20 años de la Franz Schubert Filharmonia: de sueño local a referente internacional
FSF leticia Moreno Glass West side story
Nacida en Vila-seca en 2005 como un proyecto para llevar la música al territorio, la orquesta celebra dos décadas en su mejor momento artístico y afronta una temporada de inflexión, con la pausa de su director y fundador, Tomàs Grau, para redefinir el futuro de la formación
Cuando la música se interpreta con alma, no solo se escucha: sacude nuestro mundo interior y despierta emociones que parecían apagadas. Con esta convicción —que la música puede transformar la sociedad— nació en 2005 la Franz Schubert Filharmonia. Una orquesta que, veinte años después, no solo conmemora un aniversario, sino también una trayectoria que ha proyectado el talento catalán más allá de las fronteras de Catalunya, hasta los grandes auditorios internacionales.
Desde el primer acorde, la capacidad de adaptación y transformación ha sido el hilo conductor de la Franz Schubert Filharmonia. Una trayectoria que comenzó en 2005, lejos de los grandes centros musicales europeos, cuando un grupo de músicos, encabezados por Grau, decidió impulsar una iniciativa ambiciosa: llevar la música clásica allí donde no llegaba. Grau, tras formarse en Barcelona y Viena, echaba en falta una oferta musical más rica en Vila-seca, municipio de Tarragona donde se había instalado y que entonces contaba con poco más de 15.000 habitantes.
Frente a esta carencia, un grupo de amigos músicos decidió unir fuerzas para alcanzar un objetivo a la vez sencillo y ambicioso: hacer sonar la música clásica allí donde aún no llegaba. “Nuestro granito de arena podía ser este: crear una orquesta sinfónica que dinamizara la oferta cultural de estos municipios”, recuerda Grau. Lo hicieron, sin embargo, con dos premisas claras que han marcado el camino de la orquesta: la excelencia musical y la apertura internacional. Excelencia “para buscar un sonido propio y mantener una calidad musical sin concesiones”. Y apertura para invitar a otros directores y así enriquecer la mirada artística de la formación.Ese embrión comenzó la temporada 2005-2006 con solo 12 músicos y 11 conciertos, bajo el nombre de Orquestra Camera Musicae. Hoy, veinte años después, la formación cuenta con una plantilla estable de 80 intérpretes y ha actuado en escenarios de referencia como el Carnegie Hall de Nueva York o la Dubai Opera, además de mantener una programación estable en el Palau de la Música Catalana, el Teatre Tarragona, el Auditori Enric Granados de Lleida y el Auditori Josep Carreras de Vila-seca, y haberse convertido en la orquesta residente de El Vendrell, villa natal del maestro Pau Casals.
Un crecimiento “impensable” en sus inicios, tal como recuerda Grau, pero que responde a una idea sostenida en el tiempo: rigor y pasión por la música. También a una evolución identitaria que se materializó con el cambio de nombre de Orquestra Camera Musicae —que hacía referencia a la música íntima y cercana, casi como si se tocara en casa— a Franz Schubert Filharmonia. La elección no es casual: el músico austríaco Franz Schubert, icono del Romanticismo, “simboliza como pocos la dimensión íntima de la música”, según Grau. Sus Schubertiadas —encuentros musicales con amigos en su casa— inspiran todavía hoy el espíritu de cercanía de la formación.
Un espíritu que la orquesta catalana quiere continuar, añadiendo, además, el concepto de “filharmonia”, que se traduce como amor por la música. Una intención que se percibe más allá del escenario, ya que la formación no solo quiere llevar la música por todo el territorio, sino también garantizar que todos puedan experimentarla en directo. Este compromiso se concreta en iniciativas sociales y educativas: descuentos para jóvenes, conciertos para colectivos vulnerables y la retransmisión en línea de los conciertos, para poder disfrutarlos desde casa.
La misma filosofía se aplica también a la difusión del talento local. “Hoy tenemos la mejor generación de músicos catalanes de la historia, gracias a centros como el ESMUC, el Taller de Músics o el Liceu, y debemos darles oportunidades en su propia tierra”, defiende Grau. A lo largo de estas dos décadas, la orquesta ha estrenado más de 30 obras de compositores catalanes, como también ha hecho para celebrar este aniversario: estrenando una nueva versión de Happy Birthday, compuesta por Gerard Pastor, músico que colabora con la formación desde hace años.
Dos décadas de historia que les han ayudado a situarse “en su mejor momento de la historia: tanto en excelencia musical como en proyección internacional”, valora Grau. Es precisamente en este punto álgido que Tomàs Grau decide dar un paso al lado y no dirigir ningún concierto durante la temporada 2026-2027. Lejos de tratarse de una retirada, la decisión responde a una apuesta firme por el futuro de la formación. “En estas dos décadas hemos alcanzado hitos inimaginables y no queremos que cada temporada se convierta en una rueda de hámster, en la que vamos acumulando nombres y éxitos sin tiempo para la reflexión”, afirma.
Tomàs Grau: “Necesitamos tiempo para escucharnos, repensarnos y reflexionar”
“Necesitamos tiempo para escucharnos, repensarnos y reflexionar. En definitiva, para redefinir el futuro de la formación y la estrategia de internacionalización, y continuar haciendo crecer su misión y el amor por la música”, añade. Esta voluntad de pausa se traducirá en una temporada con directores invitados. Aunque Grau seguirá vinculado al proyecto, cederá la batuta a figuras que define como “amigos de la casa”, como Gabriel Bebeșelea, Chloé Van Soeterstède, Sunwook Kim o Guillermo García Calvo.
El año 2027 arrancará con nuevos debuts, como el de la directora Chloé Van Soeterstède (17 de enero), sin olvidar al compositor que da nombre a la formación: Schubert será protagonista con el Winterreise (15 de febrero), interpretado por el tenor Mark Padmore y el pianista Paul Lewis, coincidiendo con el 200 aniversario de la obra.
Ese mismo mes, Judith Jáuregui (28 de febrero) asumirá el doble rol de pianista y directora en un programa dedicado a Bach, Haydn y Mozart. Ya en primavera, llegarán otros momentos destacados, como Las Cuatro Estaciones de Vivaldi (18 de abril), dirigidas desde el violín por la concertino Maria Florea, en una apuesta por dar protagonismo a los músicos de la casa. La temporada también se abre a nuevos públicos con dos citas especiales: El Pessebre de Pau Casals, en el 150º aniversario de su nacimiento, y un concierto dedicado a los 50 años de Star Wars, con música de John Williams en versión sinfónica.
La orquesta ofrece una programación estable en el Palau de la Música Catalana, el Teatre Tarragona, el Auditori Enric Granados de Lleida y el Auditori Josep Carreras de Vila-seca.Finalmente, el cierre de la temporada reafirmará una de las grandes apuestas de la formación: la promoción del talento catalán. Lo hará con el estreno en Catalunya del Concierto para trompa núm. 2 de Benet Casablancas, coincidiendo con su 70º aniversario y tras haberse interpretado en países como Croacia, Reino Unido o Japón. El compositor subraya que esta versión ofrecerá “una nueva perspectiva” de la obra, ya que por primera vez se interpretará con orquesta completa.
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