Galdric Santana: “Gaudí se adelantó cien años a su tiempo”

Galdric Santana, comissari de l'Any Gaudí. © Àngel Bravo
Galdric Santana, comissari de l'Any Gaudí. © Àngel Bravo

01 de marzo de 2026 a las 23:19h

Comisario del Año Gaudí y director de la Cátedra Gaudí, Galdric Santana lleva años estudiando al arquitecto desde una mirada que va más allá del tópico. Reivindica al Gaudí del conocimiento, no solo el de la estética. Un Gaudí científico, racional, adelantado a su tiempo, capaz de integrar arte, tecnología, humanidades y simbología en una sola obra. En esta conversación defiende la necesidad de explicar “el orden invisible”: todo aquello que no se ve a simple vista, pero que da sentido profundo a su arquitectura.

— ¿Qué significa para usted haber podido trabajar en el programa del Año Gaudí? ¿Cuál es el mensaje final que quiere transmitir?

--- El objetivo principal, que, de hecho, me planteo ya cuando coincide mi acceso a la dirección de la Cátedra Gaudí con la decisión del Consejo de impulsar el Año Gaudí, era muy claro: difusión. Gaudí no es que necesite difusión, porque todo el mundo sabe de quién se trata, pero en realidad no se le conoce.

— ¿Cómo que no se le conoce?

--- Si explicas a Gaudí con objetividad, con todo lo que representa a nivel de contenido y conocimiento, descubres que es mucho más que un arquitecto o un artista con una plástica aceptada por mucha gente. Es un señor que aporta conocimiento y una técnica que, incluso cien años después, todavía contiene descubrimientos no registrados por nadie. Hay todo un conocimiento invisible. Si miras la plástica, ves una plástica universalmente aplaudida; pero si la analizas y la estudias, encuentras una serie de aportaciones que pasan desapercibidas. De ahí el lema del año: “el orden invisible”.

— ¿Qué quiere decir exactamente con ese “orden invisible”?

--- Todo aquello que no se ve y que tiene tanto o más valor que la propia plástica final. Es una manera de entender el arte y la arquitectura aplicando la ciencia y la última tecnología de la época. Buscar la última novedad para convertirla en arte o aplicarla al arte. Y en un arte tan capital y funcional como la arquitectura, eso es esencial. Porque el arquitecto, a diferencia del maestro de obras, es un científico. Puede hacer una arquitectura moderna, actualizada. Todo este contenido es lo que se pretende divulgar aprovechando la efeméride: transmitir al turista y también al público local qué hay detrás del “wonderful” y el “beautiful”. Porque detrás de cada detalle siempre hay una razón. No hay nada arbitrario.

— Pero esa racionalidad también convive con el simbolismo constante, ¿no?

--- Exactamente. Cualquier elemento tiene más de una explicación al mismo tiempo: artística, racional, funcional o constructiva. Estamos hablando de un personaje que se adelantó cien años en muchos aspectos contemporáneos, como por ejemplo en términos de sostenibilidad. En su momento no había un problema de sostenibilidad, sino económico, pero él aplica la ciencia para optimizar recursos. Hoy eso es plenamente vigente. Es decir, optimizar la forma para resolver un requerimiento estructural con ordenadores es algo muy reciente; él ya lo hacía hace más de cien años. Él tenía su propio “ordenador”, digámoslo así. Y sí, también hay un sentido simbólico en cada decisión: en Bellesguard, por ejemplo, analiza las tradiciones locales, la historia, la geología, los topónimos, lo que allí se venera. Integra el lugar en todos los sentidos: geológico, sociológico, histórico. Además, es una casa de verano y optimiza la radiación solar. Toma decisiones basadas en conocimiento y memoria, como la posición del sol a lo largo del año. Todo eso sumado en un solo elemento.

"Yo querría reivindicarlo como los americanos reivindican a Einstein: como un intelectual que hace aportaciones científicas, geométricas, sistemas de forma equilibrada que nadie había desarrollado"
— ¿Esa es la profundidad desconocida para el gran público, entonces?

--- Lo que se conoce de Gaudí es la aceptación plástica. Pero yo querría reivindicarlo como los americanos reivindican a Einstein: como un intelectual que hace aportaciones científicas, geométricas, sistemas de forma equilibrada que nadie había desarrollado…

— ¿Las catenarias y los paraboloides?

--- Hay mucha discusión. No todo son paraboloides; él trabaja con curvas equilibradas. Y da un salto extraordinario: pasa de la curva bidimensional a la superficie tridimensional. Hoy eso se aplica con ordenadores. Él se fabricó una especie de ordenador proyectivo para resolver cálculos con rapidez. Y ese es el valor máximo, poco conocido. La plástica lo ha hecho famoso, pero casi tiene más valor todo lo que hay detrás.

— ¿Pero ciencia, solamente?

--- Cuando hablo de ciencia no me refiero solo a la vinculada a la tecnología, sino también a las humanidades. Por ejemplo, aquí en Bellesguard, hace un análisis de qué tradiciones locales existen, qué se venera, cuáles son los topónimos, la historia de Martí el Humano… También a nivel geológico, saber qué piedra se utilizaba. O a nivel sociológico: además de la historia, que ya es un lugar con una historia clarísima para Catalunya, conoce el paso del Torrent de Betlem, el santuario que había aquí, la radiación solar del lugar, la inclinación del sol a lo largo del año…

"La plástica lo ha hecho famoso, pero casi tiene más valor todo lo que hay detrás"
— Por tanto, ¿hay también una conexión con el mundo medieval catalán?

--- Él vive en el momento de la Renaixença y reivindica una arquitectura propia, pero sin complejos. Como los griegos, que hicieron una arquitectura que los trascendió, él quiere trascender. Cuando trabaja fuera de Catalunya, eso sí, adapta su arquitectura al lugar. El factor lugar y el contexto social son determinantes. Aquí en Bellesguard, por ejemplo, y como ya hizo en el Misterio de Gloria de Montserrat, establece un paralelismo muy audaz entre la resurrección cristiana y el renacimiento de Catalunya. Compara la dinastía del rey Martí con la del rey David. Eso le genera detractores. ¡Incluso se cambió la posición de un escudo porque ponía al mismo nivel la resurrección cristiana y la cultural catalana!

—¿Teme que el carácter internacional eclipse este año su catalanidad?

--- Hay documentos claros sobre el tema político. Pero yo siempre digo: objetivemos. Sabemos a quién no votaría, está claro, pero creo que no corresponde intentar trasladarlo miméticamente. Es más interesante la vertiente del conocimiento. Su obra tiene aplicaciones actuales que quizá no gustarían a todo el mundo. Analiza a fondo el centralismo español, sí, el encaje territorial… “Ellos son los que tienen la llave de la despensa, pero aquí somos los que producimos”, dice. Pero, claro, todo eso hay que explicarlo con rigor y documentación.

— ¿Qué actos destacaría del Año Gaudí?

--- Habrá un congreso para recopilar conocimiento objetivo, una exposición inmersiva para llegar a todos los públicos y una exposición de contenido inédito, sorprendentemente inédito después de cien años. También, en el Museu d'Història de Catalunya, se analizará su visión de la catalanidad.

— ¿Hasta qué punto se han coordinado todas las instituciones y monumentos gaudinianos para poder hacer un buen Año Gaudí?

--- Todo el Año Gaudí está organizado desde el Consejo Gaudí, que además, de manera excepcional y como novedad, se ha ampliado también a las casas situadas fuera de Catalunya. Ha habido coordinación aquí y también más allá de aquí.

"Si en la época del Renacimiento el progreso era lento, saltar cien años en el siglo XX es como saltar quinientos en el siglo XVI"
—Y  ya que estamos en Bellesguard: ¿qué es Bellesguard?

--- Bellesguard es una obra escenográfica.

— Un poco Tim Burton sí que lo parece.

--- ¡Bien visto! Si tomas el dibujo original de Gaudí para la fachada de la Pasión, también podría ser un dibujo de Tim Burton. Gaudí, como te decía, salta plásticamente cien años hacia adelante. Y si en la época del Renacimiento el progreso era lento, saltar cien años en el siglo XX es como saltar quinientos en el siglo XVI. La gente no percibe que un artista sea capaz de dar ese salto. Y Gaudí lo dio.

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