Para dar espacio a los nuevos edificios en torno a la Sagrera, otros desaparecen. Más de 2.000 de las nuevas viviendas se levantarán en un área conocida como sector Prim, en la Verneda, donde los primeros en convertirse en historia serán un gran complejo de naves industriales y un peculiar aparcamiento, como futuros fantasmas urbanísticos que pasan sus últimos días viendo las obras pasar. De camino, los bloques de obra vista de la calle Santander serpentean con una uniformidad cromática que sólo trunca la ropa tendida que se asoma desde diversos balcones. Con el calor, en pocos minutos estará más que seca.

Ahuyentados por la temperatura, no hay nadie en la calle, ni en los parques, solo quienes no tienen más remedio que estar ahí: trabajadores de las obras de La Sagrera, tres operarias del servicio de limpieza y un par de chicos que empujan carros para recoger chatarra desde las barracas que se amontonan, irónicamente, junto al cercano Pont del Treball Digne.
Entre los edificios, un amplio solar vallado y cerrado con candado y carteles de propiedad privada rodea lo que un día debió ser un parque infantil, que ahora se destiñe solitario bajo el sol, mientras unos tomates desconcertados crecen en unas matas que parecen haber crecido espontáneamente.

Otro hombre sale a escena en la Rambla Prim, cargado de tres pequeñas cajas que apoya en un andador. Cuidadosamente, saca de una de ellas diversos utensilios: un cepillo de dientes, un pulverizador y algún que otro trapo. La curiosidad me puede y me acerco, cuando saca las dos otras cajas, que esconden sendos pájaros cantores. Empieza a limpiar las jaulas con la meticulosidad de quien ha hecho algo cientos de veces. “Salgo a menudo a limpiarlas”, explica.
Aprovecho para preguntarle cuáles son exactamente los edificios que se van a derribar en el sector Prim; ha oído que empezarán por unas naves industriales y el aparcamiento. Lleva cinco décadas en el barrio, y lo ha visto cambiar por completo con las obras de La Sagrera: “Y más que lo verá cambiar ahora, cuando terminen las obras”.
— No creo que llegue a verlo—, bromea, o no, mientras se esmera con la segunda de las jaulas.

Cruzando de nuevo la calle Santander, se despliega hasta la Via Trajana y el Pont del Treball el área que verá los primeros derribos del sector Prim. Pregunto en un taller mecánico, y me dicen que el experto sobre el tema es el vigilante de la nave industrial, pero que está de vacaciones. No pueden ayudar en las indicaciones para encontrar las primeras naves que desaparecerán, pero piden algo antes de que siga buscando: quieren una foto. Faltaría más.

A pocos metros, las varias puertas de una nave de obra vista aparentemente más antigua deja entrever a personas trabajando con madera y otros materiales. Una mujer que está atareada en una de ellas lo confirma: esas naves serán historia en pocos meses. Y, lejos de estar en desuso, me cuenta que operan como un taller industrial compartido. Ella lleva cuatro años trabajando ahí, y ahora toca buscar nuevos espacios.

Lo mismo ocurre con las cerca de 200 personas que trabajan en las naves. Lo hacen mediante la empresa TMDC, como aclara Lucas López desde la compañía. Los talleres están abiertos tanto a profesionales como a particulares, y dan acceso a todo tipo de maquinaria para trabajar cualquier material imaginable, como el metal, la madera, la cerámica y el plástico.

Lucas cuenta que TMDC lleva siete años operando en Barcelona, y que lo hace desde la Verneda desde 2018. “Sabíamos desde el principio que todo esto estaba afectado, pero no deja de ser doloroso ver cómo desaparece algo que has visto crecer”. Ya han visto volatilizarse cuatro naves, que fueron derribadas en enero, y se mudarán en otoño a un nuevo emplazamiento, ubicado en L’Hospitalet de Llobregat y que triplicará su espacio actual hasta los 15.000 metros cuadrados.
Repletas de máquinas, material, proyectos e ideas, las naves que siguen en pie miran ahora a un solar vacío, donde no queda rastro de las cuatro naves ya derribadas, como preludio de lo que está por venir. Pronto no quedará nada: los derribos están previstos para 2027.

Al salir, las obras del nuevo colector separan las naves que irán al suelo del aparcamiento que también se esfumará. Unos pasos más allá, el Tanatorio de Mascotas mira desde el otro lado de la Via Trajana el sector afectado, del que se libra por pocos metros. A través de los veterinarios, las familias pueden optar a este servicio para despedirse de sus mascotas antes de su incineración, me explica una trabajadora desde la recepción del equipamiento. Fuera, todo es silencio, excepto por las obras, con trabajadores que sudan al sol y que dibujan el camino hacia el aparcamiento afectado.

El aparcamiento es un gran solar que está lleno no sólo de coches, sino también de furgonetas y grandes camiones. “Aquí viene gente hasta de Badalona y Santa Coloma para aparcar”, explica su vigilante. Cuando desaparezca, no saben dónde dejarán sus vehículos. “Antes había tres aparcamientos como este por aquí, y este es el último. Tendrán que irse hasta la Zona Franca, o vete a saber”, especula desde una garita con aire acondicionado. Desde ahí indica dónde está algo que sí sobrevivirá en el sector Prim, y que se recuperará del abandono: la masía de Can Riera, acorralada entre el aparcamiento y un campo de fútbol que dice que también desaparecerá. Tras años de deterioro y escondida por completo tras unas vallas comidas por las zarzas, la masía está llamada a convertirse en el centro neurálgico del futuro barrio. Algunos se van, pocos se quedan, y otros resurgen mientras la Verneda se transforma.
Añadir The New Barcelona Post como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.