Especuladores

Ramon Oliver

24 de noviembre de 2025

Los que tenemos cierta edad vivimos de jóvenes una época en la que el saber (o, al menos, la educación) tenía una división muy simple: ciencias y letras. Totalmente binario. Cada bando con sus adeptos. Con una militancia obligada al equipo elegido: había que defender los propios colores y si hacía falta (casi siempre) mirar con desdén al colectivo rival...

Afortunadamente, como cantaba una sorprendente Núria Feliu en los inicios de su carrera, tot és gris (Todo es gris, buscad el vídeo con el gran Tete Montoliu al piano). Así las cosas, con los años, las cabezas pensantes de los departamentos y/o ministerios de educación observaron que la división no admitía ningún tipo de matiz. Por otro lado, los nuevos tiempos (qué cliché más gastado, esto de los nuevos tiempos...) pedían una oferta educativa mucho más flexible. Actualmente, hay tantas posibilidades que se necesita un tutorial para entender todo el panorama curricular.

Toda esta introducción para explicar que, si bien mis estudios fueron lo que llamaríamos de ciencias puras, ya desde el principio traté de ampliar mis miras. Mi curiosidad me llevó a interesarme por buena parte de lo que se cocía al otro lado: filosofía, música (clásica, ópera y jazz, por este orden), literatura... y también la etimología.

Y así llegamos al meollo de la cuestión: los especuladores. Palabra, pobre, que recoge todas las iras de mucha gente. Ahora bien, si nos vamos a la etimología de la palabra, veremos que especular viene del latín speculari: observar, ponerse al acecho (speculari, palabra derivada de specula: lugar de observación). Una definición totalmente neutra, sin carga alguna.

Convendréis conmigo que esta definición se ajusta más a otras palabras: vigilar, vislumbrar, contemplar, examinar... Y en cambio, lejos de la etimología, el común de los mortales asume que un especulador es alguien que se aprovecha de la coyuntura para sacar el máximo beneficio. Y puesto que mi ámbito son los inmuebles y las inversiones, la extrapolación es fácil: cualquiera que se mire el sector inmobiliario con ganas de invertir en él es un especulador.

Hagamos un paréntesis y permitidme un ejercicio de honestidad. Como trabajadores, ya sea asalariados, autónomos, emprendedores... siempre intentamos sacar el máximo provecho de nuestros recursos. En el ámbito laboral son estos: tiempo y capacidades. Siempre buscamos el escenario que mejor resultado da a la fórmula que combina retribución, flexibilidad, trabajo en sí, satisfacción personal, expectativas, etc. (cada uno tiene su fórmula, lógicamente). Y como ahorradores, siempre tratamos de sacar el máximo provecho de los cuatro duros que podamos tener en función del riesgo, rentabilidad, plazos, etc. (aquí cada cual también aplica su fórmula). Todo ello, trabajadores o ahorradores, siempre amparados por el marco legal que nos rodea... si es que no queremos pasar por Can Brians.

Edificis en construcció.

Pisos en construcción. © Martí Petit

Como nosotros, las empresas del sector inmobiliario (bueno, de todos los sectores) siempre tratan de sacar máximo provecho de sus recursos: básicamente, el dinero invertido. De no ser así, no las llamaríamos empresas, sino ONGs. Por otra parte, aunque algunas empresas tienen mucho poder para ensanchar el marco normativo (ejem...), la mayoría de ellas operan dentro de la ley. Conseguir que estas empresas no obtengan un resultado demasiado bueno, pasa por manos del Gobierno. Ellos son los únicos que pueden cambiar el marco normativo y legislar en consecuencia.

Si la iniciativa privada no resuelve el problema de la vivienda, quizás es necesario que la administración pública se ponga las pilas
¡Cuidado, sin embargo, que para tratar de limitarles los beneficios no se acaben pegando un tiro al pie! Muchos de los pasos dados para limitar ganancias de los propietarios inmobiliarios (desde los grandes fondos hasta los pequeños ahorradores poseedores de pisos sueltos) tienen derivadas no deseadas. Veamos un par de ejemplos. Puede ocurrir (de hecho, ocurre) que tener que destinar un 30% a viviendas de protección oficial de la oferta resultado de cualquier reforma u obra nueva en Barcelona no satisfaga los intereses de los promotores/constructores. Nos puede dar mucha rabia, pero, evidentemente, no podemos obligar a estas empresas a abordar estos proyectos si no les encajan.

El otro ejemplo lo encontramos en la reducción de la oferta de pisos de alquiler. Si un propietario (de nuevo, desde los grandes fondos con cientos de pisos hasta la gente que solo tiene uno) ve limitada la expectativa de alquiler, puede ocurrir (de hecho, ocurre) que decida poner el piso o los pisos a la venta. Habréis visto/leído que últimamente se formalizan muchas más hipotecas que en ejercicios anteriores. Seguro que la contención del euríbor facilita este panorama, pero sería ingenuo no pensar que en estos momentos hay más oferta en el mercado de compraventa por lo que apuntaba antes, por el hecho de que hay mucha gente que decide vender sus pisos.

Promoción de pisos en construcción en la Marina del Prat Vermell de Barcelona.

Promoción de pisos en construcción en la Marina del Prat Vermell de Barcelona. © Martí Petit

En resumen, si la iniciativa privada, con o sin cambios legislativos, no resuelve el problema de la vivienda, quizás es necesario que la administración pública se ponga las pilas más allá de los grandes titulares. Por cierto, ¿alguien ha visto las grúas de los 50.000 pisos prometidos por el president Illa?

Y ya que hablamos de la administración pública, hay quien apunta que estos son los más especuladores de todos, ya que se aprovechan al máximo de la coyuntura actual. Por un lado, las tasas que detrás de cualquier operación inmobiliaria dejan un pastón en las arcas de Ayuntamientos, Generalitat y Gobierno Central. Podríamos llamar especulación sobrevenida, pasiva. Pero existe también una especulación activa: la de aprovechar políticamente el malestar que supone la dificultad de acceso a la vivienda, señalando determinados colectivos cuando la propia administración es corresponsable del desaguisado.

Acabo. Antes pedía un ejercicio de honestidad y hablaba de las alternativas a la hora de optimizar nuestros ahorros. Pregunta: ¿son conscientes todos aquellos que han depositado sus ahorros en estos famosos fondos indexados que detrás de este concepto tan seductor y de su propuesta tan cómoda hay (o puede haber) parte del dinero invertido en fondos que invierten en inmobiliario? ¿Deberíamos tachar entonces a todos estos ahorradores de especuladores?

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