A pocos pasos de la Rambla de Barcelona, en la calle de la Boqueria, nació hace apenas unos meses un restaurante que parece que lleve allí toda la vida. En sí mismo es ya un motivo inapelable para bajar al centro de Barcelona y adentrarse en la marea turística de la zona. El Finorri es garantía de que la zona aún puede ser territorio local.Montaje de algunas mesas en Finorri.En los bajos del hotel Condal, sumergido en una renovación total por etapas que finalizará el próximo verano, irrumpió esta cocina abierta, aplaudida rápidamente, y que lejos de perderse en la habitual efervescencia de los debuts en Barcelona, se ha asentado con una carta que enamora y un equipo humano eficiente a más no poder, que cierra el círculo de la experiencia que desearía todo comensal barcelonés.Guisantes con papada y butifarra de Perol, y Mejillones con salsa donostiarra.El germen de esta historia se remonta a las charlas de barra de Santiago Rama –de la saga hostelera que tripula hace varias décadas el inmueble– con el chef Josep Nicolau, del que el primero fue cliente en otro local. Hablaban de ciudad y de comida, de producto y de memoria culinaria, y allí brotó la ilusión de abrir un restaurante que estando en el corazón de Barcelona preservase una honestidad ligada al territorio y fuese capaz de atraer también a vecinos del Gòtic o de toda la ciudad.
Un nombre con gracia
La aventura suma un espacio con solera, que en lugar de acabar arrendado al mejor postor se ha convertido en tentación y lugar de encuentro, relax y gula. El nombre, Finorri (mejor imposible) se impone tras un largo ‘brainstorming’, apelando al hedonismo, el punto elegante y disfrutón, los manteles y el buen rollo de las largas sobremesas. En el punto justo entre la cocina catalana de siempre y la revisión contemporánea.Macarrones Finorri.El local, de estilo ‘art noveu’, elegante pero no pretencioso, cómodo y cálido con mullidos sofás de terciopelo y paredes con molduras, está presidido por una barra de mármol a la que asomarse para ver el trajín de la cocina abierta. Un ambiente que arropa al comensal antes de que tenga ocasión de relamerse.Nicolau, Soteras y Vitega.Uno puede empezar la experiencia con un buen cóctel o una copa de vino, bien asesorado por Lluís Roig, somelier y alma de la sala, que ya dejó huella en el Hotel Mercer. Y en Finorri lo mismo recita las propiedades de una buena lista de caldos seleccionada con Rubén Pol (Partners in Wine) que ilustra con rigor sobre los sabores del día y lo mejor de la carta. En sus copas apuestan por bodegas próximas y familiares, como un versátil Pardas Sus Scrofa (Penedès, 100%) recetado para la ocasión.Pez Limón con panceta, salsa de mar y montaña, verduritas y huevas de salmónEn cocina, Nicolau (exCañete y chef ejecutivo del Grup Olivé, o expropietario de la Bodega Rosal) forma tridente con Albert Soteras y Marc Vitega, a quienes conoció durante su paso por el Hotel Miramar, curtidos en algunos de los mejores restaurantes de Barcelona. Compartían pasión por la tradición, las raíces y la justa reinterpretación que trasciende a sus platos. Nicolau está satisfecho y feliz ante la visión de comensales con la sonrisa dibujada de principio a fin de comidas y cenas, que por cierto disfrutan de cocina ininterrumpida. De manera que siendo poco ortodoxo en horarios uno siempre puede encontrar una mesa tranquila. Y no hay que perder de vista su comedor privado para pequeñas grandes ocasiones.
De las gildas a los platazos
A la hora de elegir merece la pena apearse en cada apartado de la carta. Las gildas son obligadas para abrir boca, y el apartado de Picar y compartir cuenta con clásicos del tapeo, pero llevados a su terreno, como la ensaladilla rusa con caballa marinada y bicho de Ibarra ahumado; o los jugosos Mejillones de roca con salsa donostiarra, para apurarla… Bajo este concepto ubican también los Macarrones Finorri, pasta de moda que aquí bordan, añadiendo en su receta foie, y con un gratinado estratosférico. Entre los fritos, probamos los buñuelos de bacalao con romescu y salsa de ajos escalibados, también de reverencia.Guiso de calamares rellenos de berenjena, setas y butifarra de PerolHay que hacer parada también en el capítulo de la brasa, donde asoman carnes como el solomillo de vaca gallega a la mostaza con salsa de setas o la brocheta de magret. Para llegar con apetito a otros apartados, elegimos un pescado ligero, el Pez Limón con panceta, salsa de mar y montaña, verduritas y huevas de salmón, que resultó una delicada delicia y el contrapunto a la artillería de guisos patrios con que tientan a muchos comensales. Lo sirven en pequeños bocados, de forma que ideal para compartir.
Ojo a la selección del día
Con los guisos y rustidos exhiben las tablas que hay tras los delantales: abarcan del arroz de Pals con pescado y marisco al meloso de ternera guisada, con puré de boniato y setas confitadas. Pero como muchos visitantes primerizos, era casi de manual probar el que se ha convertido en uno de sus ‘hits’ el Guiso de calamares rellenos de berenjena, setas y butifarra de Perol. Conforma un plato con ADN territorial que conectará a más de uno con los sabores de aquellos domingos en casa de la abuela. Tan brutales, que hay quien se pide una ración para llevar y volverlos a disfrutar en casa.Solomillo de vaca gallega.Por si fuera poco, hay opción también de sugerencias del día, especialmente ligadas a la temporada. Para despedir el periodo óptimo del guisante del Maresme, los probamos con butifarra del Perol y papada, en punto perfecto de cocción que estalla en la boca y se funde con la carne. Otras tentaciones ofertadas esa jornada eran la tortilla abierta con alcachofas y panceta; los raviolis de pollo con salsa de setas y muchos más. Otros días pueden desfilar chipirones, zamburiñas, parpatana con jugo de fricandó…. Manteniendo siempre el interés del comensal curioso.
La sección de postres se inspira en la tradición para llevarla a 2026, como con la espuma de crema catalana, el helado de carquiñoli, o el bizcocho de café con helado de coco.
El tíquet medio es difícil de precisar. Uno puede comer estupendamente por 30 o por 60 euros. Los precios son contenidos (3,5 euros la ostra; 18,5 un tartar de lomo de atún; 18 euros los macarrones, 18,5 el pez limón; 23 el arroz, que además sirven individualmente…). Y otro de los méritos del local es el servicio, profesional, atento y cercano.