Esperando a Joel Joan

Joel Joan en Vania, por David Ruano
Joel Joan en Vania, por David Ruano

Joel Joan formaliza su compromiso íntimo con la interpretación mediante 'Vània', la adaptación que Simon Stephens hizo del texto de la obra de Anton Chéjov 'El tío Vania', de 1897, en formato para un solo actor y ya lejos de la Rusia zarista, estrenada en 2023 en el West End de Londres. Dirigido por Nelson Valente, Joel Joan consigue hacernos olvidar que es él quien está sobre el escenario mientras, en su lugar, van apareciendo Alexandre, Sonia, Helena o Iván, y a veces más de uno a la vez. Un ejercicio titánico de interpretación, bajo el acierto del Romea y de Focus, que solo tiene éxito si Joel Joan consigue desaparecer y que, en cambio, es del todo imposible sin Joel Joan.

19 de marzo de 2026

Hay críticos que han dicho que la obra costará de seguir para quien no conozca El tío Vania: discrepo completamente. El texto se asegura de que la historia aparezca por acertadas ventanas en cada momento, y de que se siga el hilo, el conflicto y la reacción de los personajes sin ningún problema. Me pregunto, de hecho, si esos críticos han visto la obra (o si la han escuchado con un mínimo de atención): sea mérito de Joel Joan o de Stephens, este ni de lejos es un problema.

Joan Joan a l'obra Vania, per David Ruano

Ocho personajes desfilan por el escenario, interpretados solo por un actor. © David Ruano

Ahora bien: para contextualizar y por pura deferencia, apuntaremos que Sonia y su tío Vània han consagrado sus vidas a trabajar intensamente para financiar la vida de cineasta del viejo Alexandre (en la obra de Chéjov, un articulista de arte). Esta devoción por él llega a su fin cuando, con su regreso a la hacienda, se dan cuenta de que solo es un fracasado que nunca conocerá el éxito (y por su voluntad de vender la hacienda en la que viven ambos). A esto hay que añadir la frustración causada por la cadena de amores no correspondidos que tiene lugar sobre el escenario. Para mí, el corazón interpretativo y argumental de la obra es este.

Sonia está locamente enamorada del doctor Miquel, que a su vez está enamorado de Helena (que lo rechaza). Paralelamente, el tío Vània también persigue a Helena, pero esta prefiere quedarse pragmáticamente al lado del viejo Alexandre, pese a no estar enamorada de él. Este vodevil sentimental es lo que configura las escenas de exuberancia interpretativa más encomiable de la obra, con un Joel Joan persiguiéndose a sí mismo, besándose a sí mismo, empotrándose a sí mismo y al mismo tiempo rehuyéndose a sí mismo. Si quería que nos olvidáramos de él, como es el objetivo de cualquier actor cuando adopta una piel nueva, Joel Joan lo consigue hasta ocho veces y con ocho pieles distintas. Seguramente, si lo entreviéramos un poco —solo un poco, y porque ha decidido (supongo) parecerse más— es con el tío Vània: el personaje esconde, de vez en cuando y seguramente más hacia el final, unos gestos joeljoanescos bastante inconfundibles (quién sabe si por edad, por carácter o por comodidad del actor).

Joel Joan a Vània (c) David Ruano

Joel Joan hace un "ejercicio de interpretación titánico" en Vània. © David Ruano

Pero no solo el amor o el sexo exponen el virtuosismo (el exhibicionismo innato) de Joel Joan, sino también la vejez totalmente verosímil de Alexandre, con su alma decrépita y su “devolvedme todo esto” que un día nos atrapará a todos. Sí, un bastón ayuda a encorvar la espalda y a identificar al personaje, pero este tipo de elementos no ayudan a Joel Joan: nos ayudan a nosotros. Quiero decir que recurrir a un pañuelo (Sonia) o a unas gafas oscuras (Vània) o al propio bastón no es un apoyo para el actor, que no necesitaría objetos que le cambien el aspecto, sino una pequeña ayuda para aquel espectador que pueda necesitarla. Ya se sabe, con tanta gente sobre el escenario algunos despistados pueden perderse.

Pero en esta obra no hay pérdida: Vània fluye en texto y en virtuosismo interpretativo, nos encara con un atrevimiento del que este país anda bastante falto, nos reencuentra con un Joel Joan al que echábamos de menos (y que, pese a todo, no se digna a aparecer durante toda la hora y media en que lo esperamos) y con la versión moderna de un texto antiguo que funciona del derecho y del revés, lo montes como lo desmontes, como consiguen todos los clásicos. Incluso se pueden introducir guiños catalanescos (“esto es un vasco, un catalán y un gallego…”) o referencias a Chaplin para tirarle de las barbas a Chéjov, pero Vània perdura y se encarna, personaje a personaje, en nuestro Joel de casa y en nuestra peligrosa época. Una época en la que todo es tan frenético, incluso tan esquizofrénico, que nos sentimos extrañamente identificados cuando ante nosotros un gran actor despliega todos los papeles del auca.

Joel Joan a Vania per David Ruano

Joel Joan desaparece durante la interpretación de  . © David Ruano

Sobre el autor

Jordi Cabré-2
Jordi Cabré
Ver biografía