© Carlota Valera

Cómo crear un festival de cine español en tierra de tulipanes

Virginia Pablos llegó a Ámsterdam en 2013 y, sin más infraestructura previa que su pasión por el séptimo arte, creó un festival de cine español que, este 2019, llegará a su quinta edición con más 15.000 espectadores en sus butacas. Esta es la historia de una valiente enamorada del cine con una capacidad infinita para sacar adelante sus sueños.
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ecesidad. Una necesidad visceral, “de querer que las cosas pasen”. Esa es la palabra que Virginia Pablos (1979) utiliza más a menudo cuando narra la historia de cómo consiguió crear y sacar adelante el Amsterdam Spanish Film Festival (ASFF). “Una necesidad muy bruta e inconsciente”, explica, que ella ha sido capaz de aliñar con las dosis justas de valentía, pasión, carisma, atrevimiento y, sobre todo, mucho trabajo. Antes de en Amsterdam, Pablos vivió en Salamanca, Montevideo, Edinburgh, New York y Londres. Fue cuando aún residía en la capital británica, a principios de 2013, cuando nació la idea de crear el festival. “Sentíamos que había llegado el momento de cerrar el ciclo de Londres y surgió la posibilidad profesional de venir a Amsterdam”, comenta. Pablos decidió investigar sobre el circuito de cine español en Países Bajos y descubrió que era nulo. “Me bastó saber que no había festival para empezar a montarlo”, recuerda sonriendo. “Aún me acuerdo de la primera llamada que hice: fue al Instituto Cervantes de Utrecht, para asegurarme de que no hubiera otro festival. Me lo confirmaron, pero también me dijeron que había habido uno y lo habían tenido que cancelar porque no tenía público. Lo gracioso es que no me echó para atrás: ni me lo planteé. La necesidad y la pasión eran mayores que el miedo”.

«NO CREO EN LAS PUERTAS CERRADAS»

Licenciada en Comunicación Audiovisual, Virginia Pablos hizo prácticas, años atrás, en el London Spanish Film Festival y en un centro cultural londinense donde hacía, literalmente, de todo: desde gestionar y promocionar actividades culturales a colocar sillas para proyecciones o coger entradas en la puerta. Me sirvió para entender de que iba la gestión cultural y los eventos. En el momento piensas que son experiencias que no te van a ser útiles, pero ahora, echando la vista atrás, me doy cuenta”, asegura.  Interesada en las narrativas en los márgenes de la cinematografía convencional, decidió fundar Sin Fin Cinema, con la intención de programar y potenciar el cine español menos comercial. “Lo hice desde un lugar muy inconsciente, con mucha pasión”, puntualiza. Y gracias a al atrevimiento y la persistencia consiguió su primer gran proyecto.

“La Tate de Londres estaba preparando una exposición sobre cómo había influido Picasso en los artistas británicos, así que preparé un programa de cine español sobre el pintor”. Sin padrinos ni contactos previos, a la brava, como se diría popularmente, mandó su propuesta a un mail genérico, “algo como [email protected]”, recuerda. Y le contestaron que sí, que lo querían.  “No creo en las puertas cerradas”, comenta: “soy más del hay que intentarlo: no tengo nada que perder”. Asegura que la experiencia de trabajar con la Tate Modern le ayudó a quitarse “el peso de la jerarquía”. “Que, en la jungla cultural de Londres, la Tate te diga queremos tu programa, te da mucha seguridad”, concluye. “Aprendí mucho pero, sobre todo, aquello me dio muchas ganas de empezar a volar”.

CREANDO UNA COMUNIDAD DE AMANTES DEL CINE ESPAÑOL

Así que, una vez en Ámsterdam, se puso manos a la obra. “Antes de tirarme a la piscina, decidí hacer algo pequeñito: programar unas proyecciones de películas españolas una vez al mes”. El proyecto se llamó The Spanish film of the month. Pablos consiguió los contactos de las distribuidoras de cine en español y averiguó cuando iban a ser los próximos estrenos de películas de habla hispana. “Me fui a las distribuidoras y les dije: mira, dame tus películas que voy a armar un proyectito y te voy ayudar con el marketing. Tu me las dejas gratis, sin screening fees y yo te las promociono en mi network. Pero yo realmente acababa de llegar y no tenía nada de network. Mi network era la pasión que yo tenía”, explica, divertida. Su seguridad y su carisma hicieron el resto. Las distribuidoras aceptaron el pacto y entonces, ella, se enfrentó al primer gran reto: crear una red de espectadores interesados en el cine español en Amsterdam. ¿Qué hizo? Cogió su bicicleta y se recorrió sola todas las salas de cine de la ciudad donde hubiera alguna película española o latinoamericana en proyección. “Me iba a la salida del cine y esperaba con una lista. Cuando la gente salía, les explicaba que estaba creando este proyecto y si querían darme su mail para mantenerlos informados de las proyecciones que organizáramos sobre cine español”. De esta manera, construyó una mailing list que acabó siendo una importante herramienta para el festival. “Vendí un poquito de humo cuando no tenía nada, para poder conseguir las películas”–explica entre risas–. “Y entonces fue como: yo he vendido esto, y ahora, tengo que crear una network, así que me voy a las salas de cine y pido mails a mansalva”. Y funcionó.

A su favor también jugó el hecho de que España es una tierra muy presente en el imaginario neerlandés. La mayoría de holandeses han veraneado alguna vez en el país o sueñan con mudarse a vivir allí. Según la experiencia de Pablos, “el cine español es la herramienta perfecta para seguir conectados con el país que aman. Es algo que les pasa a muchos de los espectadores holandeses fieles al festival. Vienen a ver las películas, se toman la copa de vino y sienten que están en España dentro de Holanda”, explica Pablos. Una de las características del festival es que todas las proyecciones terminan con una copa de vino español o una cerveza importada para los asistentes. Incluso, a veces, hay degustaciones de jamón y tapas. Todo es siempre gratis. “Amsterdam tiene muchos festivales y había que diferenciarse de alguna forma. El festival ya nació con esta idea. A mi me gusta cuidar a los espectadores, darles ese valor añadido”. Lo hizo forjando alianzas con marcas españolas que querían asentar sus productos en Holanda. “Hay un montón de audiencia holandesa enamorada de España. Es la gente que viene al festival y es la misma que quiere disfrutar de productos españoles. Lo que intentamos hacer es transferir el mismo target a las marcas porque esa es la manera en que nos vamos a beneficiar mutuamente. Así, yo puedo evitar un coste y conseguir atención al mismo tiempo que mimo a los sponsors y a la audiencia”. Un modelo de éxito avalado por las cifras y la fidelidad de las marcas. “Todos ganamos”, señala Pablos.

¿CÓMO SE FINANCIA UN FESTIVAL DE CINE ESPAÑOL EN HOLANDA?

“La primera edición fue 50% financiación pública española, 50% financiación privada. La saqué adelante con un presupuesto de 8.000 euros”, recuerda Pablos. Inicialmente, el modelo de negocio se basaba en repartir los ingresos de la taquilla a partes iguales con los cines y, de ahí, cubrir los costes (screening fees de las películas, diseño e impresiones de programas y flyers, agencia de comunicación holandesa, etc.). “Yo no he tenido un dinero para invertir en mi empresa, he invertido mi tiempo. El ingreso económico no se veía compensado” explica Pablos. Todo cambió a partir del cuarto año, tercer año cuando el festival empezó a recibir más ayudas públicas holandesas.  “Cuando demostramos a los fundings holandeses que hay una audiencia holandesa que está demandando tener cine español, empezamos a recibir la financiación que nos ha ayudado a tener una situación más sana y más profesional. Y es ahora, en la quinta edición, cuando nos estamos asentando económicamente”, explica la directora del ASFF.

¿Y el futuro? “Este año, mi objetivo principal es crecer en términos de audiencia. Quiero tener más dinero para poder invertir más en comunicación el año que viene y llegar a más gente. Que todo el mundo en Amsterdam sepa que este festival existe”, señala Pablos. “Además, este es el segundo año que llevamos el festival a Rotterdam, y queremos que la comunidad allí vaya creciendo”. Y, ¿a largo plazo? “Nos gustaría extender los brazos a otras ciudades holandesas e incluso, al Benelux. Hacer un festival más en formato tour, que las películas fueran girando por diferentes ciudades, y que la parte de Ámsterdam fuera más pequeña”. Cuesta de creer que el ASFF vaya empequeñecer. Este año, 20 películas, una serie entera, música en directo, un brunch y hasta una fiesta nocturna temática. “Es que al final siempre me lío”, bromea su imparable creadora.