Jordi Gastó (Franz Schubert Filharmonia): «Somos como La Masia del Barça, pero en la música clásica»

Jordi Gastó, coordinador artístico de la Franz Schubert Filharmonia
Jordi Gastó, coordinador artístico de la Franz Schubert Filharmonia

La Franz Schubert Filharmonia celebra 15 años de trayectoria en el Palau de la Música Catalana con una temporada que apuesta por la excelencia, la juventud y la diversidad de repertorios

28 de octubre de 2026 a las 05:30h

Hablamos con su coordinador artístico, Jordi Gastó, sobre los platos fuertes de la programación, el papel de las redes sociales en la divulgación de la clásica y la labor social de una orquesta que ha hecho del talento joven y de la proximidad una de sus señas de identidad.

— Jordi, arrancáis la 15ª temporada en el Palau de la Música Catalana con el lema «La música nos transforma». ¿Cómo nos resumirías el espíritu de esta nueva etapa?

— La música nos transforma a todos: tanto a quien se sienta en la platea para escucharla como a quien sube al escenario para interpretarla. Es un lenguaje universal que no pide ningún conocimiento previo; es puro sentimiento y lo único que tienes que hacer es dejarte llevar.

La música nos transforma a todos: tanto a quien se sienta en la platea para escucharla como a quien sube al escenario para interpretarla.

Son muchos los que me dicen «es que yo no entiendo, de música clásica», pero es una afirmación que nunca he acabado de entender: del mismo modo que no hace falta ser historiador del arte para conmoverte ante un cuadro ni licenciado en literatura para disfrutar de un buen libro, la música clásica no se tiene que «comprender» intelectualmente, se tiene que sentir.

— En la programación de este año hay nombres y títulos de primer nivel. ¿Cuáles dirías que son los platos fuertes de la temporada en cuanto a repertorio, solistas y directores invitados?

— Tenemos una temporada de gran envergadura. Este mismo octubre de 2026 contamos con el regreso de Yulianna Avdeeva, que triunfó la temporada pasada, para interpretar el monumental Concierto para piano núm. 1 de Chaikovski. En noviembre, una de nuestras obras capitales: el Réquiem de Mozart bajo la dirección de Guillermo García Calvo, acompañado por la Serenata para cuerdas de Dvořák, el Cor Madrigal y un cuarteto vocal excepcional.

En enero de 2027 tendremos la batuta de la francesa Chloé Van Soeterstède y el regreso de la violonchelista Nadège Rochat con el Concierto para violonchelo de Elgar, seguido de la Sinfonía núm. 9 'del Nuevo Mundo' de Dvořák. En abril, nuestra concertino, Maria Florea, asumirá el violín y la dirección en una lectura viva de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi, junto con conciertos para dos violines y violín y oboe de Bach interpretados por solistas de la casa como Miguel Ángel Castillo y Pau Roca.

Y en junio, otro momento importante: Stefan Dohr, trompa solista de la Filarmónica de Berlín, estrenará en Cataluña el Concierto para trompa núm. 2 de Benet Casablancas y se unirá al debut del joven pianista Maxim Lando —premiado en el Cleveland International Piano Competition— con el Concierto para piano núm. 2 de Brahms.

— Aparte del gran repertorio sinfónico, ¿siempre tenéis espacio para propuestas diferentes y para nuevos públicos, como el concierto del 50º Aniversario de Star Wars en mayo de 2027? ¿Cómo planteáis estas producciones especiales?

— Es una vía imprescindible para llegar a un público más amplio, joven y familiar. Obras como Las Cuatro Estaciones de Vivaldi o la música de John Williams son la puerta de entrada ideal para descubrir cómo funciona una orquesta sinfónica, que al fin y al cabo actúa como un único gran instrumento. En el caso del concierto de Star Wars, dirigido por Lina González-Granados, seremos absolutamente fieles a las partituras originales John Williams Signature. Queremos ofrecer una experiencia inmersiva y llena de ritmo. Es acercar la gran música sinfónica a través de iconos que ya forman parte de nuestra cultura popular.

— Sois una de las orquestas sinfónicas con mayor presencia de público joven de toda Europa. ¿A qué crees que se debe este fenómeno?

— La gente que ve nuestra platea por primera vez se queda fascinada. Se debe a una combinación de factores. Primero, a una programación variada y accesible. Segundo, al hecho de que nuestra formación es muy joven: la media de edad de la orquesta es de 35 años. Esto hace que el público joven se pueda equiparar con los músicos del escenario, viendo que la clásica no es un sector reducido a otra generación y rompiendo barreras de entrada.

Tomàs Grau es el Fundador y Director Musical de la Franz Schubert Filharmonia 

Y en tercer lugar, por un compromiso económico real. Nada de esto sería posible sin precios asequibles. A través de iniciativas como Escena 25 o Apropa Cultura, ofrecemos entradas subvencionadas para menores de 25 años y colectivos vulnerables, además de abonos con un 50% de descuento para menores de 35 años. La juventud debe tener la oportunidad de venir.

La juventud debe tener la oportunidad de venir.

— A menudo olvidamos que un concierto sinfónico es tanto una experiencia visual como sonora. ¿Cómo conseguís que el espectador viva el concierto con todos los sentidos?

— Nuestra orquesta es movimiento, es energía y es pasión. Muchos espectadores nos dicen que la Franz Schubert Filharmonia es hipnótica, que ver las miradas entre los intérpretes y la complicidad del atril es todo un universo. Nos dicen a menudo que «nuestra orquesta, cuando toca, baila», y es totalmente cierto: los músicos se dejan llevar por la música y la emoción. Sucede una experiencia artística, humana y visualmente fascinante.

Nos dicen a menudo que «nuestra orquesta, cuando toca, baila»

— Esta temporada convivís con grandes producciones sinfónicas y recitales de pequeño formato. ¿Cuál es el reto a la hora de diseñar experiencias tan opuestas?

— No lo vivimos como un reto, sino como una voluntad consciente. Queremos ofrecer la potencia, la vibración y los matices del gran formato sinfónico, pero también la intimidad de los pequeños formatos, donde puedes ver casi la respiración del artista y crear una conexión familiar y cercana. Ambas esferas se enriquecen mutuamente y el público agradece poder transitar por ambas.

— Una de las patas fundamentales de la casa es la Academia. ¿Cómo funciona y qué aporta a los músicos jóvenes?

— Creemos firmemente en el talento de aquí. La Academia nace para dar oportunidades a los músicos de nuestra casa, permitiéndoles formarse y tocar junto a los profesionales de la orquesta sin tener que marcharse obligatoriamente a Europa para poder profesionalizarse. Además de la práctica orquestal, les ofrecemos cápsulas informativas y acompañamiento en el sector. Me gusta decir, haciendo un poco la broma, que nosotros seríamos como La Masia del Barça, pero en la música de cámara y sinfónica.

Nosotros seríamos como La Masia del Barça, pero en la música de cámara y sinfónica.

— ¿Las redes sociales ayudan o devalúan el sector de la música clásica?

— Sin duda la ayudan. Son una ventana extraordinaria para mostrar en vídeos breves grandes momentos musicales. Quizás alguien hace scroll sin mirar, pero a otro se le despierta la curiosidad y acaba escuchando la obra entera. Y la clásica requiere, precisamente, tener curiosidad para cruzar la puerta.

Además, las redes muestran a chicos y chicas jóvenes disfrutando de estos conciertos, cosa que ayuda a desmontar prejuicios y estigmas. En este sentido, Rosalía ayudó mucho a la música clásica con su último disco, ya que ha hecho mucho para acercar estas sonoridades, arreglos y sensibilidades a nuevas generaciones. Las redes sociales contribuyen a visibilizar todo esto y abren ventanas para que todo el mundo pueda acceder.

Rosalía ayudó mucho a la música clásica con su último disco.

— La misma orquesta nació de la iniciativa joven. ¿Ver a los estudiantes de ahora compartiendo atril con los profesionales es cerrar el círculo?

— Totalmente. La Franz Schubert Filharmonia nació hace años por la pasión de un grupo de jóvenes. Hoy, bajo la dirección de Tomàs Grau, somos una orquesta sinfónica de referencia que ha actuado en el Carnegie Hall de Nueva York o en la Ópera de Dubái y ha colaborado con figuras como Anne-Sophie Mutter, Maria João Pires o Joshua Bell. Mantener temporadas regulares en Barcelona, Tarragona y Lleida y ver cómo los jóvenes de hoy se incorporan a este proyecto de primer nivel es la continuidad natural de nuestro propósito.

— En vuestro manifiesto afirmáis que la música es una herramienta de transformación social. ¿Qué acciones concretáis desde la Fundación?

— Trabajamos para abrir las puertas a todo el mundo. A través de nuestra Fundación impulsamos programas como Un Matí d'Orquestra (Una Mañana de Orquesta), dirigido a personas con discapacidad intelectual, Alzheimer o trastornos de salud mental, que incluye encuentros con los músicos, la asistencia a un ensayo privado y un taller de musicoterapia. Y por otro lado, tenemos la Llotja Social (Palco Social), donde reservamos en exclusiva un palco del Palau de la Música Catalana durante toda la temporada para colectivos vulnerables, entidades de paridad e igualdad de oportunidades. Todo el mundo tiene derecho a emocionarse con la música.

Yulianna Avdeeva en el concierto inaugural 

— Para alguien que nos esté leyendo y quiera acercarse por primera vez a la Franz Schubert Filharmonia, ¿qué concierto le recomendarías como puerta de entrada?

— Sin ningún tipo de duda, el concierto de enero de 2027 con la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvořák y el Concierto para violonchelo de Elgar. Es un programa de una intensidad y una envergadura sinfónica espectaculares.

La música clásica es para cualquier persona que tenga curiosidad y ganas de dejarse llevar por la emoción.

Y me gustaría remarcar un mensaje final: para venir a la clásica no hace falta saber absolutamente nada. Nos gusta humanizar el sector. Los grandes compositores eran personas de carne y hueso que reían, lloraban, bostezaban y se enamoraban antes de escribir estas obras. Te puede entusiasmar el fútbol o cualquier otra disciplina y, a la vez, conmoverte en la platea de un auditorio. La música clásica es para cualquier persona que tenga curiosidad y ganas de dejarse llevar por la emoción.

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