Cuando pensamos en alta cocina, solemos imaginar restaurantes sofisticados en el corazón de una gran ciudad. Pero más allá de las avenidas del Eixample o el Born, hay otra constelación que brilla con luz propia: la de los restaurantes con Estrella Michelin situados en las comarcas de Barcelona. Establecimientos que combinan excelencia culinaria, vínculo con la tierra y una forma de hacer que conecta con el paisaje, la memoria y la tradición.
Para descubrirlos, proponemos un recorrido por la provincia a través de siete restaurantes destacados en la guía roja, algunos reconocidos también con la Estrella Verde por su apuesta por la sostenibilidad. Son propuestas con personalidad propia, mirada contemporánea y un compromiso firme con el producto de proximidad. Todos comparten la voluntad de reivindicar la cocina catalana desde el respeto y la creatividad. Además, sus chefs explican cómo la Estrella cambió su negocio y reflexionan sobre cómo traducen el paisaje en el plato.
Casa Nova: raíces en el Penedès y mirada al mundo
En Sant Martí Sarroca, en el Alt Penedès, Casa Nova es el proyecto vital del cocinero y periodista Andrés Torres, también presidente de la ONG Global Humanitaria. Su trayectoria ---marcada por la ayuda humanitaria y los viajes--- es un ingrediente clave de su cocina. “Casa Nova tiene mucho que ver con todo lo que ha influido en mis viajes como corresponsal y como persona dedicada a la ayuda social”, explica.
La carta no se limita a llevar productos de proximidad al plato. En este caso, es él mismo quien cuida y trabaja buena parte de los ingredientes, desde los huevos de las gallinas que campan por el terreno hasta el vino o el vinagre elaborados en casa. Todo esto es posible gracias a una infraestructura propia que garantiza una trazabilidad casi total, con reutilización del agua de lluvia, cultivo de setas shitake, hotel de insectos… Incluso el pan se cuece en un horno de leña siguiendo la técnica tradicional de las comunidades indígenas del altiplano peruano, en homenaje a los aprendizajes vitales del chef. “Convivir con comunidades durante años te hace darte cuenta de cómo, con muy poco, se puede vivir y alimentarse”, apunta Torres.
La suya es una cocina sin complejos, sencilla, pero con mirada contemporánea, que pone en valor productos esenciales ---como una simple patata--- y los eleva con técnicas y conocimientos aprendidos por el mundo. El reconocimiento de la Guía Michelin no ha hecho sino reforzar este relato: Estrella Verde desde 2024 por su compromiso con la sostenibilidad y Estrella Roja en 2025 por su calidad gastronómica. “Salir en la Guía Michelin te pone en el mapa y despierta la curiosidad de saber qué se cuece”, dice Torres.
Fiel a su espíritu solidario, estos meses organiza cenas a cuatro manos con otros cocineros para recaudar fondos destinados a garantizar comidas para niños y niñas de Gaza. Una prueba más de que Casa Nova es mucho más que un restaurante: es un compromiso con las personas y con el territorio.
Tresmacarrons: cocina de memoria en el Maresme
En El Masnou, el restaurante Tresmacarrons es toda una declaración de intenciones. El cocinero Miquel Aldana y la jefa de sala Núria Orra recibieron su primera Estrella Michelin en 2015 y nunca han perdido de vista la esencia: una cocina de proximidad sin artificios, con menús que cambian a menudo siguiendo la temporalidad. “Aquí hacemos una cocina clásica con técnicas modernas. Una cocina de toda la vida, de valorar el producto que nos rodea, de la comarca del Maresme”, resume Orra.
Como curiosidad, el nombre del restaurante es un homenaje a las Estrellas Michelin. “Miquel quería un nombre que la gente recordara fácilmente. Trabajó un año en París, y allí los cocineros no dicen étoile, sino macaron. Este cocinero tiene un macaron, este otro tiene dos… Nos hizo gracia y lo catalanizamos”, explica la jefa de sala, que recuerda que la llegada de la Estrella marcó un antes y un después. “No nos lo esperábamos para nada. Éramos un restaurante muy pequeño y entonces ni siquiera teníamos menú degustación, solo una carta para la clientela habitual. Cuando nos dieron la Estrella, todo cambió: tuvimos que buscar equipo, gestionar muchas reservas, reorganizarlo todo… Al principio fue complicado”.
Aunque la mayor parte del producto proviene del Maresme ---como los guisantes, los tomates, las fresas o las berenjenas blancas---, también colaboran con productores de otras zonas cercanas, como un pequeño ganadero de Moià que les provee de carne de wagyu. “No siempre es viable tenerlo todo de aquí, pero trabajamos siempre con productores locales, gente con la que tenemos relación desde el primer día”.
Un vínculo que también mantienen con la DO Alella, uniendo vinos y productos locales para reforzar la memoria gustativa. “Un día un cliente me dijo: ‘Esta salsa es entre mi madre y mi mujer’. Eso es exactamente lo que buscamos: recuerdos clásicos de la cocina catalana”, concluye Orra.
Can Jubany: cocinar la tierra desde Osona
En Calldetenes, en el corazón de Osona, Can Jubany va más allá de un restaurante: es una masía catalana que reivindica la cocina tradicional con espíritu contemporáneo. Al frente está el chef Nandu Jubany que, desde 1995, ha recuperado el patrimonio agrícola de la casa para hacerlo latir en cada plato. En su finca cultiva verduras, hierbas y cuida un pequeño gallinero, garantizando un aprendizaje directo del terreno. “Hacemos cocina catalana, no muy rebuscada, pero con mucho sabor; esa que hacía la abuela o la tía, vivida alrededor de una mesa con gente a la que quieres”, explica
El cerdo y la trufa son dos de los productos de la región que más trabaja. “Apostamos por la trufa y somos un lugar al que venir a comerla, y también a probar caza”, añade. Como curiosidad, Jubany es uno de los mentores de Núria Orra y, además, empezó su carrera con Toni Sala, que también tiene Estrella en Olost. “Cuando alguien lo hace bien, todo el territorio sube de nivel”, apunta. “Por eso, tenemos que estar agradecidos a locales como Sala, Bocatti o el antiguo Ànec Blau de Vic”.
Can Jubany recibió su primera Estrella Michelin en 1998, distinción que mantiene desde entonces. “El primer medio año viene mucha gente, pero son clientes que un año vienen aquí y al siguiente van a otro premiado; la mayoría no se quedan”, explica cuando se le pregunta por el impacto del reconocimiento. “Eso sí: gracias a la Estrella, nuestra gente nos valoró más y los clientes de siempre se sintieron partícipes”. Eso no es casualidad: la filosofía del proyecto es recuperar el sentido original de la palabra “restaurant”, es decir, restaurar a todo aquel que cruza la puerta.
Un recorrido por otros referentes de la provincia
Más allá de estos tres establecimientos, la alta cocina se despliega con personalidad propia en varios puntos de las comarcas de Barcelona. En Sagàs, Els Casals es un ejemplo modélico de autosuficiencia y respeto por el ciclo natural de los alimentos: una masía que cultiva, cría y transforma, con la cocina de Oriol Rovira como hilo conductor, y que cuenta también con una Estrella Verde por su coherencia sostenible.
También con doble reconocimiento ---Estrella Roja y Estrella Verde--- brilla el restaurante Lluerna, en Santa Coloma de Gramenet, que rompe tópicos con una propuesta elegante, limpia y comprometida con el medioambiente, bajo la mirada de Víctor Quintillà.
En Olost, el restaurante Sala, con el chef Toni Sala, mantiene con perseverancia una Estrella ganada hace años gracias a una cocina discreta, honesta y fiel a la esencia catalana y al producto de calidad. Y en Sant Fruitós de Bages, dentro del recinto de Món Sant Benet, el restaurante L’Ó, dirigido por el chef Ivan Margalef, destaca por una cocina creativa y sofisticada, conectada con el paisaje vitivinícola y el patrimonio de la zona.
La constelación de Estrellas Michelin que ilumina las comarcas de Barcelona demuestra que la alta cocina no entiende de geografías centrales. Del Maresme al Bages, del Alt Penedès a Osona, cocineros y cocineras han sabido transformar el paisaje en plato y el recuerdo gustativo en experiencia. Todos comparten una Estrella porque cumplen lo que Michelin distingue por encima de todo: cocina de alto nivel, técnica impecable y una identidad que deja huella.
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