“Lo de la música es un aprendizaje constante, que dura toda la vida, y en el que tratas de ser mejor hasta el último día”. El cantante y letrista Xavi Casellas se acoda a la barra para –parafraseando a su amigo, el bajista Tom Warburton– tomarse “una cerveza o tres”. De momento, ya cae la primera mientras, de fondo, la voz de James Taylor “tiñe las paredes con sus canciones”. Las notas de Fire and rain le hacen sonreír. Echa el primer trago, mientras observa el crepúsculo a través de la cristalera del Bar.
“Cuando era niño, en casa sonaba esencialmente swing. Mi padre era un gran amante de Frank Sinatra, Tony Bennett, Mel Tormé, Ella Fitzgerald... De aquellos grandes discos con arreglos de Don Costa y Nelson Riddle”. Creció en Calella donde, desde la más tierna adolescencia, se metió en jaleos musicales, cantando en grupos, aprendiendo de forma autodidacta, “porque como estudiante siempre fui bastante indisciplinado”, ríe.
El primer paso hacia la profesionalización le llegó un invierno en que le ofrecieron trasladarse a Benidorm para cantar en pubs y locales de la ciudad. Aquello fue un antes y un después. “Me di cuenta de que podía ganarme la vida con la música y fueron años en que hice un montón de cosas, desde curtirme girando con una orquesta por centenares de pueblos, hasta arrancar con proyectos propios de folk y country o al frente de la banda Dimecres Tampoc, que tuvo su momento”, rememora.
Pero el tiempo pasaba y aquello no acababa de cuajar, de modo que Xavi decidió pegar un cambio radical. “Dejé la música y me puse a estudiar Comunicación Audiovisual. Tenía treinta y cinco años y me encontré muy a gusto con aquello. Llegué a cursar un taller en la New York Film Academy, mi primer contacto con la Gran Manzana, e incluso a escribir un par de guiones de películas que, eso sí, jamás se llegaron a materializar”.
Y entonces, la música regresó a su vida de la manera más inesperada. “Fue cuando vi la película de Clint Eastwood, Los puentes de Madison, y me enamoré profundamente de las baladas de Johnny Hartman de la banda sonora. Como la combinación de una caja fuerte que se acierta por milagro, todo cobró, en ese momento, un nuevo sentido que alineaba el jazz de su niñez con una noción de canto donde nada es siempre lo mismo. “Porque la música es como la llama del fuego, algo que cambia constantemente, que nunca es igual. Una canción es lo que está pasando en el momento de cantarla. La próxima vez será diferente. Será otra cosa”.
Porque la música es como la llama del fuego, algo que cambia constantemente, que nunca es igual.
Viaje imprevisto
En este segundo tiempo de su singladura sonora, Xavi Casellas ha contado con inmejorables compañeros de viaje, empezando por su amigo Emilio Solla, y siguiendo con Ben Monder, John Ellis o Julien Labro. Ha grabado cuatro álbumes y ha paseado su repertorio de jazz vocal por algunos escenarios insignes, como el Jamboree o la Nova Jazz Cava catalanes, o el Lincoln Center, Smalls, Zinc y Mezzrow neoyorquinos.
Debutó en 2005 con Yesterday’s sun, un álbum que ya apuntaba maneras en su forma de concebir el vocalese, técnica consistente en poner letras y canto sobre piezas instrumentales preexistentes. “Algo que se trabajó mucho con estándares, pero que yo quiero llevar a repertorio de jazz contemporáneo de artistas como Brad Mehldau, Kurt Rosenwinkel, Oscar Feldman o, cómo no, Emilio Solla. Porque funciona igual de bien”.
Ha grabado cuatro álbumes y ha paseado su repertorio de jazz vocal por algunos escenarios insignes.
Su segundo disco, Unguarded smiles, se grabó en 2009 en Nueva York y reflejaba con exactitud este criterio. Hasta el punto de que el sello Club del Disco lo acaba de republicar en una lujosa edición de vinilo bajo el título de Vocalese voyage. “El nombre me parece muy acertado, porque realmente el de esta grabación ha sido todo un viaje hacia una segunda vida inmejorable. Un viaje que, desde luego, no me esperaba”.
Los siete cortes del álbum –que llegan a contener una versión vocal de un tema de Frederic Mompou– forman parte de un repertorio más amplio que el cantante y letrista defiende sobre diversos escenarios barceloneses como Jamboree, 23Robadors o, por supuesto, el Club del Disco. Obviamente, cada vez es algo distinto. Irrepetible.
Mi proyecto musical está en un momento de efervescencia y no se me ocurre mejor escenario que esta ciudad.
Escenario ideal
A pesar de la desaparición de lugares, rincones y comercios que dan carácter a la ciudad, en un proceso imparable de globalización y banalización turística, para el músico Barcelona sigue aunando la perfección “de un tamaño pequeño, caminable, propio de una ciudad de provincias”, con un carácter marcadamente cosmopolita.
“Mi proyecto musical está en un momento de efervescencia y no se me ocurre mejor escenario que esta ciudad”, afirma quien, desde el lejano 1989, cambió la calma del Maresme por el bullicio colorido del barrio de Sant Antoni.
– Lo que también está experimentando un gran momento de efervescencia es nuestra oferta gastronómica… Por si te apetece cenar algo, que ya es hora.
Xavi Casellas ni se lo piensa. “Hombre, si tienes fricandó o escudella, yo encantado”, determina. Your smiling face de James Taylor haciendo digna compañía a la expresión de su rostro.
Y, aprovechando el fin de su cerveza, matiza: “regado con un buen vinito, a ser posible”.
