En las últimas décadas, la empresa también ha decidido diversificar su actividad. A las variedades de cerveza que han ido ampliando el catálogo —como la Voll-Damm, la sin alcohol o la Daura, pensada para personas celíacas— se han sumado otros negocios vinculados a la alimentación y las bebidas. Aunque la marca a menudo se reduce o se asocia exclusivamente a Estrella Damm, el grupo va mucho más allá: participa en marcas de agua como Veri o Fuente Liviana, en bebidas como Cacaolat o Laccao y en cadenas de restauración como Rodilla, a lo que se suma la reciente colaboración con Nestlé para producir y distribuir Nestea en varios mercados.
A pesar de esta expansión, Damm mantiene un vínculo visible con sus orígenes y con la historia industrial de Barcelona. La Bohèmia, aunque ha dejado atrás la producción, funciona hoy como sede corporativa y espacio cultural. Por su parte, en la empresa todavía tiene presencia la familia fundadora, con figuras como Ramon Agenjo, bisnieto de Joseph Damm y uno de los últimos descendientes de la familia fundadora, que continúa vinculado al grupo como secretario del consejo de administración y director de la Fundación Damm.
Sin embargo, hoy buena parte del accionariado se concentra en manos de la familia Carceller, a través del grupo energético Disa. Se trata de una familia históricamente vinculada a la compañía, que continúa al frente del grupo con Demetrio Carceller Arce como presidente ejecutivo. En una gala reciente en el Gran Teatre del Liceu con motivo del 150 aniversario, Carceller sintetizó esta trayectoria de crecimiento y continuidad con una idea clara: “En Damm hemos sabido evolucionar sin perder nuestra esencia, manteniendo una forma de hacer basada en la calidad, la innovación y la proximidad con la sociedad”.
La fábrica como espacio cultural
Más allá de la celebración institucional en el Liceu, Damm ha impulsado diversas iniciativas por su 150 aniversario. Entre ellas destaca BOHEMIA, una edición especial de la cerveza que rinde homenaje a la trayectoria del grupo y a la historia industrial de Barcelona. Su propio proceso de elaboración recupera esta idea del tiempo lento: una cerveza de guarda, con maduración prolongada e ingredientes naturales, que evoluciona hasta alcanzar su equilibrio final.
Esta antigua fábrica, aunque ha dejado atrás la producción industrial, sigue siendo una pieza clave de la marca. En 2010 se rehabilitó parte del conjunto de La Bohèmia, incluyendo la sala de maceración —con antiguos alambiques de cobre—, la sala polivalente y el vestíbulo del recinto. Así, hoy funciona como espacio corporativo y cultural, reforzando el vínculo entre la empresa y la ciudad.
Este vínculo es especialmente visible en el ámbito cultural, sobre todo en la música, con una presencia constante en festivales como el Primavera Sound, el Sónar o el Cruïlla, así como en citas como La Mercè o Sant Jordi. Una muestra de esta conexión se vivió en el Parc del Fòrum durante la celebración del 150 aniversario, cuando más de 30.000 personas asistieron a un concierto con Oques Grasses, Love of Lesbian o The Tyets. El ambiente, festivo y abierto a la ciudad, conectaba con la imagen que la marca ha ido construyendo a través de la campaña “Mediterráneamente” desde hace más de una década.
