Víctor Medem es director de L’Auditori de Barcelona desde mediados de 2025. Gestor cultural y director artístico, lleva décadas trabajando en proyectos musicales con proyección internacional, como por ejemplo la Schubertíada de Vilabertran. Su experiencia combina el diálogo con instituciones europeas de primer nivel y la participación en redes internacionales de coproducción, proyectos educativos y un compromiso constante con el patrimonio, la nueva creación y la promoción de nuevos públicos.
--- Llegas a la dirección de L’Auditori después de años trabajando en proyectos culturales. ¿Qué cambia cuando asumes la responsabilidad de una institución como esta?
--- Lo realmente diferente es que se trata de una institución pública. L’Auditori es un consorcio del Ayuntamiento y la Generalitat, con una misión muy clara. No solo debe funcionar como sala de conciertos. Se construyó con unos objetivos concretos y, con el tiempo, ha ido incorporando muchas funciones que le dan una personalidad mucho mayor y más potente de lo que a veces se puede percibir.
--- ¿Cuál crees que es la función prioritaria de un nuevo director?
--- Cuando entras aquí no vienes a hacer “tu proyecto”. Vienes a conocer la casa, de entrada, y a poner en valor todo lo que ya se ha hecho y se está haciendo, para dirigirla teniendo siempre presente la misión pública. Evidentemente, también se trata de detectar carencias y ver qué se puede desarrollar más, pero siempre desde esa responsabilidad. Nosotros organizamos unas 550 actividades propias cada año. Eso ya dice mucho de lo que es L’Auditori.
“Para muchas personas, de contextos sociales diferentes, L’Auditori es la puerta de entrada a la música”--- Hablando de misión pública, entiendo que el servicio educativo aparece como un eje fundamental…
--- Porque, en efecto, lo es. De las 550 actividades anuales, unas 300 pertenecen al servicio educativo. Un servicio pionero, prescriptor, que empezó hace muchos años, cuando todavía no había una preocupación generalizada por estos temas: conciertos familiares, escolares y participativos que llegan a 174.000 personas al año. Aquí se canalizan iniciativas como Cantània o Canta Gran, que han hecho que prácticamente todas las familias de Cataluña hayan pasado por L’Auditori en algún momento. Y hablamos de contextos sociales muy diversos. Para muchos, ¡es la puerta de entrada a la música!
--- Y también es una manera de entender la cultura como un derecho, de acceder a herramientas que hacen posible una vida más rica…
--- Exacto. Proyectos como Apropa Cultura, que es una iniciativa que nace aquí, permiten que personas en situación de vulnerabilidad puedan conocer y disfrutar de la programación habitual. Es un trabajo de fondo, muy silencioso, pero fundamental para L’Auditori. Un equipamiento privado difícilmente haría esto de manera tan decidida y amplia. Forma parte de nuestra responsabilidad como servicio público.
--- En estos proyectos educativos, el trabajo no acaba ni empieza el día del concierto, ¿verdad?
--- No, de hecho, el concierto es solo una parte. Antes hay un trabajo con los maestros de las escuelas, en las aulas, que hace que la música entre en el día a día de los alumnos. Si quieres ofrecer música de calidad, tienes que preparar la escucha. Es muy importante el trabajo previo: el material didáctico, las guías de audición, el trabajo con los docentes.
--- ¿Cómo se combina este trabajo de base, pedagógico, con la búsqueda de la excelencia artística en el marco de las grandes orquestas europeas?
--- No son dimensiones separadas, en realidad. Nuestra misión es llevar la mejor música posible a la ciudadanía, con los mejores intérpretes, y la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC) y la Banda Municipal de Barcelona (BMB) funcionan como dos cuerpos estables de primer nivel. Evidentemente, todo esto requiere tiempo. Liderar una orquesta significa trabajar mucho los ensayos, tener una idea clara y dar espacio y confianza para que los proyectos crezcan. Vivimos en una sociedad muy “inmediatista”, y la música necesita sedimentar.
“Músicos que se habían marchado a orquestas europeas importantes, ahora empiezan a volver”--- Se ha hablado de la mejora artística de la OBC en los últimos años, ciertamente, y yo mismo he podido disfrutarla hace unas semanas…
--- Es evidente que la orquesta ha mejorado, y eso no sucede por casualidad. Tiene que ver con el trabajo sostenido y la confianza depositada. Y hay un indicador muy claro: músicos de nuestro país que se habían marchado a formarse e iniciar sus carreras en el extranjero ahora empiezan a volver, porque ven que hay un proyecto sólido y un contexto de trabajo atractivo. Las orquestas de aquí están subiendo de nivel. Y esto todavía no ha terminado, sonará aún mejor.
--- Más allá de la música clásica, L’Auditori también apuesta por la nueva creación.
--- Es el caso sobre todo de Sampler Sèries, un ciclo de músicas de investigación. Programamos lo que se está haciendo ahora mismo en los centros de producción más importantes del mundo. Si no hay alguien que apueste por ello, como el mercado no lo regula, no tendría visibilidad. Un promotor privado no organizará, por ejemplo, un concierto de electroacústica con veinte altavoces. Pero son cosas que hay que hacer, probar nuevas sonoridades y medios… Es así como el arte avanza. La próxima temporada la OBC estrenará 13 obras, y continuaremos dando oportunidades a los jóvenes creadores o intérpretes locales: asumirán el protagonismo en el mismo escenario que grandes solistas de renombre internacional.
--- Aquesta responsabilitat també inclou la visibilització i promoció del patrimoni.
--- Sí, somos L’Auditori, sede de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya: tenemos una responsabilidad con los compositores del país, como Robert Gerhard, que queremos que alcance la relevancia merecida. Hay un patrimonio enorme, que con demasiada frecuencia queda en los archivos. También desde el Museo de la Música pretendemos dar visibilidad a joyas musicales que poseemos. Como, por ejemplo, una colección de instrumentos que es de las mejores de Europa, sobre todo en guitarras y en teclados. El museo realiza una labor de preservación del patrimonio y de divulgación muy importante. El reto consiste en hacerlo aún más visible, y vincularlo más a la programación de conciertos, crear nuevas sinergias.
---De ahí nace también, con toda coherencia, la creación de un sello propio…
--- Exacto. Una orquesta que no graba no existe internacionalmente. Con L’Auditori Digital estamos poniendo a nuestra orquesta y a nuestros compositores en el mapa global. Es una herramienta de proyección, pero también de preservación.
“Europa no es solo una construcción política reciente, los compositores ‘hacían’ Europa antes de que existiera”---En otros contextos, te he oído defender la idea de la temporada de L’Auditori como un recorrido, no solo como una suma de conciertos.
--- Porque soy un gran defensor de la temporada como relato: un recorrido que comienza en septiembre y termina en julio, donde van pasando cosas y donde el público puede ir acompañando ese proceso. Los festivales, que últimamente son tendencia, crean picos de atención muy potentes, y eso es fantástico… aunque hace, de algún modo, que se pierda esa idea de continuidad. Para mí, es clave que la gente no venga solo a un evento puntual, sino que sienta que L’Auditori forma parte de su vida cultural de manera regular.
--- En ese relato aparece también con fuerza la idea de Europa, la realidad desde la que nos entendemos y que vivimos incluso antes de ser plenamente conscientes de ella.
--- Nos interesa mucho mostrar que Europa no es solo una construcción política reciente, sino una realidad cultural que ya existía hace siglos. Los compositores hacían Europa antes de que existiera Europa: Mozart viajando de corte en corte, Wagner yendo a París a aprender el oficio, Rajmáninov construyendo su identidad a través del exilio. Todo eso ya es Europa. Y creo que extraer estos relatos de los programas que ya hacemos puede ayudar mucho a entender las épocas, los contextos y también el presente.
--- Cuando hablas de Europa no lo haces desde una idea abstracta, sino desde la experiencia concreta de viajar y trabajar allí… ¿Eso también condiciona cómo miras tu tarea al frente de L’Auditori?
--- Sí, claro. Al final, todo eso te aporta perspectiva. Ver cómo se trabaja en otros lugares, participar en redes, en coproducciones, te permite comparar maneras de hacer. Y también te ayuda a situarte aquí sin complejos. Tenemos talento, tenemos equipamientos muy buenos y el feedback que nos llega confirma que estamos jugando en este mismo espacio. La música demuestra que Europa no es solo un marco administrativo, sino una civilización compartida.
--- ¿Ese relato europeo también dialoga con el momento político actual?
--- Yo no lo planteo desde una perspectiva ingenua. Europa tiene problemas, pero también conquistas muy importantes que a menudo se dan demasiado por supuesto. La música te permite entender la extensión de los procesos, y mostrar que hay una historia compartida que no surge de la nada, y que establece un marco común en cuanto a valores humanos. Queremos poner en el centro los logros artísticos: son herramientas para entendernos mejor y fomentar una vida respetuosa y plena.
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