De la magia de Gaudí a las celebridades: chocolate, arte y tradición en las monas de Pascua

Les cases modernistes de Brunels
Les cases modernistes de Brunels

Los pasteleros de Barcelona combinan tradición e innovación en las monas, desde los dulces más clásicos, con bizcocho tradicional, hasta obras de chocolate inspiradas en la arquitectura modernista, la ciencia y el deporte

(Redactora en The New Barcelona Post)
07 de abril de 2026

Hay tradiciones que no solo se mantienen, sino que incluso se reinventan sin perder su esencia. La mona de Pascua es uno de los ejemplos más dulces. Estos días, los pasteleros de la ciudad se preparan para vender miles de monas durante la Semana Santa, reafirmando la vigencia de una de las grandes tradiciones del calendario festivo. A pesar de los cambios de formato y de propuestas cada vez más sofisticadas —a menudo consideradas auténticas obras de arte—, la costumbre de regalar la mona se mantiene muy viva, e incluso ha superado el vínculo tradicional entre padrinos y ahijados y hoy, amigos y familias también se suman a la celebración.

Entre figuras de chocolate inspiradas en personajes famosos —desde jugadores del Barça hasta series y películas— y recetas que reinventan los formatos más clásicos, las monas continúan cautivando a pequeños y mayores. Quizá también porque estas tradiciones ofrecen un espacio de calma y encuentro en un presente acelerado. Así lo defiende Miguel Zaguirre, presidente del Gremi de Pastisseria de Barcelona, para quien la Pascua representa una excusa perfecta para reunirse: “La mona de Pascua sigue teniendo sentido porque nos da una excusa para encontrarnos y compartir un momento familiar, pero incluso también con amigos, ya que la tradición hoy va más allá del vínculo con el ahijado”, asegura.

Una tradición viva y popular que, sin embargo, no tiene un origen del todo definido, sino que bebe de diversas influencias a lo largo del tiempo. Hay quien mira hacia el mundo árabe para encontrar la munna, que significaba “regalo” o “provisión de boca”, una forma antigua de pagar el arrendamiento de tierras con productos agrícolas y dulces. Otros prefieren apostar que la etimología de mona proviene de la palabra latina munda, forma en la que se denominaba a las cestas romanas que contenían dulces y huevos decorados y que se ofrecían a la diosa Ceres durante el mes de abril para pedir fertilidad a la tierra. Incluso se podría remontar a las fiestas denominadas muniquias en la antigua Grecia, unas celebraciones rituales dedicadas a la diosa Artemisa.

Aunque su origen es incierto —o podría responder a la confluencia de varias tradiciones paganas, posteriormente asumidas por el cristianismo—, sí se sabe con certeza, tal como recoge Joan Amades en el Costumari català, que la mona ya se conocía con este nombre en el siglo XV. En aquella época, los huevos, considerados símbolos de fertilidad, se llevaban a bendecir antes de ser regalados, coincidiendo con la llegada de la primavera. Parte de estos huevos, cocidos, pasaron a formar parte de esta mona primigenia, hoy llamada Cristina: un bizcocho sencillo, hecho con harina, huevos y azúcar, en forma redonda y con los huevos cocidos entrelazados en la misma masa.

El chocolate en estos huevos no se incorporó hasta la llegada del cacao a Europa en el siglo XVI, procedente del continente americano. No fue, sin embargo, hasta el siglo XIX que los pasteleros barceloneses comenzaron a sustituir los huevos duros por figuras de chocolate, que coronaban una base de bizcocho con mantequilla, fruta y plumas. Ya en los años treinta, el pastelero Lluís Santapau empezó a elevar estas creaciones a la categoría de arte monumental. Desde entonces, las figuras de chocolate han ido ganando protagonismo hasta convertirse en el elemento central de la mona tal como la conocemos hoy.

Esta evolución se refleja en unas monas que, cada vez más, “se conciben como pequeñas obras de arte, donde el impacto visual gana protagonismo sin renunciar al sabor”, como señala Zaguirre, celebrando que las temperaturas de esta Semana Santa, celebrada este año a principios de abril, permiten trabajar con todavía más virtuosismo las piezas de chocolate.

La emblemática pastelería Hofmann apuesta este año por la colección Earth, inspirada en texturas naturales como el coral o la roca. © Hofmann

Sin embargo, como recuerda el equipo de la emblemática pastelería Hofmann, “tradición e innovación conviven armónicamente”: así, en su oferta coexisten las monas más clásicas, como los pasteles Sara y Sacher, y propuestas más originales, como la nueva colección de huevos de Pascua inspirada en el arte contemporáneo, sin olvidar la Colomba, un dulce italiano similar al panettone navideño y con forma de paloma.

Incluso hay obradores barceloneses, como la pastelería Oriol Carrió o Brunells, que recuperan la mona más primigenia: la Cristina, un bizcocho con los huevos entrelazados. De hecho, el presidente del Gremi de Pastisseria de Barcelona destaca que la duración de la Semana Santa permite que ambos formatos convivan: “Una Cristina para acompañar el café durante estos días y reservar la mona de chocolate para el Lunes de Pascua con el ahijado”, recomienda Zaguirre.

La mona de Pascua primigenia: la Cristina, de la pastelería La Colmena. © La Colmena

Los iconos del momento, en versión dulce

Pero la evolución de la mona nunca se detiene: año tras año se reinventa para llevar a los escaparates de los obradores los iconos y figuras del momento, saltando directamente de las pantallas y redes sociales. Este año, el fenómeno del K-Pop y las figuras del universo Lego han conquistado las pastelerías barcelonesas, compartiendo espacio con personajes clásicos modernos como los de Stranger Things o el entrañable Stitch. Pero hay un terreno en el que el chocolate despierta verdadera pasión: el deporte. Figuras como Lamine Yamal, Raphinha o Aitana Bonmatí, junto con el auge del fenómeno CAT, la mascota del Barça, hacen que el escudo y los jugadores del equipo azulgrana sean unas de las piezas más buscadas esta Semana Santa.

La innovación, sin embargo, no solo consiste en copiar la realidad, sino también pasa por reinventarla. Lo ilustra, un año más, la Mona Científica, una iniciativa de la Universidad de Barcelona y del Gremi de Pastisseria de Barcelona para despertar vocaciones científicas. Este año, coincidiendo con el año en que Catalunya vivirá un eclipse solar total —visible por primera vez en más de un siglo—, la protagonista del dulce es MIA, una astrónoma de chocolate con telescopio clásico, acompañada del sol y la luna, que rinde homenaje, a su vez, a Assumpció Català, la primera astrónoma profesional en una universidad española. Una mona que no es solo comestible, ya que incorpora un código QR que permite a los niños descubrir los secretos de los eclipses, la vida de las estrellas y las galaxias, la evolución del universo y el papel fundamental de las mujeres en la astronomía.

Paralelamente a la ciencia, otra disciplina ha ganado protagonismo en los escaparates de las pastelerías: la arquitectura, coincidiendo con la celebración del Año Gaudí y la Capitalidad Mundial de la Arquitectura. Así, el Gremi de Pastisseria de Barcelona —que este año también está de celebración por sus 125 años de historia— ha reunido a diez maestros pasteleros que, en un ejercicio de virtuosismo chocolatero, han reinterpretado la obra del genio modernista a través de diez huevos de Pascua colosales expuestos en la Sala Hipóstila del Park Güell, que este año también conmemora el centenario de su apertura al público.

La mona astrónoma, creada por el Gremi de Pastisseria de Barcelona y la Universidad de Barcelona. © Universitat de Barcelona

Bajo la frescura de este bosque de columnas de piedra, los visitantes pueden admirar cómo el cacao recrea el famoso trencadís o las formas orgánicas de la salamandra de Gaudí, gracias al trabajo de pasteleros reconocidos como Lluc Crusellas, de Eukarya Xocolata, reconocido internacionalmente y campeón del World Chocolate Masters 2022, o profesionales de obradores de referencia de la ciudad como Bubó Barcelona o Mervier Canal.

A lo largo de toda la muestra, bautizada como Gaudí en xocolata, los visitantes podrán votar por su huevo preferido. A través de las votaciones, el huevo favorito de los visitantes tendrá una segunda vida en el Museo de la Xocolata de Barcelona, donde continuará expuesto, mientras que el resto de las creaciones dulces participarán en la “trencadissa” del 9 de abril, momento en que el chocolate se repartirá entre los alumnos de las escuelas vecinas.

En la muestra en la Sala Hipóstila, diez maestros pasteleros han reinterpretado la obra del genio modernista a través de diez huevos de Pascua colosales. © Gremi de Pastisseria de Barcelona

Un paseo por los obradores barceloneses: las monas más golosas

Más allá del Park Güell, Barcelona ofrece un recorrido dulce por sus obradores, con monas que sorprenden tanto por la técnica como por el sabor. La primera parada de la ruta golosa es la histórica pastelería La Colmena, donde el maestro Xavier Arévalo Muntané se ha alzado con el premio a la Mejor Mona de Chocolate 2026. Su creación, "Jack Sparrot", convierte a un loro en el célebre pirata cinematográfico, acompañado de un cofre del tesoro lleno de huevos de chocolate. Por su parte, L’Espiga d’Or de Vilanova i la Geltrú ha logrado el primer premio en la categoría de mona tradicional.

Para quienes buscan un enfoque más artístico y conceptual, la pastelería Hofmann propone este año la colección Earth. Desde el establecimiento destacan que su propuesta “se caracteriza por la artesanía, la gran calidad y el respeto por la materia prima”, combinando innovación y diseño. Así, este año presentan esculturas inspiradas en texturas naturales como el coral o la roca, rellenas con una capa de praliné, que se convierten en propuestas atemporales de la pastelería y buscan seducir a un público adulto que valora el arte comestible.

Pero el arte de Gaudí trasciende las columnas y trencadissos del Park Güell y también llega este año a las pastelerías de Barcelona, inspirando diversas monas de Pascua: en Brunells, en el Born, combinan tradición y creatividad en su oferta, recreando con detalle la Casa del Guarda del Park Güell en chocolate. En cambio, en L’Atelier el protagonista es el anfibio del Park Güell, con la Mona Salamandra, con la que la pastelera Marianna Camps ha conseguido el segundo premio a la mejor mona de chocolate.

La Mona Salamandra, inspirada en el anfibio del Park Güell, de L’Atelier. © L’Atelier

Por su lado, en Baixas, los maestros pasteleros han elaborado huevos de chocolate negro y blanco inspirados en los coloridos trencadissos gaudianos. Mientras tanto, en Riudoms, localidad natal de Gaudí, se ha presentado una figura a tamaño real del genio modernista, obra de Adan Saez, de la pastelería Xocosave. En esta misma línea de espectacularidad, la Pastisseria Escribà ha decidido llamar la atención con su Mona CAT del Barça, una pieza gigante que tras la Pascua residirá en el Museo del club.

Más allá de CAT, los animales también son uno de los grandes protagonistas de la Pascua, con propuestas diversas que permiten pasar de las formas animales más minimalistas de Josep Maria Rodríguez en La Pastisseria Barcelona —donde tigres, dragones, pingüinos, caballitos de mar y koalas se presentan con un realismo y detalle que cautivan la vista— hasta las piezas 3D de Lluc Crusellas en Eukarya, con figuras como el dragón o el león, creadas con las técnicas más avanzadas de modelado. Mientras tanto, pastelerías como Mervier Canal continúan sorprendiendo con fusiones creativas como la “Mona Burguer”, mientras que Bubó apuesta por personajes más actuales, como las guerreras del K-Pop o los Labubus.
Lluc Crusellas con las monas de animales para Pascua. © Eukarya

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Sobre el autor

Ainara Valadez
Ainara Valadez Medina

Redactora en The New Barcelona Post

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