forma de grapadora que fue una de las últimas obras de Oriol Bohigas y su despacho de arquitectura con sus socios Josep Maria Martorell y David Mackay.

Plaza Glòries de Barcelona.

La Torre Glòries y el Disseny Hub se elevan por encima de la estación de metro de Glòries. © Xavi Casinos

El parque invita al paseo. Ni la playa de vías del tranvía lo impide, porque se ha logrado integrar muy bien en el paisaje. Hay zonas de sombra y elementos singulares, como una pérgola central de forma circular y la denominada Clariana, un explanada ovalada de césped en la que uno puede relajarse e incluso participar de algunas actividades. Una curiosidad: el acceso a la zona de césped se realiza cada día por una entrada distinta. Un cartel explica que esta medida no es arbitraria, sino que se basa en criterios que garantizan su sostenibilidad y mantenimiento. Y, en caso de lluvia, se cierra.

Vale la pena fijarse en el mobiliario, que rompe la uniformidad de diseño a la que uno está acostumbrado. Hay asientos en forma de tumbona, perfectos para la lectura. Sorprenden unas sillas altas, como las de los socorristas, con escalera incluida, que, claro, son las preferidas de los más pequeños, que también se lo pasan en grande en una zona de juegos que incluye una montaña de toboganes.

Plaza Glòries de Barcelona.

Un hombre paseando en la Clariana de Glòries. © Xavi Casinos

Uno también se topa con un extraño monumento que recuerda un episodio de gran importancia histórica. Y es que, en el siglo XVIII, Barcelona fue una de las ciudades elegidas por los científicos franceses para determinar la longitud del metro. Esta unidad de medida universal se fijó como la diezmillonésima parte del cuadrante del Meridiano, pero estaba pendiente medir ese cuadrante. Para ello, se escogió calcular la longitud del arco entre Dunkerque y Barcelona.

Escultura en Glòries.

Escultura del perfil entre Dunkerque y Barcelona en Glòries. © Xavi Casinos

Así, el astrónomo y geógrafo Pierre Méchain se trasladó a Barcelona y, mediante un sistema de triangulación, aportó buena parte de los datos que permitió determinar por fin la medida del cuadrante del meridiano y, por tanto, del metro. El monumento, que pasó unos cuantos años exiliado en la avenida Meridiana, representa el perfil entre Dunkerque y Barcelona.

El diseño de la nueva Glòries facilita ahora el acceso a equipamientos como el Mecat dels Encants, al centro comercial ahora llamado Westfield y otros lugares de interés en el área de influencia. Ya no es un espacio inhóspito. Se puede decir que, por fin, Barcelona ha resuelto el scalextric de Glòries, pendiente desde que Cerdà lo dibujó.

Tranvía en la Plaza Glòries.

Tranvía ante la torre Glòries de Barcelona.

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Xavi Casinos
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