El éxito de una buena actitud

REtrat de Josep Roset
REtrat de Josep Roset

Josep Roset es un pallarès barcelonés que ejerce de barcelonés nacido en el Pallars, un mar y montaña con un don reversible: mente de empresario con actitud humanista. Aporta su pericia, por un lado, de manera altruista asesorando y apoyando a entidades sociales, y por otro lado, como consultor profesional de empresa ordinaria. Su manera de escuchar y su actitud facilitan la toma de decisiones en equipos directivos, la visualización de destinos, la consecución y reubicación de lugares de trabajo... Es un verdadero facilitador de éxitos inspirados en su propio recorrido.

01 de marzo de 2026

A veces, para ver el camino a seguir con suficiente nitidez, nos hace falta una mirada externa, objetiva, sin el miedo, la incertidumbre, las dudas, las perezas y los prejuicios que nos invaden cuando pensamos en un cambio. Josep Roset ejerce esa mirada neutra que ayuda a establecer prioridades y estrategias de crecimiento en las compañías, teniendo en cuenta el contexto que, cuando se está dentro de una burbuja, se ignora.

“Las empresas compran, venden, contratan, supervisan, planifican, pero, por encima de todo ello, hace falta un control de gobierno que contemple aquello que sucede dentro y lo que ocurre fuera. Y en este control puede estar la propiedad, pero también ha de haber gente externa, gente con experiencia y sentido común a quién plantear situaciones a resolver. Son los mentores o consultores, a quienes se encomienda una estrategia para mejorar procedimientos o procesos dentro de la empresa, sobre todo para adaptarse a los nuevos tiempos. Porque en el día a día no es fácil hacerlo, pues la rutina y la cuenta de resultados arrastran. Pero hay que parar, pensar y planificar. Salir de la burbuja y adquirir conocimiento nuevo”, expresa Roset.

Él entra a hacer eso, a acompañar en este ‘parar y reflexionar’, y aportar una visión desde fuera, en las mesas de equipos de la empresa ordinaria, y también en entidades, fundaciones o empresas con un enorme peso social.

Roset preside la fundación CIES, una entidad sin ánimo de lucro fundada en 1992 y comprometida con la inclusión laboral de las personas con discapacidad. Desde la experiencia en investigación social y económica, desde CIES se impulsan programas, políticas y alianzas que promueven la equidad en la ocupación, eliminan barreras estructurales y sensibilizan al sector empresarial sobre el valor de la diversidad. Y, en este mundo en que, de hecho, diversos somos todos y todas, al fin y al cabo, Josep es estandarte de esa inclusión.

Considera tan importante el hecho de tener un trabajo, que facilitar que todo el mundo lo consiga es prácticamente una misión en su día a día. Ha visto cómo las conexiones de ideas, personas, necesidades y soluciones establecen vínculos extraordinarios. Poder ser puente de estas conexiones lo anima mucho a continuar creyendo que, como dicen Pallars, “cada tupí (un tipo de olla) tiene su tapadera”, cada cual tiene que encontrar su lugar, porque existe. Gracias a todos los contactos y al aprendizaje personal a lo largo de su experiencia profesional, Josep es como una agencia de colocación, un SOC (Servei d'Ocupació de Catalunya) individual y autónomo, que piensa en todas las posibilidades de ubicaciones y en los contactos que a lo largo de los años ha ido haciendo y conecta a personas. Es un facilitador, un suministrador de posibles que ayuda a deshacer nudos. De muy joven, aprendió bastante a hacerlo, en casa.

Josep Roset es presidente de la Fundación CIES, entidad comprometida con la inclusión laboral de personas con discapacidad.

Los abuelos de Josep tenían un molino de harina y hacían pan en Covet, un municipio no demasiado lejos de La Pobla de Segur, la población donde él nació. Su padre, con un socio, montó un taller mecánico. Y, cuando Josep tenía 14 años, el padre le dio una escoba para que se encargara de tener el local siempre limpio. Por ello, le pagaba cien pesetas a la hora. En aquel taller, Josep aprendió cosas que lo han acompañado hasta hoy, como es “ponerme en la piel del cliente, saber en qué le puedo ayudar y poder hacerle su vestido a medida”. Está convencido de los posibles cambios de mejora que puede llegar a hacer una persona, con ayuda. Y, de rebote ---dice--- todo el mundo gana. “La sociedad cambiaría mucho, y sería en beneficio de todos si se practicara más el ayudar sin esperar nada a cambio, y nos escucháramos más los unos a los otros”.

No son conceptos teóricos. Josep es una esponja que se impregna de la atención y escucha constante a los demás. Ni finanzas, ni cuentas de resultados le han hecho obviar nunca los pequeños detalles más humanos, sin perder la humildad, a pesar de haber logrado muchas victorias empresariales.

Gracias a todos los contactos y al aprendizaje adquirido a lo largo de su experiencia profesional, Josep es como una agencia de colocación, un SOC individual y autónomo.

Cuando llegó a Barcelona, con 17 años, una de las cosas que más le sorprendió fue el olor a mar. Cada día era consciente de ese olor que era tan diferente al de los campos y montañas del Pallars. La ciudad le hacía llegar olores y sensaciones nuevas, como la luz mediterránea, que ---dice--- “es muy diferente a la de la montaña”. Y recuerda su progresiva adaptación. “Al principio, de alguna manera te sientes inmigrante, porque llegas de un pueblo, lejano, y los de aquí, los autóctonos de Barcelona te miran como alguien diferente. Y aquí buscas tu gueto, porque te sientes un poco desplazado y que este no es tu ambiente. Evidentemente, como todo en la vida, la adaptación es la clave del éxito y te vas haciendo a las circunstancias”.

Otra cosa que le sorprendió del contraste pueblo-ciudad, fue que “en la ciudad, la gente de mi edad solo se había relacionado con gente de su edad. Mientras que yo me había curtido mucho más con gente más mayor que yo, casada, padres, abuelos... En el pueblo había vivido siempre la mezcla generacional en actividades como el fútbol o los escoltes. Y todo esto me había aportado una madurez y cierto bagaje que aquí la gente de mi generación no tenía. O al menos, aquellas eran mis sensaciones”, dice.

Ahora, en cambio, ve que hay jóvenes pallareses que, a pesar de venir a Barcelona a estudiar, como hizo él, tienen claro que vienen a formarse y después regresar. “Tienen una seguridad: que siempre puedes volver al Pallars. Así arriesgas más, puedes decir, tiro al máximo porque, incluso si no me va bien, puedo volver a mi pueblo. Yo también lo sentía así, sabía que podía volver a trabajar en el taller de mecánico de mi padre”.

Sabe que los jóvenes, “hoy lo tienen más difícil porque Barcelona ya no es local, sino global, compites con gente de todo el mundo. Tienes que ir a buscar los nichos, y estudiar o dedicarte a aquello que te gusta y que te sale solo”. Ese es, en cierto modo, el mantra de Josep: “Eres bueno en aquello que te sale solo”. Está convencido de que el trabajo salva vidas: “dando trabajo a alguien lo dignificas, le das seguridad, reconocimiento.. es la piedra angular de una persona. Un trabajo hace empoderar a las personas, les eleva la autoestima, les da independencia económica y las hace sentirse útiles, cada cual en su nivel. Yo he reconvertido a un contable en comercial. Si hay ilusión y pasión, hay motor, solo hay que encajar bien cada cual en su lugar y tarea idóneos”.

Con un socio, y mucha ilusión y entusiasmo, en el 2000 fundó el Grupo Metropolis, una firma dedicada a la externalización de servicios de personal para empresas que facilitaba ocupación en los sectores de la seguridad, la limpieza, y la logística. Pusieron mucha atención en todos aquellos a quien nuestra sociedad más excluye del mercado laboral. Contrataban a personas mayores de cincuenta años, cosa que nadie hacía, ni ahora tampoco. Buscaron a gente mayor de cincuenta años y que viviera cerca del trabajo, y les dieron sueldos muy razonables, porque eso era lo que consideraban una verdadera inclusión laboral. Hicieron uniformes con patronazgo para mujeres en sectores como, por ejemplo, el de la seguridad, donde, en aquel momento todavía no se hacían. Y una multinacional francesa valoró mucho la apuesta del Grupo Metropolis por la inclusión, y compraron la empresa.

L'any 2000 el Josep Roset va fundar l'empresa Grup Metropolis.

Habían sido prescriptores de humanidad, una tarea que Josep no ha dejado nunca de ejercer.  Con mucha conciencia social sabe que el aire fresco entra mucho más en las empresas. Él ha conocido historias maravillosas detrás la inclusión. “El futuro -dice- pasa tanto sí como no por las políticas sociales y medioambientales”. Creo que el éxito de nuestra empresa fue haber sabido respetar la historia que hay detrás de cada persona. Supimos ayudar, escuchar y gestionar. Y personalizar. En un mundo tan deshumanizado y global en que el objetivo es la rentabilidad, giramos la tortilla construyendo una empresa diferente con personas diferentes, que es donde se encuentra la riqueza”.

"Una inserción laboral bien hecha y bien acompañada, no solo no empeora la productividad, sino que mejora los dividendos"
Josep forma parte de un equipo de asesores seniors. Una vez al mes, visitan empresas. “Tenemos un orden del día, como si se tratara de una formación y estamos con el equipo directivo o con el accionariado. Son empresas, más grandes o más pequeñas, a las cuales ayudamos a posicionar y a crecer. Hacerlo desde fuera nos permite aportar una mirada, una fotografía desde arriba, desde donde tienes una mayor perspectiva de soluciones. Porque tienes también toda la información sobre la mesa, y puedes hablar con todo el mundo”. Y la sabiduría de la experiencia y la edad de los seniors externos ayudan a “no perder el contexto de dónde se encuentran las empresas”.

Esos grupos de trabajo estimulan a las empresas para poder hacer el cambio de chip, y entender que, “si ponen en su mente ser solidarios con la gente, tanto a empleados como a clientes, el retorno que esto tiene es increíble. La mayoría de empresas temen que la inserción laboral de personas que hasta ahora lo han tenido más difícil para ser contratadas ponga en peligro la productividad. Nosotros las tenemos que ayudar a creer en esa inclusión. Se sorprenderían, porque una inserción bien hecha y acompañada mejora los dividendos. Hay muchos ejemplos que lo demuestran. Recuerdo un caso en el que contratar a seis personas con síndrome de Down mejoró la productividad de aquella empresa un 30%”. Haber visto casos así le llevan a confirmar constantemente que “el empresario tiene que ganar dinero, pero a la vez tiene que pensar en crear riqueza para su entorno, proveedores, empleados, gente de su radio inmediato, entidades sociales, clientes, tiene que aportar valor y riqueza a su entorno. Si no, el trabajo pierde sentido. A una empresa se la tiene que mimar y la empresa, mimar al entorno”.

Además de presidir la fundación Cies, Roset también es vicepresidente y asesor de la Federación de Centros Especiales de Trabajo de Catalunya.

Dejà vu

“Para mí, muchas situaciones que veo o que me explican son un dejà vu, ya sé qué botón pulsar y cuál será la siguiente fase”, expone. Sabe que el día a día ahoga a todo el mundo y no permite darse cuenta, quizás, que un procedimiento o estrategia no son los más adecuados. Es fácil ---dice--- “quedar estancado en las maneras de trabajar”. Con su pericia y bagaje empresarial aporta ideas fáciles de pensar y posibles de realizar, porque ya las ha visto ponerse en marcha.

Recuerda que cuando él tenía la empresa, “en grupos de unos cincuenta empresarios, cada lunes por la tarde nos reuníamos gente de diferentes sectores, el industrial o de servicios y, con un mediador, cualquiera de nosotros planteaba un problema y todos podíamos exponer soluciones”. Sabe que los intercambios de conocimiento y experiencias son enriquecedores. También proclama un ejercicio que no tendría que dejar de practicar ningún empresario, “el ascensor laboral. Es muy importante recorrer todas las plantas de una empresa, visitar todos los departamentos. Subir por las escaleras y ver a la gente en la fábrica, ver cómo funciona, como están, y así sabes el porqué de las cosas. Y cuando llegas al sobreático, aparte de la humildad de haber sabido ponerte junto a todo el mundo, escuchando, sabes mejor qué puede pasar”.

Josep es vicepresidente y asesor de la Federación de Centros Especiales de Trabajo de Catalunya (Fecetec) y también en él recae la vicepresidencia de la Fundación Sert, donde se dedica a buscar entidades que trabajan con niños y niñas con discapacidad para ayudarles en cualquier proyecto donde necesiten apoyo. Y en la Fundació Nexe también asesora. “Hacen un trabajo espectacular con niños de 0 a 3 años con pluridiscapacidades”, explica. Su magia es que en todo eso interviene de manera altruista, porque él como ocupación remunerada, ya se dedica a la consultoría estratégica en la empresa ordinaria. Es, además, miembro de la junta directiva MC Mutua Laboral y todavía hace honor a su Pallars como embajador de las Jornadas para la Excelencia del Pirineo.

Este hombre es como una esponja que se impregna de aprendizajes pequeños y grandes cada día, y escucha las necesidades de la gente. Expresa con mucha satisfacción: “cada vez que alguien me ha dicho que buscaba trabajo, le he encontrado uno”. No dice que sea fácil, pero sabe que hay caminos y actitudes que lo facilitan.

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Carme Escales
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