Dentro del Grec 2026, el Teatre Romea presenta El retrat de Dorian Gray, una propuesta que, tal y como ha descrito Marc Rosich, es "una pieza de cámara, donde texto y música se complementan". Por lo tanto, no es un musical al uso, sino que se trata de una propuesta teatral que aprovecha el poder de la palabra y de la música para dibujarnos esta historia que nos adentra en la oscuridad del alma humana.
El director y dramaturgo de la pieza, Rosich, nos ha explicado que la obra comienza con el propio Wilde defendiendo "la inutilidad preciosa del arte como filosofía de vida". De hecho, Josep Maria Pou ha recordado que la primera palabra que se dice sobre el escenario es la palabra "arte", por lo tanto, el espectáculo reivindica el valor del arte por sí mismo, el valor del arte por el arte. Y es que, tal y como Pou ha remarcado, nos encontramos en un mundo tan convulso que "el arte es más necesario que nunca".
La actriz Àngels Gonyalons se pondrá bajo la piel del propio Wilde, pero también, interpretará a los tres personajes masculinos de la obra. Pou ha destacado que "Àngels hace un tour de force monstruoso donde representa a todos los personajes", pero ella ha querido matizar que la obra es un trabajo de equipo y que está rodeada de mucho talento: como el compositor Jordi Cornudella y los intérpretes Jordi Vidal, Pau Oliver y Pol Blancafort. De hecho, la presencia de este elenco musical y actoral hace que la obra pueda rebautizarse con el nombre de Dorian Gray y la Santísima Trinidad, tal y como ha bromeado Josep Maria Pou.
Hemos hablado con Marc Rosich para conocer mejor cómo se ha gestado esta obra que huye del artificio tecnológico para apostar por la artesanía teatral y encender la imaginación del espectador.
— En la obra vemos aparecer a Oscar Wilde para hablar de su novela. ¿Cómo es este Wilde que veremos sobre el escenario?
— Para crear este personaje nos hemos basado, sobre todo, en el prefacio de la segunda edición de la novela. A partir de este texto precioso hemos construido el personaje de Wilde en escena, que es quien nos explica la historia. No hemos tenido que recurrir a nada más: es el mismo Oscar Wilde que nos recibe en un espacio casi museístico para hablarnos del arte, del "arte por el arte", de la necesidad de la "inutilidad" del arte y de cómo esta nos salva la vida. Simplemente hemos ordenado su prefacio para encabezar la obra.
"Oscar Wilde que nos recibe en un espacio casi museístico para hablarnos del arte, del arte por el arte, de la necesidad de la "inutilidad" del arte y de cómo esta nos salva la vida."
— ¿Cómo os lo habéis imaginado físicamente? ¿Habéis buscado fuentes concretas para la caracterización?
— Nos hemos imaginado a Oscar Wilde en el cuerpo y la voz de Àngels Gonyalons. Que ella diga "yo soy Oscar Wilde" es suficiente; no hace falta artificio, no hay nada más teatral que eso: tú lo dices y el espectador lo cree. En cuanto al vestuario, hay pequeñas ironías como homenaje a sus fotos icónicas.
Pero, más allá de la elegancia, no hemos vestido a los personajes de la novela, sino que hemos pensado en el armario que tendría Oscar Wilde si nos recibiera en su casa. Hay batas, una más femenina y una más masculina, manteniendo una elegancia que no es historicista. Nos imaginamos que nos recibe en un museo de arte contemporáneo actual; él es consciente de que habla con un público del siglo XXI, a pesar de venir del siglo XIX. Este mismo código lo utiliza el trío vocal masculino que lo acompaña, y esta ambigüedad es la misma con la que jugamos cuando una actriz incorpora un personaje y una voz masculina.
— ¿Por qué habéis elegido que el espacio sea un museo? ¿Tiene que ver con el concepto de "el arte por el arte"?
— Es un espacio museográfico que preside una obra que para nosotros es un gran monolito, una especie de homenaje a 2001: una odisea del espacio. Normalmente, los retratos son verticales, y este monolito representa el arte, el arte por el arte, en el monólogo inicial. Sin embargo, durante la pieza se convierte en el objeto donde vertemos toda la imaginación del cuadro de Dorian Gray. Cada vez que se menciona el retrato, el monolito aparece o se hace presente. Es como el cuadro blanco del artista Robert Ryman: un lienzo en blanco donde queremos que el espectador se imagine toda la bajada a los infiernos que invoca la pieza. Como decía Josep Maria Pou, lo que hacemos es que el espectador se imagine la novela. Este espacio de performance sirve para encender la imaginación del público.
En ningún momento se ve ninguna imagen ni de Oscar Wilde ni de Dorian Gray. Cuando ella hace de Dorian Gray, lo hace solo con su cuerpo y su voz. Es la estrategia antigua del cuento explicado de viva voz: yo te explico la novela e interpreto a todos los personajes. No hay nada más teatral que eso.
"Es la estrategia antigua del cuento explicado de viva voz: yo te explico la novela e interpreto a todos los personajes".
— Se ha hablado de que vuestra propuesta se basa en la artesanía...
— En la versión de El retrat de Dorian Gray de Londres la artesanía también era muy fuerte, pero tenían cuatro cámaras en escena, pantallas gigantes con movimiento continuo y mucho trabajo de postproducción en directo. Conseguían que la actriz dialogara con ella misma: las cámaras la grababan haciendo cada personaje y, gracias a la tecnología, veías en pantalla a Basil, el pintor y Lord Henry, todos interpretados por ella simultáneamente, sin que ni siquiera entendieras cómo lo habían hecho técnicamente.
Nuestra versión es otra cosa. Yo compré la dramaturgia de la versión de Londres, pero casi no seguimos ninguno de sus caminos. En aquella, por ejemplo, no hay el prólogo. La nuestra tiene una estructura diferente, más cercana a un libreto para una pieza musical.
— Qué ataques recibió Oscar Wilde por la novela. ¿Por qué tuvo que hacer el prólogo?
— Era una época muy conservadora. La primera edición contenía menciones más explícitas a la homoerótica y a la relación entre hombres. A pesar de que en la segunda edición se matizaron algunas descripciones gráficas, las pulsiones y los deseos siguen siendo los mismos. Hay que recordar que Wilde acabó encarcelado por ser homosexual; de hecho, años después, utilizaron la misma novela como prueba en su juicio para condenarlo.
Pero los ataques no solo fueron por la homosexualidad, sino porque la novela es profundamente amoral. Se presentan personajes que cometen actos inmorales mientras Dorian Gray conserva su belleza y es el retrato el que envejece con cada pecado. Se defendían los ideales de Lord Henry, que son puro hedonismo e individualismo radical, temas que hoy en día todavía están plenamente vigentes.
"Hay que recordar que Wilde acabó encarcelado por ser homosexual; de hecho, años después, utilizaron la misma novela como prueba en su juicio para condenarlo."
— Esta idea de "el arte por el arte", ¿la habéis mantenido en vuestra versión?
— Sí, sobre todo gracias al prefacio. Uno de los puntos clave que defiende Wilde es que no existen las obras morales o inmorales: las obras están bien escritas o mal escritas. El arte no debe ser una herramienta para la moralidad; el arte existe por sí mismo y nos salva precisamente por eso, por su propia belleza.
— Además de interpretar a Wilde, Àngels Gonyalons también se pone bajo la piel de todos los personajes de la novela. ¿Cómo has abarcado, desde la dirección, estas transformaciones para que el público entienda y vea a cada uno de los personajes, sin que la escena se vea "sucia"?
— Todo el mundo se sorprende y me dice que es muy difícil, pero en realidad es lo más sencillo del mundo. El teatro nace de esto: de una persona explicando una historia, como los aedos en la antigua Grecia, que explicaban la Odisea y todos los personajes pasaban por su cuerpo. Con Àngels pasa lo mismo: no hacen falta grandes transformaciones o cambios de escenografía. Es mucho más efectivo hacer cosas sutiles: un cambio de voz, un giro de cabeza, una mirada. Como espectador, ya entiendes quién está hablando. Y cuando la situación es más compleja, con tres o cuatro personajes a la vez, utilizamos el narrador para repartir el juego y guiar al espectador en todo momento.
— ¿Tienes alguna anécdota curiosa de estas semanas de ensayos?
— Lo que ha sido muy bonito ha sido ver cómo el trío vocal masculino, que inicialmente solo existía como anotaciones en un documento de Word o en partituras, ha cobrado vida en la sala de ensayo. Han nacido personajes que, a pesar de no tener nombre, crean una lectura única de la pieza. Son estas cosas mágicas del teatro. Mi objetivo es hacer magia: con cuatro intérpretes y un quinteto de cuerda, buscamos encender la imaginación del público. Este espacio de museo, donde nos explican la historia, utiliza todos los recursos posibles para que cada espectador "se pinte" la novela como quiera.
Yo siempre digo que, como espectadores, tenemos una "pantalla" mental. Hay espectáculos que no consiguen encenderla porque son demasiado literales, y eso les hace perder teatralidad. Al contrario que el cine, que es fotográfico y descriptivo, el teatro tiene el poder de activar esta pantalla mental. Nuestra estrategia de hacer que Oscar Wilde nos explique la novela va precisamente por aquí: queremos que el espectador imagine a Basil, a Lord Henry, a Dorian o a su prometida con la libertad y la intensidad que cada uno quiera. No queremos limitar al espectador, queremos que participe activamente en la creación de la obra.
"Mi objetivo es hacer magia: con cuatro intérpretes y un quinteto de cuerda, buscamos encender la imaginación del público".
— ¿Por qué decidisteis transformar este drama en un espectáculo musical? ¿Qué aporta la música al conjunto?
— Siempre que hago teatro de texto hay una dramaturgia musical detrás, ya sea porque la obra lo pide o por mi experiencia con la ópera y el musical. En este caso, el proyecto nació alrededor de Àngels Gonyalons. Ella es una gran actriz tanto de texto como de musical, y la intención era precisamente aprovechar estos dos potenciales para que pudiera demostrar su fuerza en ambas disciplinas.
— ¿Cuáles crees que son los temas centrales de la novela que nos interpelan hoy en día?
— Sin duda, el miedo a envejecer. Es el núcleo de la trama: el deseo de Dorian Gray de que sea su retrato el que envejezca mientras él se mantiene eternamente joven. Es una angustia muy actual, la sensación de que la vida se nos escapa de los dedos. Es muy potente que una actriz como Àngels, en un momento tan dulce y maduro de su carrera, nos hable de este miedo. Es un sentimiento que todos podemos comprender, incluso los más jóvenes, en una sociedad marcada por el edadismo y por una obsesión por la estética donde se quiere evitar el paso del tiempo a cualquier precio.
— Para terminar, ¿cómo definirías El retrat de Dorian Gray en una sola frase?
— Me quedo con uno de los aforismos de Oscar Wilde que tenemos en la obra: "El drama no es envejecer, porque siempre habrá alguien que es más joven". La obra está llena de estas verdades, y esta resume muy bien el conflicto que planteamos.
