Ficciografías improbables

'Dones improbables' es la exposición de Ariadna Arnés
'Dones improbables' es la exposición de Ariadna Arnés

Visita al Centre Excursionista de Catalunya con motivo de la exposición 'Dones improbables', de Ariadna Arnés.

12 de julio de 2026 a las 05:30h

Ariadna Arnés es fotógrafa, o más bien lo era: ahora se dedica sobre todo a lo que ella llama “ficciografías”, es decir imágenes generadas por IA con apariencia fotográfica y contenido imaginado. Como le gusta vivir "dalianamente", como colgando de un hilo entre la realidad y la ficción, lo posible y lo imposible, encuentra el punto medio en lo improbable y se siente creativamente a gusto.

En este caso, ha sido invitada por el Centre Excursionista de Catalunya para desarrollar imágenes generadas por IA a partir de su vastísimo archivo fotográfico. El resultado, en femenino, es de una improbabilidad presente y tangible: mujeres icónicas, a veces cotidianas, a veces mitológicas, que protagonizan escenas oníricas con el paisaje natural (o deportivo) de fondo. Una nueva realidad creada, interpretada, pasada por la lavadora (o el ruidoso) lavavajillas de esta nuestra pionera de la disciplina gráfica digital. Detrás de la artificialidad de la IA, a veces hay la inteligencia.

La exposición es altamente recomendable, colgada en las paredes de la recepción de este histórico edificio remodelado por Lluís Domènech i Montaner y donde, antes de que las columnas del Templo de Augusto se expusieran en un patio con vitrinas que rezan “Patria, Libertad y Fe”, penetraban dentro de la sala de actos del Centro y eran popularmente llamadas “El Milagro”.

Del mismo modo que los hombres de la Renaixença y del Modernismo adaptaron el pasado romano a las necesidades modernas del momento, enlazando las columnas con el presente y con el futuro en lugar de tenerlas enjauladas en una sala privada, Ariadna Arnés recoge la foto de una tenista en el Lawn-Tennis Club Barcelona (que todavía no era real ni nada) y la convierte en una mujer sin cara pero con un elegante conjunto de verano que transporta, improbablemente, un huevo frito en una sartén/raqueta. Del mismo modo, con este vértigo existencial de Arnés, la chica que se lanza al agua hace un siglo en un trampolín ahora es una mujer que no acaba de lanzarse pero que a la vez ya se ha lanzado, vestida y con el pelo ventado hacia adelante, como si el verdadero salto fuera siempre espiritual y nunca simplemente recreativo. 

Este aguantarse de un hilo se mantiene durante toda la exposición, junto con el constante recurso de la autora por la nube en la cabeza o en el pelo (como en la excursionista en Sant Maurici) o la invitación al cambio de perspectiva (como el mar y cielo transformado en cielo y mar, es decir invertidos, durante la escena de la mujer con parasol rojo). Las mujeres de Arnés visten siempre bien, son puras e inmaculadas, vienen de los años cincuenta y de las primeras televisiones en color, o bien desarrollan una natural (y antinatural) cola de sirena cuando se trata de bañarse en la Barceloneta. Incluso Aurora Bertrana merece una interpretación, en la fotografía de ella tomada en las playas del Garraf, y que Arnés transforma en un rostro borrado siguiendo el trazo lineal del horizonte y de la costa.

Fotografía que forma parte de la exposición. ©Ariadna Arnés 

“Grietas de posibilidad”, llama, a todo esto, la reconocida fotógrafa. Sueño, deseo, posibilidad, dimensión paralela, deriva de un relato realista y a la vez surrealista. Un puente entre memoria y ficción, entre la historia y lo que habría podido ser la historia. Mujeres esquiadoras, chicas en trineo hermanadas por las trenzas, las montañas de Aigüestortes transformadas en falda de una mujer con la inevitable nube en la cabeza (y si no, para ir más lejos, una tortuga en la cabeza en lo que había sido un sombrero asiático).  

Dona amb barret de tortuga. ©Ariadna Arnés 

Una exposición que, sin líquido de revelado, nos revela el verdadero mensaje del retratista: no es la realidad, es el ojo. No es el diafragma o el botón de la cámara, es la retina. No es la técnica, es el amor, que es de donde viene la imaginación con el objetivo imprescindible de superar la realidad. No, la realidad nunca superará la ficción. Por eso la inventamos, precisamente, la ficción: para superarnos y para proponernos otros caminos probables.

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