Rosa Ribas: Escribir, sinónimo de respirar

Rosa Ribas ©Isabel Wagemann
Rosa Ribas ©Isabel Wagemann

Tras treinta años viviendo en Alemania y cerca de una veintena de obras con personajes memorables como Ana Martí o la familia Hernández, la escritora barcelonesa publica Todos duermen, una vibrante novela de intriga psicológica

31 de octubre de 2026 a las 05:30h

La vida le hierve por dentro. “La gente suele considerarme una persona tranquila y más bien metódica, pero soy todo lo contrario. Estoy en constante lucha contra la dispersión, el caos y el insomnio”. Rosa Ribas dice esto sin dramas, sin perder la sonrisa de quien está a gusto, acodada a la barra, saboreando una cerveza de última hora de la mañana, mientras se alegra que, de fondo, las suaves notas del Flamingo, del cuarteto de Conte Candoli, le permitan hilar la conversación sin perderse en la música y, a la vez, “¡no sufrir esas abominables versiones de hits en clave bossanova de hilo musical que detesto!”. 

Como no dormía, de pequeña elucubraba historias que le contaba a su hermana pequeña por las noches. Como le gustaba hablar mucho, un día su profesor, don Juan, le dijo algo que lo cambió todo: “’Seguro que lo que cuentas es muy interesante, ¿por qué no lo escribes?’, eso me dijo”. Y se puso a escribir. “Cuentos, porque a mí siempre me tiró la ficción más que, por ejemplo, la idea de hacer un diario”. Y pergeñó muchas historias, pero –chica tímida– no se las enseñó a nadie.

“Estudié Filología Hispánica y, paradójicamente, en esa época casi dejé de escribir. Tanto análisis literario me dejó abrumada, bloqueada. Me sentía como si le estuviese haciendo la autopsia a algo sin vida, sin magia”. Todo aquello se iba pareciendo al guion de una historia triste y no muy imaginativa. “Me licencié, empecé a trabajar enseñando en un instituto, tenía veintiséis años y me vi venir que, a los cuarenta, estaría deprimida y, a los cincuenta, no pensaría más que en jubilarme”.

Ese no podía ser el resto de su vida y llegó, inevitable, providencial, el golpe de timón. “Impulsada por mi amor hacia el alemán y hacia la música clásica, y también por la necesidad de salir de aquí, me marché a Alemania, en principio para estar ahí un año”. Al final, se quedó tres décadas.

En Alemania volvió, como el chorro de champán de la botella recién descorchada tras ser agitada, la escritura. “Debuté en 2006 con una novela histórica, El pintor de Flandes, una ficción basada en un hecho real que tomé de un trabajo de mi suegro, vinculado a la gran editorial alemana Reichenberger, especializada en el Siglo de Oro español”. A partir de ahí, ya no hubo freno, “porque para mí escribir es lo más esencial en mi vida. Es lo que soy”. Como respirar, mismamente.

Para mí escribir es lo más esencial en mi vida. Es lo que soy.

Adelante a toda máquina, y sin esquemas

Rosa Ribas sueña con ser ese tipo de escritora germánica, “totalmente metódica y organizada”. Pero la verdad es muy distinta y bastante más vibrante. “Sé qué quiero contar y adónde quiero llegar, así que no hago esquemas. Para mí lo mejor de escribir es precisamente avanzar y adaptar la obra a lo que va sucediendo durante la escritura”. Igual que no se piensa en respirar, sino que simplemente se respira.

La escritora Rosa Ribas ©Isabel Wagemann 

Arropada por un buen contingente de lectores y amistades “de las que me siento muy orgullosa”, en estas últimas dos décadas no ha parado. Ha publicado cerca de veinte libros de estilos diversos, desde histórica hasta policíaca, con potentes personajes como la comisaria Cornelia Weber-Tejedor, la reportera Ana Martí –pergeñada junto a la autora alemana Sabine Hofmann–, la detective privada Irene Ricart o la familia de detectives Hernández, de la que anticipa que está ya preparando la quinta entrega. “Y eso que al principio me la había planteado como una trilogía, pero ya ves cómo van las cosas”, ríe. Incluso escribió un libro en alemán, “que quedó inédito, pero que me demostró a mí misma que soy capaz de hacer una novela en ese idioma”.

Entretanto, acaba de publicar Todos duermen (Tusquets), un tenso relato de intriga psicológica protagonizado por Ana, una chica agorafóbica que, echando mano de su memoria e intuición, debe enfrentarse a los miedos y traumas que la atenazan y paralizan su camino hacia la verdad. 

Todavía en modo contemplación

La escritora transcurrió su niñez y juventud en El Prat, “en el bar de mi familia, detrás de cuya barra aprendí a caminar y más tarde a socializar”. De ahí pasó directamente a Berlín y poco después a Fráncfort. “Vivo en Barcelona ciudad desde 2021, cuando mi marido y yo decidimos venirnos aquí y fue un cambio de vida acertado, que además ha sido muy positivo para mi trayectoria literaria, pues estoy más cerca de todo: editoriales, ferias, festivales...”. 

Su balance viviendo estos cinco años en el barrio de Sants es muy positivo. “A pesar del ruido y la desconsideración de algunas personas que no cuidan del entorno como debieran, la ciudad me parece bellísima, y aún estoy en modo contemplación, maravillada por el ambiente de sus calles, mezcla de urbanismo y paisaje”. Y se toma unos segundos para liquidar la cerveza, antes de añadir: “Barcelona está llena de vida y, la verdad, y por mucho que ame Fráncfort, creo que no podría vivir en un sitio mejor”.

Barcelona está llena de vida y, la verdad, y por mucho que ame Fráncfort, creo que no podría vivir en un sitio mejor.

Rosa Ribas vive ahora en el barrio de Sants ©Isabel Wagemann 

– Esta idea puede incluso verse reforzada por nuestra oferta gastronómica. Se acerca la hora de comer, y tal vez te dejes tentar por unas tapas, unas raciones o nuestro menú…

A Rosa Ribas le sale el bar que lleva dentro. El de ruido de platos, la cafetera soltando presión, las  conversaciones animadas y ninguna pretensión más allá de dar bien de comer y de beber al prójimo. "Creo que optaré por unas tapas, porque si algo me gusta en esta vida es ir probando y marraneando de un plato a otro”, afirma, sin perder ni la sonrisa ni la mirada de quien capta sus alrededores para convertirlos en palabras, para construir situaciones. Para escribir, que para ella es, a fin de cuentas, ya se ha dicho, como respirar. 

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